Manuel Pizarro o el carácter en la tempestad
26.09.06 @ 14:42:19. Archivado en Economía
El primer bolígrafo Montblanc que tuve en mi vida me lo regaló Manuel Pizarro, tras una cena celebrada en un céntrico restaurante de Zaragoza. Todavía lo conservo, porque lo bueno siempre dura. Allí, a comienzos de la década de los noventa, nos había convocado a un grupo de periodistas quien por entonces co-presidía la Bolsa de Madrid. Quería hablar con nosotros sin otro motivo aparente que cambiar impresiones. Fue una velada agradable y provechosa. Pizarro me pareció un hombre preparado, juicioso, inteligente y culto a la vez que destilaba rasgos de suma sencillez para con sus invitados.
Años después fue nombrado presidente de Ibercaja por lo que le invité a ser entrevistado en Radio Nacional de España, en conversación que fue difundida por las emisoras de Aragón en un fin de semana en el que ya se atisbaba la victoria del Partido Popular en las elecciones generales de 1996. En un momento de la charla, le pregunté:
-“Y si José María Aznar le llama para ser ministro, ¿qué hará? ¿Aceptará?”.
Pizarro me miro a los ojos, tomó aire y me contestó en respuesta calculada:
-“No creo que lo haga”.
No he vuelto a ver a Manuel Pizarro desde entonces. Sigo sus avatares a través de los medios, desde la distancia, y su batallar desde que el consejo de administración de Endesa acordara designarle presidente de la compañía a propuesta del presidente saliente, Rodolfo Martín Villa, ese otro personaje del que siempre se ha dicho que se subió a un coche oficial a los 18 años, como jefe nacional del SEU, y aún no se ha bajado.
Licenciado en Derecho por la Universidad Complutense de Madrid, abogado del Estado y agente de Cambio y Bolsa, Manuel Pizarro es también académico electo de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación, miembro del Patronato de la Universidad Pontificia de Salamanca, presidente del Patronato del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido y vicepresidente del Patronato del Museo Arqueológico Nacional, cuya Comisión Permanente preside.
Mención aparte merecen los episodios acontecidos en los últimos meses una vez que Gas Natural lanzó, hace ahora un año, una OPA de 22.500 millones de euros por la totalidad de las acciones de Endesa, mientras este pasado febrero el grupo eléctrico alemán E.ON mejoraba la oferta, subiéndola hasta los 29.100 millones de euros. Pizarro irrumpió de lleno en una campaña, que alguno llegó a calificar de quijotesca, contra esos grandes molinos de viento que amenazaban la integridad de su eléctrica. Habló con casi todo el mundo, incluidos por supuesto los trabajadores de a pie, a los que vino a decir:
-“Confiad en mí y no os defraudaré”.
Ahora, mientras la pelota sigue en el alero y otra entidad, Acciona, entra en juego y anuncia que pagará casi 3.400 millones de euros por el 10% de Endesa, convirtiéndose en su primer accionista, he recordado la cena de aquel lejano día en Zaragoza cuando conocí a Manuel Pizarro y la respuesta que tiempo después me dio cuando le sugerí si sería ministro en un futuro. Pasados los años, quizás, es seguro que el turolense comparta con Goethe ese aserto que asevera que el talento se educa en la calma y el carácter en la tempestad.
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Manuel Segura
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