La disyuntiva de Alejandro Valverde
10.01.07 @ 13:43:52. Archivado en Deportes
Esta mañana, mientras esperaba para cruzar un semáforo, he saludado al que, en unos días, podría convertirse en el ciclista mejor pagado de la historia del deporte del pedal. Alejandro Valverde, que a esas horas entrenaba por mi ciudad junto a un nutrido grupo de colegas, se está rumiando una suculenta oferta del equipo alemán T-Mobile que le permitiría –así lo creo yo– obviar cuantos problemas económicos puedan asaltarle en su futuro inmediato. Todo un braguetazo deportivo, que se dice. Diez millones de euros por tres temporadas. Ni Indurain en sus mejores tiempos. Claro, que eran otros. El Illes Balears, que es su actual equipo, busca igualarle la oferta, cosa que se me antoja harto difícil. Su salida de ese conjunto implicaría abonar una cuantiosa claúsula de rescisión. Por otra parte se asegura que en 2008, que es cuando acaba su contrato, un tercer equipo le esperaría. En esa disyuntiva se debate a estas horas el ciclista de Las Lumbreras.
He visto a Valverde pedalear con la misma tranquilidad de siempre. Encabezaba el paquete con la sonrisa habitual y respondiendo a quienes le reconocían a lo largo del trayecto. Es un campeón dentro y fuera de la carretera. Una vez presenté su currículum cuando le entregaron uno de los innumerables reconocimientos que habrá tenido y, ante su ausencia porque estaba compitiendo, la distinción la recogió su padre. Dije de él entonces que sería “el próximo ganador del Tour de Francia” y, aunque mi vocación no es la de pitoniso, sólo una lamentable desgracia lo privó de ello en la edición de 2006. El mérito en acertar, evidentemente, no hubiera sido mío.
Justo ahora, cuando el nombre del corredor murciano suena con fuerza en el escenario ciclista por su posible fichaje, salta a la palestra -a través de determinadas informaciones periodísticas que no sé qué intenciones persiguen- que Valverde aparece en algunas anotaciones de los documentos incautados al corrosivo doctor Eufemiano Fuentes en la macro-operación contra el dopaje, la tristemente conocida como Operación Puerto.
Dudo de que Alejandro ande mezclado con estos tramperos de la medicina que tanto daño están haciendo al deporte. Ya les digo; esta mañana, cuando lo ví pedaleando, tuve la impresión de que lo hacía sin remordimiento de conciencia alguno y soñando con verse coronado en julio, a no más tardar, en los idílicos Campos Elíseos de París, con el tan ansiado maillot amarillo.
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*** Enlace con LA VIROLA HERMENÉUTICA
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Manuel Segura
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