Adiós a Julen Guerrero, el león herido
11.07.06 @ 18:22:08. Archivado en Deportes
Julen Guerrero, el estandarte del Athletic Club en la década de los 90, quizás el león con más proyección pública de la historia del equipo de San Mamés tras leyendas como Pichichi, Zarra o Iríbar, cuelga las botas. Ha sido hoy, por sorpresa, sin levantar polvaredas, sin excesivos aspavientos, con la discreción que ha caracterizado su paso por la primera plantilla del equipo desde que debutara en septiembre de 1992, frente al Cádiz, de la mano de su mentor, el alemán Jupp Heynckes. Han sido 14 años, con sus altibajos, y 430 partidos oficiales –de ellos, 372 de Liga, 41 de Copa de Rey, 8 de Liga de Campeones, 7 de Copa de la UEFA y 2 de Copa Intertoto- en los que consiguió 116 dianas. Internacional en 39 ocasiones, jugó dos mundiales (Estados Unidos 94 y Francia 98) y una Eurocopa (Inglaterra 96).
Julen revolucionó el fútbol nacional con su estilo. Por ello se llegó a hablar de la julenmanía. Su impronta llegaba más allá de lo estrictamente deportivo. Antes de que irrumpieran las estrellas galácticas a golpe de talonario, este chaval de Portugalete se convirtió en santo y seña de mucha gente, incluso ajena al propio Athletic. Su desparpajo en el campo sorprendió a propios y extraños. Sus pases en profundidad eran espectaculares. Su llegada, desde su condición de media punta, su olfato de gol y su remate enamoraron a los amantes del fútbol puro y racial, el que practica el conjunto vasco desde su fundación en 1898.
Las últimas temporadas han sido especialmente aciagas para Julen. Su bajón espectacular, nunca suficientemente explicado para la hinchada rojiblanca, le llevó a calentar banquillo más de la cuenta. Otros jugadores, con menor dotación técnica que él, le pasaron por encima y se encaramaron a la titularidad en detrimento de un preciosista del balón que no encajaba con determinados estilos de juego.
Hace años, en el cenit de su carrera, tuvo ofertas del fútbol italiano que desechó por quedarse en Bilbao. En el año del centenario, en una noche de fútbol, en la Catedral, cuando el Athletic se medía al todopoderoso Real Madrid que paradójicamente entrenaba Heynckes, oí un cántico en la grada que ahora he vuelto a recordar al redactar esta despedida. Con los blancos se alineaba Aitor Karanka, quien acababa de recalar en el club merengue. La hinchada, dolida con su marcha, le gritaba con sorna y con desdén: “¡Karanka, pesetero, aprende de Guerrero!”. Julen apostó por quedarse. Luego las cosas no le salieron como él hubiera querido. Pero da igual. El público de San Mamés y la hinchada athlética es sumamente agradecida con sus leales. Por eso rugía cuando saltaba al campo aunque sólo fuera para disputar los minutos de la basura. Era una reivindicación desde lo más profundo del corazón; desde el corazón de un león herido. Como el que hoy se despedía en Ibaigane, a lágrima viva, sintiendo como nadie unos colores.
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Manuel Segura
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