Secuencias traslúcidas
18.11.08 @ 18:10:05. Archivado en Columnas

Este pasado verano, alguien violento y perturbado mandó a la UCI de un hospital a un hombre que se atrevió a mediar en un caso flagrante de malos tratos. Sorprendentemente, la mujer agraviada, dejando en muy mal lugar a sus congéneres que sufren día a día esta lacra lacerante, salió en defensa del agresor, en actitud que dice bastante sobre ella misma. En un principio, el presunto atacante quedó en libertad con la obligación de comparecer cada 15 días ante la autoridad. Posteriormente, el juez llamó a quien había propinado los puñetazos y los golpes para que declarara, dictando prisión provisional sin fianza.
El tiempo pasaba. La familia del agredido permanecía a pie de cama en el hospital, mientras éste se debatía entre la vida y la muerte. Experimentó una ligera mejoría, recuperó incluso la conciencia, pero tuvo una recaída. Mientras tanto, la mujer agredida comenzó un vergonzante carrusel de visitas a los platós de aquellas televisiones que querían hurgar en la mierda. Los inquisidores del programa de turno se interesaban por los pormenores de lo acontecido. Algunos, incluso, la descalificaban y despreciaban olímpicamente, mientras unos y otros cobraban su minuta como actores principales de una farsa del todo humillante para cualquier sociedad cabal que se precie.
Manuel Segura
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