E. Mendoza, Una comedia ligera
19.02.08 @ 08:58:25. Archivado en Libros
E. Mendoza, Una comedia ligera, Seix Barral, Barcelona 1997, 383pp.
Don Carlos Prullàs, Pepe Gaudet, Mariquita Pons, Marichuli Mercadal, Poveda y Martita son algunos de los personajes destacados en la obra de Eduardo Mendoza Una comedia ligera. Una novela realista en la que se dan cita una amplia variedad de rasgos y estilos y que la convierten en una obra singular. Calificable en sus primeras páginas como novela decimonónica, pasa a ser una novela policíaca en su cuerpo central, para terminar en una farsa que tiene como fondo la temática de la postguerra. Un tema -el de la Guerra Civil Española y sus secuelas- reiterado en la narrativa española de nuestros días. Va a resultar que para ser buen escritor, en nuestro país, hay que escribir sobre la postguerra. Mendoza no ha querido ser menos y nos sorprende con esta obra densa en contenido y extensión -casi cuatrocientas páginas que cuestionan la colección a la que pertenece: Biblioteca Breve de Seix Barral-. Sin embargo, y a pesar de la cronología de la narración (1948) y sus escenarios de postguerra, la obra, más que una novela histórica es una novela historicista o memorial. Lo histórico es algo consustancial en el corpus del relato. Mendoza es capaz de crear una atmósfera histórica a través de elementos complementarios como bares, suburbios, pordioseros, el pueblo de Masnou, las calles de la vieja Barcelona... Los datos históricos, manipulados a sabiendas, son utilizados como medios para un fin determinado, el de situarnos ante una obra que mezcla la fantasía con la realidad. El autor -muy bien documentado sobre la vida barcelonesa de los últimos años de la década de los cuarenta- juega con el lenguaje a través de frases hechas y giros convencionales para reflejar las distintas sociedades de la época. El lenguaje eclesiástico, jurídico, del servicio doméstico, teatral,... parecen ser el mejor nexo entre los distintos escenarios que se reflejan en la novela y hacer de ella un diálogo narrado o una narración dialogada.
Mendoza experimenta con el tan traído y llevado juego de la intercalación de otras obras, de otros géneros, en el cuerpo de su novela. La comedia teatral ¡Arrivederci, pollo! entra a formar parte del entramado de la narración acompañada de otras breves unidades episódicas que ilustran la trama de la obra. Una trama, todo sea de paso, que sigue el encuadre convencional de narración progresiva que camina hacia su resolución final. El autor recurre al argumento clásico de la intriga, en el que un crimen en medio de la narración y la resolución del caso pretenden pasar a un primer plano. Sin embargo -y aquí es donde está la originalidad-, la novela acaba pero -deliberadamente- no se resuelve el crimen.
¿Una novela de postmodernidad?, ¿una obra simétrica?, ¿una obra clásica?, ¿un relato moderno?, ¿la obra maestra de Eduardo Mendoza? Un poco de todo. Estamos ante un amplio relato atípico capaz de conjugar por un lado la descripción historicista de la Barcelona de la postguerra por medio de la colección de una serie de personajes a través de los que se describen las distintas clases sociales de la época, y por otro recuperar uno de los temas que más universalizaron nuestra literatura española: El donjuanismo inconmensurable de nuestros clásicos. Desde que el fraile mercedario Tirso de Molina creó el don Juan en su obra El burlador de Sevilla, no ha habido una generación de escritores que no actualizasen el mito literario. Zorrilla con su don Juan Tenorio, Mozart con la ópera don Giovanni, el don Juan de Lord Byron,... ¿seguimos? Parece como si la musa del donjuanismo estuviese presente, como mínimo, en alguna de las obras de un escritor que se precie. Mendoza lo ha encontrado en Una comedia ligera.
La obra de Eduardo Mendoza ni es una comedia, ni es ligera. Es una novela historicista, memorial y descriptiva bien documentada y estructurada de manera simétrica. El autor ha creado una trama en la que todo, empezando por los personajes, se mueve en medio de una especie de mentira. A través de la novela la sociedad del franquismo es delatada y aparece reflejada como en un espejo mostrando y demostrando la falsedad de sus juicios, de sus argumentos, del engaño y la mentira que caracterizaron esos años. Mendoza, desde sus personajes -con ellos he comenzado y con ellos termino-, ha plasmado una sociedad desgraciada (Lilí Villalba), inestable (Marichuli Mercadal), ambigua (Mariquita Pons), estraperlista (Poveda), embaucadora (Dr. Corbeau), tonta (Roquet el Dels Fems), existencialista (Gaudet), militarista y dictatorial (Lorenzo Verdugones), decadente y sin futuro (Carlos Prullàs) y engañada (Martita).
Jaime Vázquez Allegue.
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