La plaza de toros
28.03.06 @ 13:36:16. Archivado en Marina Alta
La plaza, levantada en las pedanías de la población, acaparaba como de costumbre a un buen número de aficionados, que congregados en el tendido, esperaban con paciencia a que diera comienzo el festejo.
Era abril, o quizás mayo; en el cartel, tres rejoneadores, conocidos o no, según la sapiencia del concurrente.
Toreros a la par, que con renombre o sin el, intentarían dar como siempre el máximo, para mantener la tan difícil fiesta del toro en los tiempos que corrían, y corren.
Guardo especial recuerdo de esto, no solo por encontrarme entre el público en ese momento, si no más bien, por la anécdota acontecida esa tarde, que quedo grabada en mi memoria, y que hoy relato para el lector.
Quedaba un último novillo, y la verdad es que no daba mucho juego, por lo que era una lidia más bien tediosa, imagino, que ante dicho panorama, el rejoneador, que cerraba el cartel, decidió con muy buen criterio, solicitar música a la banda del tendido con un potente: "¡Música maestro!" ; hubo un silencio inicial, antes de que la gente, primero con un leve murmullo, y después con sonoras carcajadas acompañadas de sarcásticos comentarios, hicieran comprender al jinete, que la banda de música, se había ausentado durante el comienzo de su espectáculo, ya que esta, había suscrito un contrato con la población vecina por ser sus fiestas patronales, siendo esta causa mayor, la que les impedía llegar tarde a la cita, abandonando la plaza sin apercibirlo el torero.
Fue una tarde de enseñanzas para ese joven rejoneador, ya que la templanza con la que concluyo la faena, seguro la recuerda a fecha de hoy.
El semblante serio, se pudo ver en su rostro mientras el público le ovacionaba al abandonar el tendido.
El pundonor mantenido hasta el final con gran aplomo, es el aprendizaje que la vida en su inmensa sabiduría le aporto aquel día.
Desde aquí mi homenaje, y mi admiración a esos hombres que con su incansable dedicación y esfuerzo, luchan diariamente por mantener vivas las tradiciones, aun a costa de las críticas de una parte de la sociedad actual.
Con mis respetos para Genaro Tent, rejoneador de la Marina Alta, que ese día compartió cartel con el que ha hecho posible este artículo.
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Vicente Bolufer
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