La enfermedad del Papa
05.05.08 @ 08:51:17. Archivado en Iglesia
Comienzan los relojes a maquinar sus prisas –parafraseando la poesía bíblica-, se inician los rumores y se pone en marcha la maquinaria sumergida de las campañas sucesorias al mejor estilo de política sumergida. El Papa Benedicto está enfermo. En realidad, lo estaba mucho antes de ser elegido pontífice. Lo estaba como cardenal y presidente de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Lo estaba aunque nada se hizo saber cuando fue propuesto para cabeza de la Iglesia. No es la primera vez que se utiliza la fórmula para el caso, lo cual, dicho sea de paso, se me antoja muy lógico, normal y reconstituyente.
Pero el Papa está enfermo aunque no sólo sepamos de qué. Pese a que algunos hagan todo lo posible porque su dolor no trascienda. Y el silencio de su enfermedad abre las puertas a todos los rumores que, al final como de costumbre, dispara las especulaciones más o menos elocuentes. El Papa está enfermo porque muchos sabíamos que era de transición, de un pontificado breve, de un papado de cambio. Después de su elección muchos pensamos que su pontificado sería breve pero conciso, preciso y un poco enérgico. Traigo a estas líneas las palabras que escribí en un diario nacional el día de su elección: “Nada de continuidad. Comienza una nueva etapa en la historia de la Iglesia. Benedicto XVI, el Cardenal Joseph Ratzinger, el que era guardián de la ortodoxia, al que algunos consideraban sucesor de los antiguos inquisidores, el teólogo oficial de Juan Pablo II, es el nuevo Papa de la Iglesia desde hace unas horas.
Todo el mundo sabe que Ratzinger fue el hombre de confianza de Karol Wojtyla en sus últimos años. Pero lo que mucha gente tal vez no sepa es que antes de Cardenal fue teólogo, y uno de los más grandes teólogos de la segunda mitad del siglo XX. El doctor Joseph Ratzinger fue profesor de Teología Dogmática, de Teología Fundamental, de Escatología Cristiana. Su pensamiento se hizo presente y determinó en buen grado la teología del Concilio Vaticano II. Por aquel entonces era tachado de progresista y avanzado. Cualquier pensador católico reconoce que su teología orientó la Iglesia del cambio de milenio.
Su figura como teólogo, a veces controvertida y discutida, conserva esa inquietud de intelectual creativo que plasmó -siendo ya cardenal de la Iglesia- en el documento “La interpretación de la Biblia en la Iglesia” de la Pontificia Comisión Bíblica. Sus palabras, lejos de mostrar la imagen de un guardián de la ortodoxia, abrieron las puertas de la exégesis y la teología bíblica a las ciencias sociales, psicológicas, filosóficas, filológicas, a una lectura crítica de la Sagrada Escritura desde los métodos y acercamientos más modernos de interpretación de los textos sagrados.
El Papa Benedicto XVI es un teólogo, un pensador como nunca ha visto la Iglesia sentado en la Cátedra de San Pedro. Joseph Ratzinger es un intelectual venido a Papa. Sobre él recae ahora la demostración de que la praxis ha de tener por detrás el respaldo de una teoría, la de una preparación incuestionable.
Quienes han venido trabajando de cerca con el Cardenal Ratzinger, sostienen que es una persona cercana, afable, cordial y muy humana. Quienes lo han tenido como profesor en las facultades alemanas dicen que era un gran pedagogo capaz de hacer pensar a sus alumnos por sí mismos. Ojalá que quienes lo vamos a tener como Sumo Pontífice podamos decir un día que fue uno de los grandes Papas de la Iglesia.”
Hasta aquí la cita publicada. Ahora, lo que en su día no lejano fue un comienzo, en estos momentos puede ser el comienzo del fin de un reinado. ¿Tendremos cónclave en unos meses?
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Espero y ansió un nuevo Juan XXIII, un papado que abra as puertas anquilosadas de a Iglesia, que ensimismada ve enemigos por todos lados
A los creyentes divorciados, a los homosexuales y lesbianas, a muchos jovenes que se van apartando de forma paulatina de la Iglesia, es tiempo de cambios y no hacia atrás precisamente
De todas maneras ya tengo una razón más para rezar por el que sin duda es ya "mi" Papa.
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