El compromiso de Rostropovich
28.04.07 @ 15:28:58. Archivado en Cultura

¿Será posible que los tiempos que nos ha tocado vivir no nos hayan enseñado a tener una actitud más cautelosa en vez de destruir a las personas de talento?, se preguntó públicamente hace 37 años Mstislav Rostropovich a propósito de Aleksandr Solzhenitsyn.
Cuando los jerarcas de la extinta URSS descalificaron de por vida a Solzhenitsyn y lo consideraron un apestado y un maldito, -por lo que sufrió la consiguiente deportación- el genio de Rostropovich salió en su defensa. Con una valentía y un coraje inusitados, el músico dijo sobre el escritor que “a través del sufrimiento, Solzhenitsyn se ha ganado el derecho de expresar por escrito su visión de la realidad. Tampoco debo ocultar mi opinión sobre él, cuando se desata una campaña en su contra”. Aquello provocó que la nomenclatura soviética dirigiese inmisericorde sus baterías represivas contra el violonchelista al que tildó de degenerado y poco conveniente para la URSS. Lo expulsaron de la dirección del Bolshoi y se dio la orden taxativa de no facilitarle ni agua en la vida musical del régimen. Años después, entrevistado en la BBC, reconocería que si alguien le preguntase qué es lo mejor que hizo en su vida, “diría que el principal paso que di no aparece en mi música, sino en una página de esa carta”.

A Solzhenitsyn lo descubrí hace muchos años, casi en mi niñez, dentro de un tambor de detergente en polvo. Sí, no es broma. Dentro del envase, enterrado entre el polvo blanco, se hallaba un ejemplar de una colección de libros que se regalaba con el producto. Uno de aquellos títulos fue Archipiélago Gulag (1973), que ya entonces leí para conocer de viva voz lo que les pasaba a los que no bailaban el mismo son que los que gobernaban detrás del telón de acero. Allí se explicaba, de manera pormenorizada y con detalle para los tibios, el funcionamiento de la policía política y de las prisiones que pariera Stalin. La publicación de esta obra constituyó, sin duda, un claro punto de inflexión para cuantos comunistas vivían en el mundo occidental, tan alejados ellos de la barbarie estalinista. Alguien ha escrito que Archipiélago Gulag fabricó con su salida a la luz más anticomunistas que la CIA en toda su historia. El infierno no estaba tan lejos como se creía. Kafka fue un adelantado y me atrevería a decir que un visionario. Y Jean Paul Sastre, que había denunciado ya la manifiesta incompatibilidad entre estalinismo y creación literaria.
El comprometido Mstislav Rostropovich se ha ido, pero queda su música y su defensa a ultranza de la libertad. Junto a Pau Casals, ya toca ceremonioso en ese otro lugar los Tríos de Cuerda de Beethoven. Forman buena pareja. La voz, en esta ocasión, la pone un ángel.
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*** Enlace con LA VIROLA HERMENÉUTICA
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Igor Gabilondo del Campo
Armando Ribeiro De Aguilar.
Nunca me gustó la imagen. Primero porque me gustan los rinocerontes, segundo porque me encanta Rostropovich.
Y ya no está más, sólo porque sí, porque el hígado, porque un tumor, porque tenía 80 años.
Sinceramente, esto ya me está cansando. De unos meses para acá, es la muerte, y nadie más, la que parece una marabunta de elefantes borrachos bailando slam en mi pequeña vidriería.
Y sin un Stradivarius.
" Sobre la superficie de una corriente rápida es imposible distinguir los reflejos, tanto próximos como lejanos; aunque el agua no sea turbia, aunque la espuma no la cubra, la constante oscilación de la corriente, el inquieto burbujear del agua hacen que los reflejos sean deformes, imprecisos, incomprensibles. "
Archipielago Gulag
No es un libro agradable de leer. Tanto dolor, tanto sufrimiento sin sentido multiplicado por cada una de los millones de víctimas no tarda en afectar al lector.
Tras una noche de atroces pesadillas tuve muy claro que no es libro para antes de irse a dormir.
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Manuel Segura
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