Diario nihilista de un antropólogo

A la búsqueda de sí mismo

Nebraska (EEUU, 2013. Dir. A. Payne). La mujer y los dos hijos, persuadidos de que ha empezado un declive irremediable, el anciano taciturno que no puede dar un paso sin entrar en un bar que acepta la vida tal como es y no quiere cambiar, hacia la demencia o el alzheimer, se plantean internarle en una residencia. "Eso es lo que me llevo a preguntarme qué haría yo si mi viejo padre insistiera en que él cree que ha ganado un premio que no existía?”, se preguntó el director. Será David, uno de los hijos, el encargado de acompañar a su padre en su particular odisea crepuscular, errática, con paradas para ir al baño porque la próstata ya no es la que era, antiheroica y sin glamour pero muy cercana. El viaje no significa nada sin tener en cuenta el camino, la manera de hacer visible o exteriorizar un viaje interior y, por ello, invisible. El camino es como remontar el río embarrado de su vida, como una introducción hacia los más profundos e intrínsecos pesares del ser humano. Es un canto a la personalidad, a la obviedad; una reflexión acida y tierna sobre lo bueno y lo malo, las miserias, humillaciones y las grandezas de la familia, sobre la vejez y la necesidad de reconquistar la dignidad; un viaje al fondo de las cosas que tienen fondo. La visita al cementerio del pueblo de su infancia, es reconocer la presencia y la importancia de los muertos en la existencia de los vivos como ya dijo Montaigne en Ensayos. Consiste en fundir los personajes con el paisaje hasta transformar el páramo que es lo que se ve en la geografía del alma humana. Casi es la aventura de un moderno Don Quijote de las llanuras del oeste americano. Con un cuerdo Quijote, su hijo, al lado Hawthorne, el pueblecito donde nació el anciano y del que se fue cuarenta años atrás; casi una aldea en la que vegetan algunos de sus hermanos y otros parientes, incluidos esos jóvenes obesos hundidos en un sofá que ni estudian, ni trabajan, ni hacen ninguna otra cosa que sentarse frente al televisor en camiseta, con mirada bovina y el cuerpo sudoroso; un pueblo donde las mujeres chismorrean y los hombres beben. Ahí, en ese pueblo, encontrará los rastros de su infancia, de los amigos olvidados en el tiempo, de unos familiares que ahora le creen rico y pretenden que reconozca antiguas e inexistentes deudas. Viendo la película viene a la mente El insólito peregrinaje de mister Harrold Flay de R. Joyce. Hawthorne está en Nebraska como podía estar en cualquier otro sitio del mundo. Y allí es donde se ven las costuras de las familias, de esas familias numerosas donde todos los hermanos se parecen mucho y siempre hay alguna oveja negra que complica las cosas y hace incómodas las comidas. Todos los personajes son “como personas reales”. Nebraska es un hombre a la búsqueda de las referencias que lo constituyen, a la búsqueda de su yo profundo y que, ahora mismo, se está desmoronando.


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