Las razones del corazón
06.05.08 @ 08:39:33. Archivado en Sociedad
La razón, patrimonio del intelecto, espíritu aventajado del discernimiento, orden de las cosas, excusa de combinación mental, disculpa del pensamiento desencantado, memorial intelectiva en desarrollo regresivo y demás definiciones apresuradas, está fundamentalmente vinculada al patrimonio del raciocinio humano situado en el intelecto del cerebro -¿o del cerebelo?-. Ciertamente la razón de la mente es la inteligencia humana admiradora de la cibernética y del pensamiento electrónico que bajo ningún concepto abandona la lógica matemática y empirista. La razón de la mente es la razón del pensamiento que quiere justificar todas sus resoluciones a través de un esfuerzo mental que tiende a querer ser lo más objetivo posible. Las razones de la mente son las que han hecho evolucionar la cultura occidental -la del mundo desarrollado- en favor de su bienestar, del crecimiento de la ciencia del cálculo. Gracias a las razones de la mente somos los que somos y no sabemos lo que seremos sumergidos -como estamos- en un mundo desbocado hacia la multifuncionalidad.
Sin embargo, las razones de la mente -tan desarrolladas y precisas- no han conseguido explicar acciones y reacciones del ser humano que lejos de formar parte de la lógica del raciocinio del intelecto pertenecen a la sinrazón del corazón. La facultad de discurrir atribuida a la mente y el intelecto tiene, también, una palabra que decir desde otro ángulo que nada o muy poco tiene que ver con la lógica del entendimiento, con las razones de la mente. Esas, las razones que no encuentran razón mental, son las razones del corazón. Gracias a ellas somos lo que somos y estamos en donde estamos y no precisamente gracias a la cibernética, el cálculo lógico y la ciencia empírica.
Si las razones de la mente son las que mueven el mundo de las ideas y de los pensamientos lógicos, las razones del corazón mueven el otro mundo, el mundo de las sensaciones y de los sentimientos. ¿Acaso no pensamos con el corazón, no tomamos decisiones por impulsos, no nos rodeamos de objetos inanimados a los que damos cariño desde nuestra infancia, no sentimos la pérdida de un animal de compañía, por no entrar a valorar el territorio humano? Las razones del corazón nada tienen que ver con la frialdad de una computadora y del ciberespacio que dirige el mundo desde un teclado, pero dan sentido a la vida de las personas desde una lógica irracional, y, en este caso, subjetiva. Y es que si las razones de la mente tienden, por naturaleza, a ser objetivas; las razones del corazón equilibran esta tendencia, para ser lo más subjetivas posibles.
El caso es que hay razones que la mente no conoce y esas son las razones del corazón, las que personalizan y dignifican al ser humano -como también hay razones de la mente que el corazón no conoce-. Al final uno llega a la conclusión de que volvemos a ser seres dualistas dotados de una razón racional y una sinrazón irracional que contrarresta nuestro pensamiento lógico con el sentimiento de los impulsos. Y no tenemos más que asomarnos a la ventana del mundo para descubrir que afortunadamente estamos rodeados de seres dotados de la sinrazón de la mente y llenos de razones del corazón, capacitados para ver con subjetividad una sociedad humana, humanizada, humanizadora y humanizante. No tenemos más que asomarnos a la puerta de nuestra ciudad para descubrir la subjetividad de una población que permanece ilógicamente aguantando -soportando- los avatares costumbristas de un mundo autosuficiente, altivo y cargado -hasta los confines de su ser- de razones de la mente y vacío de razones del corazón.
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Por tanto, las razones de la mente y las del corazón se complementan y no pueden andar la una sin la otra. Pero es tan difícil, a veces...
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