El equipo de Dios
18.12.06 @ 19:40:47. Archivado en Deportes
Que al cardenal Tarcisio Bertone, secretario de Estado y número dos del Vaticano, le apasiona el fútbol, no es un secreto intra muros en la Santa Sede. Tanto que una vez, siendo obispo de Génova, llegó a oficiar de comentarista radiofónico en varios partidos. El club de sus amores viste a rayas blancas y negras, y ahora, por eso de los trampeos, pulula por la serie B descapitalizado de muchos de aquellos talentos que convirtieron aquella impresionante escuadra en la Vecchia Signora: la Juventus de Turín.
Es una obviedad que ese deporte de dar patadas a un balón engancha hasta a quien las pasiones terrenales no le alcanzan. En teoría, claro. Ahora, Bertone anda metido en un proyecto cuanto menos original: organizar en 2007 la Clericus Cup, es decir, el primer campeonato de equipos integrados por religiosos. Como alguien ya ha dicho por ahí, se trataría de cambiar sotanas por botas de fútbol. Así de sencillo.
Pero Su Ilustrísima, de 72 años de edad, no para. Advierte de que el Vaticano puede y debe aspirar a conformar un equipo para competir en lo más alto del calcio: en la serie A. Y es que Bertone no duda de que un club que vistiera con elásticas blancas y amarillas, a modo de la enseña vaticana, pueda un día medirse a todo un Milan, Inter o Roma, e incluso aspirar a jugar la Champions League, eso sí, con jugadores de nivel y no con seminaristas y novicios más voluntariosos que resultosos. Ello a pesar de que los atléticos seminaristas africanos –alguno de los cuales ha jugado a nivel profesional en su país de origen- junto a los brasileños y argentinos -estos siempre suelen dejar su impronta balompédica allá donde se encuentren- y que suelen ser los más técnicos, son los más buscados por los sacerdotes-entrenadores.
El fútbol, que tanto amamos y que tantos quebraderos de cabeza nos brinda a sus hinchas, es algo terrenal pero que, al parecer, también interesa allí arriba. Y es que en ésto, como en otras y variadas disciplinas, pasa como le ocurriera a Santa Teresa de Jesús, que veía a Dios hasta en los pucheros de la humilde cocina. Al cardenal Bertone, por lo que se ve, también se le antoja ver la mano del Altísimo incluso en el regate rayano con la filigrana de los Rossi, Platini, Baggio o Zidane que tanta gloria dieron, desde el Piamonte, al denominado deporte rey. Y no se detendrá ahí: el cardenal sueña, incluso, con una selección nacional vaticana que fuera a disputar un Mundial. ¿Se lo imaginan ustedes?
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Manuel Segura
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