Diario nihilista de un antropólogo

Antropología del fútbol. Monoteismo

Quién no conoce el fenómeno del fútbol tiene un conocimiento parcial de la sociedad de nuestros días. El fenómeno total del fútbol es una realidad compleja, poliédrica, polisémica y fascinante; desde el punto de vista de la teología inquietante pero inevitable. Para entenderlo, como cualquier problema o realidad, hay que sondear y escarbar sus fundamentos. Una cosa es el espectáculo de un partido de fútbol y otra el fenómeno total del fútbol.
La inteligencia española despreció durante mucho tiempo el fútbol, aún hoy lo desprecian muchos, por ser la distracción de los que no tienen medios de distraerse de otra manera, el pasa tiempo de quien no tiene inteligencia para discurrir y hablar de cosas interesantes. “Al vulgo pan y circo”, dicen
El fútbol es el espectáculo, la corrupción que lo rodea, la violencia a que da lugar, los millones que mueve. El fútbol es lo que acontece cuando dos equipos se enfrenan y todo lo que sucede en los clubs, en a calle, en los medios de comunicación que tenga relación con aquello. Lo que a mi me interesa es el fútbol como acaecimiento total; el fútbol es un acaecimiento que se ha apropiado de todo. Olvidar esto es hablar de un juego pero no del fútbol tal como sucede hoy.
El juego del balón es una actividad física para quien la realiza y es un espectáculo para quien lo contempla pero los distintos grupos, la sociedad, lo fue revistiendo de una función simbólica; en nuestro caso, distraer a las masas para que no piensen en los problemas que les pueden dificultar y hasta amargar la existencia. Y los políticos la aprovechan en beneficio propio. Esto no supone que sean ellos los que expresamente fomenten el futbol aunque lo hagan en muchos casos
La realidad casi nunca es blanca o negra; la misma puede ser blanca para unos y negra para otros, y para la misma persona puede ser blanca y negra en momentos distintos y casi al mismo tiempo si la mira dese puntos de vista diferentes. El mundo postmoderno está compuesto de fragmentos y es líquido, movedizo.
La Iglesia debe de interrogarse constantemente por el sentido que la gente de cada tiempo da a la palabra Dios. Y para muchos millones de hombres hoy, la palabra fútbol tiene el significado que en otro tiempo pudo haber tenido la palabra Dios. Por ello, la Iglesia debería interesarse por lo que es el fútbol para la sociedad de hoy. El fútbol es el fundamento de la manera de ser, de la vida, de mucha gente
Los griegos distinguen dos clases de tiempo: el cronos, el tiempo cronológico, y el kairos, los momentos privilegiados; en el caso del cristianismo: los momentos privilegiados de la historia de la Salvación y en la historia de cada persona. Hasta ahora, era el calendario litúrgico el que marcaba los grandes hitos del ciclo anual. Ahora, son los acontecimientos deportivos los que los marcan. Para mucha gente, no hay más dios que el fútbol. Son verdaderos monoteístas con todos los defectos y todas las virtudes del monoteísmo. Muchos que han escrito y hablado contra el monoteísmo ahora se callan como muertos ante el monoteísmo de los hinchas, de los hooligans. Para muchos el futbol es la vida y la vida es el fútbol. Fuera de eso no les interesa nada. La victoria de su equipo y el nombre de sus ídolos lo justifican todo. Por estas y otras razones, la Iglesia debe de interesarse por el acaecimiento del futbol. La afición al fútbol del Papa Francisco es parecida a la que otros tiempos a contemplar el nacimiento o la puesta del sol. Se trata de una afición no de un absoluto que determine su manera de ver, de pensar y de actuar.
Al ser el fútbol, acaecimiento total, algo reciente en términos históricos, los que escriben sobre futbol han robado términos y expresiones a los poetas, a los filósofos, a los teólogos, a los políticos, a los novelistas. Hoy ya ocurre lo contrario, todos roban y utilizan expresiones del fútbol para hacerse entender. Por ejemplo, los políticos en los mítines, los sacerdotes en los sermones utilizan símiles futbolísticos.
