Luis Rojas Marcos: "La mala memoria es muy útil; nos ayuda a perdonar"
24.04.07 @ 13:43:25. Archivado en Sociedad
Según el psiquiatra Luis Rojas Marcos (Sevilla, 1943), la depresión nos roba la esperanza. Después de su última visita a Murcia y tras escucharle disertar durante más de una hora sobre la superación de la adversidad, uno llega a la conclusión de la relatividad de casi todo. Este eminente especialista en los ocultos mundos de la mente reitera una y mil veces que en España la gente no suele ir por la calle exteriorizando su felicidad. “Estamos influenciados por los filósofos de antes que decían que los felices eran los ignorantes”. Y es que el optimismo tiende a confundirse con la ingenuidad, si bien “una tercera parte de nuestro optimismo es genética”. Para Rojas Marcos, el optimista es un ser más realista que el pesimista porque valora lo positivo y lo negativo de las situaciones; el segundo sólo mira y valora el lado malo. Luego está la autoestima, que para él, en grado alto, no siempre es sinónimo de positividad. Y la satisfacción por la vida: en una escala del cero (muy desgraciado) al diez (muy dichoso), ¿qué nota nos pondríamos cada uno de nosotros? Él, se lo leí una vez, se daba un ocho.
En Nueva York, ciudad a la que emigró en 1968 y donde reside habitualmente, -lo hemos visto en el cine de Woody Allen, por ejemplo- la gente presume de ir al psicoanalista. “Aquí, en España -dice- todavía persiste el recelo. Por eso cuando viajo y alguien que no me conoce me pregunta a qué me dedico le digo que soy dentista. Los odontólogos tienen mejor prensa”.
Las mujeres viven más porque hablan más que los hombres. Y a la cabeza, en cuanto a su esperanza de vida, están las españolas junto con las japonesas. Sospecho que no por idénticas motivaciones. “Si los hombres hablaran más, serían más longevos. No sólo lo digo yo, también lo dice mi amigo, el cardiólogo Valentín Fuster, para quien hablar es importante para el corazón. Y para el alma, añado yo”.
Pensar no es tan bueno como hablar. Por eso dice el psiquiatra que a sus pacientes, aquellos que viven solos y que no salen de casa por distintas razones, les recomienda hablar a diario con seis personas, aunque sea por teléfono. “Y si no, incluso es bueno hablar un par de minutos solo, en voz alta, y frente a un espejo. Eso no es de locos”, aclara con ironía. Se trata con todo ello de disminuir la intensidad emocional de determinadas situaciones. A modo de un sistema inmunológico, disponemos de un sistema que nos permite superar la adversidad. “La mala memoria es muy útil, en ocasiones, porque nos ayuda a perdonar”.
Para este profesor de Psiquiatría de la Universidad de Nueva York, el enfermo mental ha sido, ancestralmente, un ser estigmatizado, discriminado y marginado. Pone en paralelo los casos de los homosexuales, los negros o los gitanos. “La peor barrera que hay para las enfermedades mentales son los prejuicios. La esquizofrenia, por ejemplo, tiene la misma incidencia en EE UU que en España. El miedo, junto a la indefensión, constituyen una mezcla que puede conducir al estrés postraumático”.
Así pues, hablar, pertenecer a un grupo, tener sentido del humor (él lo derrocha), hacer ejercicio y diversificar la vida, serían las recetas que Luis Rojas Marcos nos expendería para superar la adversidad. El 11-S, que él vivió en primera persona, fue, quizás, una dura prueba de fuego. O el difícil trance que, para todo ser humano, implica la muerte de un hijo, una circunstancia que, nos asegura, nunca se puede llegar a comprender por la mente de los que somos, al fin y a la postre, unos pobres mortales.
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Manuel Segura
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