Shush y yo estábamos más cansados de lo esperado. Llevábamos varias jornadas sin detenernos a dormir en alguna hospedería de los cruzados. Era mucho tiempo sin dormir sobre un lecho blando y eso, mi caballo Shush, también lo echaba de menos. Sin embargo había algo dentro de mi que me movía a llegar hasta el final y aquel era, sin duda, uno de los finales de nuestra peregrinación a las tierras de Nuestro Señor. Pensé en la cantidad de hermanos cruzados que habían dejado sus vidas en aquel lugar. Y es que, al principio, Cesarea de Filipo se había vuelto un bastión difícil de alcanzar.
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Algunas veces pensamos que la primera resurrección que realizó Nuestro Señor fue la de su amigo Lázaro. Yo creo, en realidad, que lo del santo Lázaro más que una resurrección fue una vuelta a la vida y nada más -que no es poco- quiero decir, me digo, que supongo que después de haber vuelto a la vida, Lázaro, con el paso del tiempo se moriría -tal vez de viejo- como todo el mundo. Es decir, se volvería a morir como ya se había muerto antes. Y esto, digo yo, no es lo mismo que la resurrección de Nuestro Señor que resucita a la vida eterna. ¿Entiende lo que quiero decir? El caso es que iba yo pensando todas estas cosas mientras nos dirigíamos a Naín. La tradición situaba allí la resurrección del joven de Naín que Jesús había vuelto a la vida.
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El día que Shush y yo salimos de Belén lucía un sol radiante. Nos habíamos asesorado bien de la dirección que nos llevaría a los restos del que había sido la fortaleza y palacio de descanso de Herodes en tiempos de Nuestro Señor. Sepa que no es que yo tuviera un interés especial en visita aquel lugar, sin embargo había prometido a mis sobrinos antes de partir del Reino obsequiarles con un recuerdo del castillo del monarca.
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Shush y yo acabábamos de llegar de un largo viaje por el desierto. Por el camino nos habíamos quedado sin agua (no recomiendo a ningún cruzado partir sin el suficiente aprovisionamiento de agua para todo el viaje). En el desierto es muy difícil calcular las necesidades de agua. Algunas veces uno cree llevar en exceso y a medio camino se queda sin ese don tan precioso y preciado. Además Shush estaba mal acostumbrado, era incapaz de saber dosificar el agua según los momentos y las necesidades. Tiene usted razón, lo de calcular es otra de las cualidades que tenemos los hombres creados a su imagen y semejanza y que nos distingue de los animales.
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Sepa que habíamos decidido llegar hasta la población de Mambré, aunque confieso que no tenía nada claro que Mambré fuese una ciudad o al menos un lugar identificado claramente. Había tomado el mayor número de notas e indicaciones en la Biblioteca del Colegio Imperial pero, con todo, mis conocimientos sobre el lugar se reducían casi exclusivamente a las descripciones bíblicas. Conmigo llevaba varias cartas geográficas, todas imprecisas sobre el punto exacto en el que podía encontrase Mambré. Mis referencias daban cuenta de una población desaparecida en los siglos primeros del cristianismo. Podía haber sido una antigua aldea romana que tal vez no llegó a ser mucho más que un pueblo de muy pocos habitantes. En todo caso Mambré era el lugar en el que Abrahán había plantado su tienda y había recibido la visita de tres personajes misteriosos.
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08.05.08 @ 09:29:43. Archivado en Biblia
La literatura profética de la Biblia es la primera que nos remite a Leviatán como una personificación del mal. En la primera parte del libro de Isaías, el profeta nos ofrece una descripción de Leviatán como el destinatario de la cólera divina: “Aquel día el Señor castigará con su espada dura, grande y fuerte a Leviatán, la serpiente huidiza; a Leviatán, la serpiente tortuosa, y matará al dragón del mar” (Is 27,1). Se trata de un texto de carácter apocalíptico y escatológico que nos remite al final de los tiempos o a un momento de enjuiciamiento divino. El día del castigo definitivo en el que Dios intervendrá en la historia para juzgar y castigar el mal del que Leviatán aparece como destacado representante.
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07.05.08 @ 08:52:04. Archivado en Iglesia
El pensador alemán Karl Rahner fue uno de los pioneros, desde el mundo de la metafísica y la teología racional, en justificar el pensamiento actual a la luz del modelo de autociencia progresiva de determinadas personas que orientaron la historia del mundo moderno. La autociencia es la capacidad que uno tiene -debe de tener- de abstraerse de la realidad para pensar, desde su interior y de forma más egoísta que filantrópica, en sí mismo y su propio bien. La autoconciencia trata de descubrir el horizonte que uno mismo debe de abrir ante las expectativas que le rodean. Los caminos abiertos por la filosofía de Ortega aplicados a una creencia, a una opción de vida o a una simple decisión son, según el pensador alemán, lo que orienta el futuro de una persona y de una colectividad.
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06.05.08 @ 08:39:33. Archivado en Sociedad
La razón, patrimonio del intelecto, espíritu aventajado del discernimiento, orden de las cosas, excusa de combinación mental, disculpa del pensamiento desencantado, memorial intelectiva en desarrollo regresivo y demás definiciones apresuradas, está fundamentalmente vinculada al patrimonio del raciocinio humano situado en el intelecto del cerebro -¿o del cerebelo?-. Ciertamente la razón de la mente es la inteligencia humana admiradora de la cibernética y del pensamiento electrónico que bajo ningún concepto abandona la lógica matemática y empirista. La razón de la mente es la razón del pensamiento que quiere justificar todas sus resoluciones a través de un esfuerzo mental que tiende a querer ser lo más objetivo posible. Las razones de la mente son las que han hecho evolucionar la cultura occidental -la del mundo desarrollado- en favor de su bienestar, del crecimiento de la ciencia del cálculo. Gracias a las razones de la mente somos los que somos y no sabemos lo que seremos sumergidos -como estamos- en un mundo desbocado hacia la multifuncionalidad.
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05.05.08 @ 08:51:17. Archivado en Iglesia
Comienzan los relojes a maquinar sus prisas –parafraseando la poesía bíblica-, se inician los rumores y se pone en marcha la maquinaria sumergida de las campañas sucesorias al mejor estilo de política sumergida. El Papa Benedicto está enfermo. En realidad, lo estaba mucho antes de ser elegido pontífice. Lo estaba como cardenal y presidente de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Lo estaba aunque nada se hizo saber cuando fue propuesto para cabeza de la Iglesia. No es la primera vez que se utiliza la fórmula para el caso, lo cual, dicho sea de paso, se me antoja muy lógico, normal y reconstituyente. Pero el Papa está enfermo aunque no sólo sepamos de qué. Pese a que algunos hagan todo lo posible porque su dolor no trascienda.
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