La afición compulsiva de El corredor nocturno (España, Argentina, 20009.Dir. G. Herrero) por correr y correr no es sino una metáfora de un persistente intento de huída de sí mismo que quizás no logre nunca. Según describió Sbaraglia, “el espectador asiste a una pérdida de la humanidad del personaje que se transforma en un instrumento del sistema, sin contradicciones”. La película de Hierro es la puesta al día del mito de Fausto, eternamente insatisfecho, que vende su alma al diablo porque quiere ser como su creador, deseo que dio al traste con el paraíso terrenal. Tanto el buen salvaje de Avatar como Fausto no son verdad pero encierran mucho de realidad existencial por eso vienen, se van y vuelven.
Sábado, 18 de febrero
Manuel Mandianes
Francisco Baena Calvo
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Asoc. Humanismo sin Credos
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