El fútbol es un espejo de lo que yo soy, siento, deseo; de lo que es la sociedad. El fútbol es hoy lo que antaño fue la tragedia griega. Da motivo para manifestar los más nobles deseos, las más perversas pasiones, lo sentimientos mas tiernos. Las estrellas del futbol son consideradas ejemplos. La ejemplaridad arrastra. ¿Lo son, en realidad? Desde un punto de vista evangélico y de una teología ortodoxa, tal vez no. Pero para una buena parte del mundo, si porque encarnan sus ideales. Puede que algunas estrellas sean ejemplares en el sentido moral y ético del término. Aquí ejemplo quiere decir que responde a lo que mucha gente de este mundo posmoderno o poshumano, como dicen otros, entiende y ve como ejemplo. El hombre postmodero, el homo videns, el hombre que vive de y para los medios audiovisuales, tiene como ejemplo a los televisivos ricos, guapos, famosos, esperados en todas las fiestas y actos sociales, que ocupan los primeros puestos en las reuniones, que no hacen fila en el supermercado.
La educación y la formación de los niños depende de muchos factores, uno de ellos y no el menos importante, son los medios de comunicación. La configuración del cerebro del homo videns está en relación directa con su plasticidad y el cerebro del niño es el más plástico. El fútbol ocupa más espacio y tiempo en todos ellos que ninguna otra realidad o acontecimiento del momento. Por eso es normal, dada la realidad, que los niños tengan como modelos a las estrellas del fútbol. A los que mandan les va bien que sea así porque lo tienen contento con “pan y circo”, el fútbol hace parte de ello, y al hombre también porque es mucho más cómodo llegar a mesa puesta que elaborar una receta. El pensar puede exigir la libertad y ser libres es un problema.
La obediencia ciega de San Ignacio me parece bien cuando se acepta con pleno conocimiento de aquello a lo que se renuncia, la libertad personal que utilizo aceptando la obediencia al superior. Como la virginidad, cuando se renuncia al placer sexual no por miedo ni por una falsa idea de lo que es la sexualidad sino por alguna causa. Hay hombres y mujeres que han hecho votos de obediencia ciega y de castidad después de muchos estudios y de tener las cosas muy claras. Cosa que no ocurre al homo videns que se guía exclusivamente por lo que le echan y por lo que ve en la televisión. La adición fanática, la de los hinchas recalcitrantes, al fútbol es la fe de los que no tienen fe. Desde este puno de vista me parece lamentable. Pero, al mismo tiempo, es la que pone un poco de color a millones de vidas grises, y desde este punto de vista me parece positivo.
Una cosa es lo que el sujeto piensa y otra las motivaciones que motivan su actuación. En el fondo nunca somos totalmente conscientes de las motivaciones que nos llevan a actuar; pero unos somos menos conscientes que otros. Mis conclusiones son fruto de un estudio serio, no de mi inconsciencia. Muchos me lo han expresado a su manera. El fútbol no es una religión entendida ésta desde el punto de vista de la teología ortodoxa porque no sólo no afirma la trascendencia en sentido teológico sino que la niega; por eso logra pasar desapercibida, camuflada. Pero si lo es si la entendemos de manera metafórica o metonímica; es la busca de sentido, de una verdad referencial, la esperanza de algo que esperar.
El fútbol es una expresión de la vida cotidiana más rica que ningún concepto; escenifica la lucha por la subsistencia, manifiesta la solidaridad y el egoísmo, el individualismo y el equipo, la libertad y el determinismo, la fuerza y la impotencia, la certeza y la incertidumbre, y está más cerca de la vida que ninguna filosofía. Dice R. M. du Gard en Los Thibaut: “Un poco de ciencia aparta de Dios, mucha lleva a Dios”. Del fútbol quizás se pueda decir: “Saber un poco de fútbol desconcierta, saber mucho de fútbol acerca al conocimiento de la sociedad”


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