La página esquelética
06.06.08 @ 06:48:14. Archivado en Periodismo
Son las páginas que pueblan la parte final de los diarios, de los periódicos tanto de tirada nacional como regional o local. Esa cartelera en la que siempre buscamos a no se sabe quién y pretendemos descubrir el gozo de que todavía estamos vivos. Son las páginas que dedicamos a los muertos -nuestros difuntos, decíamos-, a aquellas personas que, en todo caso, nos han precedido o están precediendo. 
Hace unos meses tuve la suerte de conocer a un coleccionista de esquelas ¿un frívolo coleccionista de esquelas? No se rían -aunque no es para menos-, se trataba de un profesor de liturgia y sacramentos de una facultad de teología española. Tenía, con toda seguridad, la mejor colección de esquelas y obituarios del mundo. Esquelas cristianas (católicas, protestantes, ortodoxas,...), islámicas (de un montón de iglesias del Corán), hebreas (con la indiscutible estrella de David a la cabeza), alguna budista y hasta un par de carácter animista. Las curiosidades no se hacían esperar, provocando -bien es verdad- el morbo y la irrisión sobre un tema poco cálido pero al que muchos recurren sin saber del todo el porqué.
Tal día como hoy un diario -internet todavía no se ha puesto en marcha- dedica un espacio lo suficientemente amplio como para provocar una reacción en determinados lectores que no pasan de largo por las páginas en cuestión sino -antes bien- detienen su mirada en los nombres de los enmarcados a la sombra de una cruz. Y no será por la novedad del contenido de la esquela sino más bien por la noticia que esconde el nombre del difunto inscrito en letras en negrilla y en grandes dimensiones. Claro que las esquelas las paga la familia del difunto o la agencia aseguradora o de pompas fúnebres, pero lo que no paga ni obliga el pago es a poner lo que se pone o a decir lo que se dice. Lo cual, con todos los respetos ante un tema como este, suele ser una serie de datos poco reales y, hasta me atrevería a decir, fiables de lo que realmente debería decir un noticia de estas características, siempre que la muerte sea una noticia.
Pongamos un ejemplo: El Señor o la Señora “X” falleció el día de ayer en accidente de tráfico, a los “xx” años de edad -un dato que siempre sorprende a muchos-, después de recibir los Santos Sacramentos (ahora gusta más decir los auxilios espirituales lo cual a demás de ñoño suele ser bastante impreciso). En nuestro ejemplo -desgraciadamente bastante frecuente-, tendríamos que preguntarnos cómo es posible que un fallecido en el acto como consecuencia de un trágico accidente de tráfico pueda recibir previamente los sacramentos -se referirán, digo yo, a la extrema unción o sacramento de los enfermos, nueva denominación mejor y más apropiada-. Y sigue la nota necrológica: D.E.P. Hasta hace muy poco era lo de RIP ¿recuerdan? Menos mal que vamos progresando, aunque ese progreso sea a cámara lenta. Siguen la lista de familiares del difunto y no faltan, como colofón protocolario: y demás familia.
Lo que más me gusta -aunque se trate de un gusto tétrico- es la petición de oración que solicitan los familiares del difunto: Ruegan una oración por el eterno descanso de su alma o por su eterno descanso. La mejor petición que se podría hacer ¿me equivoco? por parte de quien no está convencido de que después de la vida hay otra vida. La ceremonia “esquelética” concluye con los datos del sepelio -la hora y el lugar-, el funeral, la parroquia y la fecha con día, mes y año para que quede constancia en las crónicas de la historia de las hemerotecas.
La idea, como de costumbre, está bien si su finalidad es la información, el recuerdo de un ser querido y, sobre todo, se cumple lo que la familia pide con letras mayúsculas: Ruegan una oración por el difunto. De lo contrario la esquela no tiene más interés que el de la curiosidad y el morbo, y sólo sirve para saber los años que tenía quien no los quiso decir durante toda su vida. Lo más llamativo es que desde hace un tiempo para aquí (y no sabemos el porqué) se están muriendo personas por primera vez y los que no se habían muerto antes. ¿Tendremos que empezar a preocuparnos?
Jaime Vázquez Allegue
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