Diario nihilista de un antropólogo

Antropología del fútbol: la Liga

Se despertó la razón de emocionarse, preguntarse, inquietarse, cada semana. Va a empezar de nuevo la Liga. Para mucha gente, el acontecimiento más importante de la semana, es el partido de Liga que juega su equipo. ¿Por qué el fútbol? Para entender la sociedad de nuestros días hace falta analizar el protagonismo que le concede al fútbol que mueve miles de millones de euros, llena estadios inmensos cada domingo o cualquier otro día de la semana. Los organizadores de eventos procuran que no coincidan con partidos de fútbol porque saben de antemano que estarían condenados al fracaso. Es el tema más universal y preferido de conversaciones de café y todo tipo de reuniones de amigos, de tertulias en radio y televisión.
En general, columnistas, cineastas, dramaturgos, escritores, filósofos, sociólogos, antropólogos que hasta ahora no se interesaban por el fútbol, ahora mmuchos de aquellos ahora dicen: El fútbol es arte vivo, producción gráfica e imagen del mundo líquido en movimiento; es la épica de la posmodernidad, plástica en el estadio y visual en las retrasmisiones. Quieras o no, el fútbol está ahí. “El fútbol es la pasión de la gente que no tiene pasiones”, oí decir. El fútbol es un fenómeno social que merece ser estudiado. A pesar de que el fútbol, como todo juego, se aparta de la vida corriente y una de sus cualidades debería ser el desinterés, millones de personas en los más insospechados rincones del mundo lo toman en serio.
¿Nos recuerda que el mérito es la piedra angular de cualquier logro vital? ¿Encarna mejor que ningún otro juego el ideal de las sociedades democráticas demostrando que cualquiera que lo quiera puede lograr lo que se proponga? El fútbol no es un fenómeno aislado sino un elemento del mundo actual que sólo significa algo dentro del conjunto y, a su vez, el conjunto gana significado si se entiende el fútbol. Pocas actividades hay que tengan tanto poder de convocatoria, motivación y sean compartidas por tantas personas de diferentes edades y ambos sexos, distintas culturas y religiones como el fútbol. Es un instrumento de cohesión social y escuela de valores individuales y colectivos. En un viaje reciente por los Balcanes las únicas imágenes que me recordaban a España eran las fotografías de las estrellas de fútbol, multiplicadas mil veces en todas partes, que juegan en la liga española
La diversidad de espectadores: hombres y mujeres, ricos y pobres, niños y adultos, no tiene la menor importancia; lo importante es la comunión de la que el grupo es causa y efecto. “El deporte tiene el poder de cambiar el mundo, de inspirar y de unir a la gente de una forma que pocas otras cosas consiguen. El deporte puede despertar esperanza donde antes solo había desesperación”, dijo Mandela. ¿La gente va al fútbol porque quiere o los poderes se sirven del fútbol para aturdir y distraer a las masas? La importancia que dan los medios de comunicación a las palabras de entrenadores, presidentes de clubes, jugadores famosos, demuestra su importancia. La unidad de esta universalidad frente a la multiplicidad de opiniones pudiera definirse como unidad analógica de un concepto polisémico e indeterminado.
¿Por qué la policía debe de colocarse entre los hinchas de los dos equipos como si se tratara de separar manadas de fieras? ¿Por qué levanta mas pasiones, adhesiones, filias y fobias que cualquier otro deporte? Si juzgamos la importancia de una cosa o acontecimiento por el número de páginas que los periódicos y el tiempo que las televisiones en programas especiales y en informativos, le dedican, el fútbol es el más importante no sólo de los deportes sino de todos los acontecimiento de la vida cotidiana, al menos, de buena parte de los países occidentales; mucho más que la política, la economía, la cultura o la religión.
¿Qué función cumple el fútbol en la vida de los aficionados, de sus hinchas? Un partido de fútbol quizás sea un intento de recuperar, aunque sólo sea por un instante, al hombre que debería ser. Los estados envían embajadas completas a los partidos internacionales. Muchos políticos que detestan del fútbol y lo considera el opio del pueblo lo utilizan como escaparate. El fútbol está en todo y todo está en él. ¿Por qué la gente discute, se enfada, se deprime, se alegra hasta la euforia y llega a pelearse por el fútbol?
¿Demuestra que no nacemos como somos sino que llegamos a ser lo que somos? ¿Es el reflejo perfecto de los tiempos que vivimos gobernados por la incertidumbre y con pocas o ninguna certeza? Tenemos que interrogar al fútbol por aquello que lo hace tan interesante para tanta gente. Se puede decir del fútbol lo que Gomá dice a propósito de otros temas: “Una incredulidad de partida cierra el paso a ciertas verdades que sólo se abren al conocimiento de quienes se arriesgan a confiar en ellas porque en estas materias no hay modo de obtener una prueba concluyente”.
Para la mayoría de la gente el sitio del fútbol es el estadio y sólo lo que pasa allí. Pero el fenómeno del fútbol tiene mucho más sitios tales como los despachos, las comidas de trabajo entre directivos en restaurantes de lujo, las reuniones de los comités en lugares exóticos y hoteles de máxima categoría, invitaciones en los palacios de los más altos mandatarios de las naciones. Entre los personajes que giran, revolotean y controlan el fútbol, hay hombres de deportes, hombres de negocios, gente honrada y corrupta, políticos, civiles y personajes de catadura espesa.
El hombre posmoderno vive el final de las grandes síntesis unificadoras producidas por el pensamiento metafísico tradicional, en un mundo en el que ya no hay estructuras estables y garantizadas capaces de ofrecer una única y última fundación normativa de nuestro conocimiento y de nuestra ética que refleja el final de la metafísica, fuente de verdades eternas e inamovibles; el ideal de una certeza absoluta, de un conocimiento totalmente fundado y de un mundo ordenado racionalmente es un mito propio de un estado de la humanidad dominado por el miedo a las fuerzas de la naturaleza.
¿Son la incertidumbre del resultado, el que nada está consumado mientras dura, la movilidad de sus actores lo que mantiene en vilo a los espectadores y aficionado lo que lo hacen tan importante? El fútbol representa para mucha gente el orden simbólico, la experiencia vivida, la riqueza de las emociones, y sitúa al hincha en una dimensión que está más allá de lo racional. El fútbol, entre otras cosas, marca el ritmo de las tristezas y de las alegrías de todas las clases sociales porque escenifica la dimensión agónica y muestra de manera plástica la incertidumbre de la existencia humana.


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