¿Y por qué no?
11.06.08 @ 08:10:54. Archivado en Sociedad
Hace unos años en una convocatoria de las pruebas de selectividad, en el apartado de filosofía se pedía al alumno que hiciera una reflexión de no más de veinte líneas sobre la pregunta: “¿Y por qué?” Los alumnos tenían que establecer todo tipo de pronunciamientos para intentar dar respuesta o, al menos, una explicación a la formulación inicial. Los trabajos selectivos dieron como resultado un cúmulo de grandes y elocuentes ideas interdisciplinares en donde se daban cita la historia, las artes, la psicología, la filosofía, el derecho, las filologías, la antropología, la sociología y todas las posibles reflexiones literarias que se les ocurrieron a los alumnos.
Hubo, sin embargo, una respuesta que cautivó la atención del tribunal corrector de las pruebas. Una alumna había escrito menos de una línea y con sus breves palabras había provocado más reflexión que el resto de los exámenes juntos. Aquella alumna bajo el título de la pregunta “¿Y por qué?” había respondido con otra, aparentemente similar: “¿Y por qué no?”. El lector se habrá dado cuenta de que la respuesta a una pregunta con otra es muy propia del ámbito gallego. Pero nunca una pregunta había sido mejor respondida. Aquella alumna que en menos de dos minutos había terminado el examen recibió por unanimidad del tribunal la máxima calificación de todos los que se habían presentado al examen de selectividad.
Seguramente no fue una casualidad la respuesta a aquella pregunta y, desde luego, una provocación por parte de la alumna hacia el profesorado, como hacen algunos alumnos que no han tocado un apunte de la asignatura durante el año. La respuesta a aquella pregunta era la más grande reflexión filosófica que hacía la filosofía de las últimas décadas.
¿Y por qué no? es la pregunta que muchos deberíamos hacernos cada vez que escuchamos a todos aquellos sectores críticos de la sociedad que piden a gritos la paz, el cese de la violencia, el respeto a los pueblos. ¿Y por qué no podemos pedir la paz?, ¿y por qué no podemos solicitar el alto el fuego de los conflictos bélicos?, ¿y por qué no podemos darle nuevamente una oportunidad a la paz?, ¿y por qué no queremos recuperar el diálogo entre los pueblos?, ¿y por qué no? Y mientras unos se preguntan ¿y por qué... hay gente que tiene que oponerse a la violencia? Otros responden ¿y por qué no... va a haber ese tipo de gente que se oponga a la violencia?
Las malas lenguas dicen que hay dos tipos de gallegos: los gallegos de Galicia (es decir, los nacidos en Galicia) y los que ejercen de gallegos (que pueden no haber nacido en Galicia). La definición suelen aplicarla a los que responden a una pregunta con otra, al pobre paisano de la escalera que lleva tantos años en ese descanso viendo a toda esa gente que no deja de preguntarle si sube o baja -¡qué más le dará a la gente si sube o baja!-, a los que eluden una respuesta por considerarla irrespetuosa o fuera de lugar. Tal vez todos deberíamos ejercer un poco más de gallegos para hacer reflexionar a los demás, para preguntarnos con firmeza por la razón última de las cosas. Para llegar a las causas y no a las consecuencias.
¿Y por qué pido la paz mundial? -me dirán muchos de los lectores, después del macabro atentado terrorista contra las torres gemelas- y yo responderé con la pregunta de marras: ¿Y por qué no? Y por mi condición natural seguiría formulando más preguntas hasta agotar todas las posibles respuestas: ¿Y por qué no buscar otras formas de entendimiento?, ¿y por qué no llegar a algún tipo de acuerdo?, ¿y por qué no ceder en determinados puntos?, ¿y por qué no podemos estar en contra del uso -también abuso- de la fuerza armamentística?
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