Ramas de olivo en el espíritu de Anoeta
14.11.06 @ 13:56:05. Archivado en Terrorismo
Lo que el mundo abertzale podría calificar como el espíritu del 14 de noviembre [de 2004] o espíritu de Anoeta, no es más que un planteamiento de base para sellar la finalización de lo que denominan genéricamente conflicto armado por la liberación de Euskadi. Pero sabido es que para que dos discutan se precisa voluntad de dialéctica aguerrida en ambos. Y para que dos se enzarcen a la gresca, que esos dos emponzoñen su presunta amistad.
Las comparaciones del caso vasco con el irlandés siempre han resultado erráticas. En el Ulster ha habido dos comunidades enfrentadas con tintes religiosos de por medio, armadas hasta los dientes y con numerosos muertos en uno y otro bando. En el País Vasco los muertos estuvieron casi siempre del mismo lado hasta alcanzar la vergonzante cifra del millar.
Al cumplirse ahora dos años de aquel histórico acto que protagonizó en el velódromo guipuzcoano de Anoeta el líder batasuno Arnaldo Otegi, su periódico de cabecera le entrevistaba a modo de balance:
“Nosotros seguimos con la rama de olivo en la mano y no la vamos a dejar caer. Pero para eso hay que arriesgar políticamente. La izquierda abertzale lo viene haciendo desde hace años. Lo que comprobamos con decepción es que en otros sectores imperan más los cálculos electorales y a corto plazo”.
Lo que Otegui propuso en Anoeta, aquel día de noviembre ante 15.000 incondicionales, pasaba por constituir una mesa de partidos vascos para lograr acuerdos políticos, mientras ETA y Gobierno negociaban sobre presos y abandono de armas. En marzo de este año, ETA optó por mover ficha y declaró un alto el fuego permanente que, hasta hoy, ha respetado, si entendemos por ello que nadie haya muerto en cualquier calle de un balazo por la espalda y en plena sien.
En estos meses, el Gobierno de Rodríguez Zapatero ha buscado denodadamente el apoyo incondicional del Partido Popular en un proceso más que dificultoso -y que algunos alcanzan a denominar eufónicamente de paz- al tiempo que desde la oposición se reclamaba con extrema urgencia la vuelta al Pacto Antiterrorista al objeto de reforzar posiciones frente a los violentos.
La kale borroka, entendida por violencia callejera o de baja intensidad, vivida en este período y recrudecida ahora, ha trasladado un cierto desánimo tanto a unos como a otros. Hasta tal punto que se detecta un relativo desasosiego en las filas socialistas ["dudas justificadas"] y una velada acusación de responsabilidad gubernamental desde el entorno batasuno.
“Solucionar un conflicto es ir a las raíces del conflicto y darle una solución satisfactoria de manera acordada y al mismo tiempo profundamente democrática. Y solucionar el conflicto de este país es dar solución satisfactoria, acordada y democrática a los dos grandes problemas históricos, que son el debate territorial y el del ámbito de decisión. Sobre eso hay que discutir y sobre eso hay que acordar”.
Quien dice ésto no es un miembro del actual Ejecutivo de España. Ni siquiera un avezado dirigente de la teóricamente leal oposición. Son palabras, por más que sorprendan, del líder abertzale Otegi, profundo admirador del difunto Arafat y lejano aprendiz de las tesis que han llevado al norirlandés Gerry Adams y a los suyos a no ser vistos, como antaño ocurriera, en determinados foros internacionales a modo de bestias inmundas y apestosas.
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Manuel Segura
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