Diario nihilista de un antropólogo

¡No me hagan reir!

Como la sonrisa en buena para la salud, según dicen, uno se encuentra a gente sonriendo sin explicación, al menos, aparente, cuando no en contradicción absoluta con el contexto. Reír sin motivo o, más grave todavía, reírse cuando habría que llorar, es una idiotez morrocotuda y puede llegar a ser una falta de delicadeza y de pudor sin límites. Otra idiotez es la despedida que se oye muchas veces: “¡Séanme felices!”. Alguien podría replicarle: “Antes de pedirme y ordenarme que sea feliz venga y alláneme el camino para poder serlo”. ¡Cómo se puede ordenar a un padre en paro que no tiene lo suficiente para llenar la boca de sus cuatro hijos que sea feliz! Otra cosa sería pedir fortaleza, resignación, espíritu de lucha, conformidad cristiana. Pero “¡ordenarme que sea feliz!”


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