El deporte no estimula a la violencia pero con motivo del deporte mucha gente se vuelve violenta, mejor, come actos violentos. En el estadio de Bilbao tuvieron lugar graves enfrentamientos entre hinchas del Bilbao y del Anderlecht (19-2-10). “Los hinchas no tienen nada que ver con el deporte”, me dijo alguien. Esto es una perogrullada. Es como decir que los fanáticos de los partidos políticos no tienen nada que ver con el partido político. La pitada que pegaron a los Reyes, también en Bilbao cuando llegaron al palacio de deportes para asistir a un partido de balón cesto también es violencia; violencia simbólica pero violencia, al fin y al cabo.
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Puede que sea un pesimista, pero tengo la impresión de que el hombre es violento en su raíz misma. En las primeras páginas de la historia, aparece ya el asesinato. Ahí están Caín y Abel. La historia de cualquier país está jalonada de guerras y guerreros. La educación, la buena educación, vuelve al hombre sociable. Menos violento. También la religión, que, en cierta medida no deja de ser una manera de buena educación.
Demos al hombre la ocasión de ser violento. Hacedle gregario y tribal. Y ahora agitemos la ocasión antes de usarla. O sea, basta decirles que "vosotros no sois esos porque sois distintos", por consiguiente, superiores, y entonces el deporte se convertirá en excusa, en ocasión única para decirle a ese o esos que "esta tierra es mía" y en este árbol sólo orino yo. O nosotros, porque entonces yo soy nosotros, o sea, mi tribu.
Culpables: Los que cada día agitan el espantajo de las diferencias; los que calientan los ánimos días antes de un evento de...
Jueves, 31 de mayo
Manuel Mandianes
Faustino Vilabrille Linares
Francisco Baena Calvo
Jose Gallardo Alberni
Josemari Lorenzo Amelibia
Jose Luis Cortés
Pedro Tarquis
Antonio Aradillas
Juan Fernandez Krohn
Universidad Pontificia Comillas
Asoc. Humanismo sin Credos