E.R. Good save the Queen!
24.05.07 @ 18:06:44. Archivado en Sociedad
La fotógrafo estadounidense Annie Leibovitz sembraba la polémica inmortalizando así [fotografía superior] a la soberana británica en el segundo de los viajes a Norteamérica efectuados durante su reinado y transcurridos 16 años del primero. Inspirada quizás en el Retrato de la reina Charlotte (1789), de Thomas Lawrence [fotografía inferior], dicen que Isabel II resulta clavada a Helen Mirren, la actriz que tan certeramente la interpretó en The Queen obteniendo el merecidísimo Oscar. Resulta que a veces la copia nos parece más real que el original mismo.
Su rostro es marmóreo, ha llegado a escribir un columnista de arte de The Washington Post.
Esta reina que compitió hace poco con Paul McCartney, Julie Andrews y Robbie Williams como la celebridad más grandiosa del Reino Unido y que ganó, como en España lo ha hecho, en otro sondeo televisivo reciente, el Rey Juan Carlos.
Atesora entre sus peculiaridades Isabel II de Inglaterra, quien acaba de cumplir los 81 años, el que suela celebrar su aniversario en junio -a pesar de haber nacido el 21 de abril- por cuestiones meteorológicas, tan traicioneras por aquellas latitudes. Una faceta un tanto desconocida en la intimidad es su capacidad para efectuar imitaciones: su especialidad, dicen, era la cerdita Peggy, de los Muppets, si bien antes aseguran que se mofaba -en privado, por supuesto- de la primera ministra conservadora Margaret Thatcher, alguien que no era santo precisamente de su devoción. Saber ésto te da una dimensión, si cabe, de que los reyes también pueden hasta ser humanos y divertirse haciendo lo que hacen sus súbditos entre cuatro paredes. Cuentan que las luces innecesarias de Buckinghan han de estar apagadas llegada la noche y que es ella misma quien las supervisa. Es probable que con semejantes detalles sea con los que se haya granjeado la ancestral fama de tacaña que soporta. Eterna portadora del inseparable bolso, ni siquiera se desprendió de él hace unas fechas para arrancarse en unos incipientes pasos de baile.
Doce siglos de historia contemplan tan longeva monarquía ostentada aún por una mujer que goza de una salud de hierro heredada de su madre, la esposa de Jorge VI que muriera a los 101 años. Por ello, su hijo, el príncipe Carlos, quien espera sin demasiado entusiasmo sucederla algún día, podría no llegar a sentarse jamás en el trono de la Casa de Windsor. Además, flaco favor le hace su empeño denodado por elevar a su actual consorte hasta los fastos de ser coronada en Westminster. Ya cuando se casaron sólo un 7 por ciento de los británicos veía a Camila como futura reina. Y ese porcentaje, transcurrido el tiempo, no parece que se haya visto notablemente incrementado. Parece como que hubiera quien todavía añorara aquella mirada caída y ladina de la trágicamente desaparecida Diana de Gales.
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*** Enlace con LA VIROLA HERMENÉUTICA
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Manuel Segura
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