Nadie puede dudar de la buena voluntad de los políticos al invitar a los palestinos e israelitas a sentarse en la mesa de diálogo. Pero el problema es que los auténticos responsables de la violencia no están ni se les espera. El enfrentamiento es entre dos maneras radicales de entender El Viejo Testamento (de La Biblia) y El Corán. Los políticos promotores de los diálogos o lo ignoran o no quieren saberlo. Ninguno de los sentados tiene poder ni dominio absolutos sobre los violentos que son los fundamentalistas, de lado y lado. Entre los dos pueblos no habrá paz mientras haya grupos, de parte y parte, que interpreten literalmente lo que les ordenan sus libros sagrados. Son enemigos irreconciliables.
Jueves, 31 de mayo
Manuel Mandianes
Asoc. Humanismo sin Credos
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Margallo
Pedro Tarquis
Juan Jáuregui Castelo
Jesús Mauleón
Julián Moreno Mestre
Faustino Vilabrille Linares
Francisco Baena Calvo
Jose Gallardo Alberni