Leviatán
08.05.08 @ 09:29:43. Archivado en Biblia
La literatura profética de la Biblia es la primera que nos remite a Leviatán como una personificación del mal.
En la primera parte del libro de Isaías, el profeta nos ofrece una descripción de Leviatán como el destinatario de la cólera divina: “Aquel día el Señor castigará con su espada dura, grande y fuerte a Leviatán, la serpiente huidiza; a Leviatán, la serpiente tortuosa, y matará al dragón del mar” (Is 27,1). Se trata de un texto de carácter apocalíptico y escatológico que nos remite al final de los tiempos o a un momento de enjuiciamiento divino. El día del castigo definitivo en el que Dios intervendrá en la historia para juzgar y castigar el mal del que Leviatán aparece como destacado representante.
En la imagen del profeta Isaías se unen dos secuencias a primera vista opuestas. Por un lado, el profeta nos remite a los relatos de la creación en donde está situado el origen del mal a través de la imagen de la serpiente. En el Génesis (el primer libro de la Biblia) la serpiente es el origen del mal entre el género humano: “La serpiente era el más astuto de todos los animales del campo que el Señor Dios había hecho” (Gén 3,1). Y ya antes, los redactores de los relatos sobre los orígenes, se habían encargado de identificar el mar con el mal, el caos, la destrucción previa a la ordenación por Dios anterior a la creación de los seres vivos.
Por otro lado, el profeta nos remite a las descripciones destructivas de la literatura apocalíptica a través de la imagen del dragón que emerge del mar. En el Apocalipsis (el último libro de la Biblia) el dragón es la representación del mal que llega a los creyentes a través del mar: “Otra señal apareció en el cielo: un dragón color de fuego, con siete cabezas y diez cuernos; sobre sus cabezas, siete diademas; su cola arrastraba la tercera parte de las estrellas del cielo y las lanzó sobre la tierra. El dragón se puso delante de la mujer en trance de dar a luz, para devorar al hijo tan pronto como le diera a luz” (Ap 12,3-4). A continuación, el dragón se divide en las dos bestias que perseguirán a todos los creyentes como narra Juan en su obra: “Entonces vi surgir del mar una bestia que tenía diez cuernos y siete cabezas; sobre sus cuernos tenía diez diademas, y sobre sus cabezas nombres blasfemos” (Ap 13,1) y “vi otra bestia que subía de la tierra; tenía dos cuernos, como los de un cordero, pero hablaba como un dragón” (Ap 13,11). Las dos bestias y el dragón son una misma cosa relacionada directamente con el mal contra las que ha de luchar el arcángel Miguel. El mismo libro del Apocalipsis nos ofrece una identificación de la imagen del dragón cuando afirma:“Y fue precipitado a la tierra el gran dragón, la serpiente antigua, que se llama "Diablo" y "Satanás", el seductor del mundo entero, y sus ángeles fueron precipitados con él” (Ap 12,9).
Volviendo a la literatura profética, el libro de Daniel nos ofrece una serie de descripciones en las que aparece la imagen del dragón relacionada con el debate sobre el monoteísmo y el politeísmo en donde nuevamente el dragón adquiere las características de un ser relacionado con el mal: “Al enterarse de esto los babilonios, se indignaron y se volvieron contra el rey, diciendo: "El rey se ha hecho judío; ha dejado destruir a Bel, ha dejado matar al dragón y suprimir a los sacerdotes" (Dan 14,28).
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