Un grupo de intrépidos y aguerridos abogados murcianos han salido a buscar aventura para conseguir fama imperecedera. En el camino, han avistado un molino de viento que domina sobre Monteagudo. Todo el mundo les ha dicho que no es un molino sino un monumento al Sagrado Corazón que indica al viajero que está transitando por la fértil huerta murciana cerca ya de la bella ciudad de Murcia pero ellos, inasequibles al desaliento, siguen impávidos en su aventura. Algunos amigos los han amonestado diciendo: “Con la Iglesia hemos topado, amigos”. Ellos les han respondido: “¡Leoncitos a nosotros!”. A continuación, piensan culminar su aventura, batiéndose lanza en ristre contra todos los molinos que el común denominador de los mortales llama campanarios y torres de iglesia.
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El mensaje de los evangelios se fundamenta en la fe en Dios, pero Cristo enseña también una ética. Dignidad igualitaria, justicia y distribución de los recursos, no violencia, emancipación del individuo respecto del grupo, y de la mujer respecto al hombre, libertad de elección, separación de la política y la religión, fraternidad humana. Pero con Constantino la sabiduría de Cristo es eclipsada en gran parte por el poder eclesiástico. Renace mil años después, con el Renacimiento, y la Ilustracion, "la filosofía de Cristo", en expresión de Erasmo, para liberar las sociedades europeas del poder opresivo de la Iglesia y fundar el humanismo moderno. Democracia y Derechos Humanos. La tradición cristiana no es sólo religiosa, sino también ética y filosófica.
Bueno, pues esto ya no hay quien lo pare. Se dieron cuenta de que no pasa nada si se le moja la oreja a un obispo. Y ahora ya pasan a la carga con la manga del riego, que da más agua. ¿Quién es la Dulcinea soñada de estos caballeros andantes? Como parece ser que no quedan ya doncellas cuyo honor defender y entuertos que enderezar, se entregan los muy "follones, malandrines y fementidos caballeros" a meter dos dedos, uno en cada ojo, a la gente atónita que siempre vio ahí esa imagen. De haber nacido en Afganistán, serían talibanes destructores de estatuas. ¿Qué diferencia hay?
Los campanarios y las torres de iglesia, señor Mandianes, vienen luego. Hoy esa lección no toca todavía. La dejan para mediados de curso. Pero entra en el programa.
Lo único que falla en su acertada metáfora es que esos abogados no son quijotes, ni sanchos: son los duques del segundo Quijote, muy ufanos como estos de su riqueza, ellos de su progresía, entendida como religión definitiva, según han creído todas las nuevas religiones siempre. Saludos.
Jueves, 31 de mayo
Manuel Mandianes
Faustino Vilabrille Linares
Francisco Baena Calvo
Jose Gallardo Alberni
Josemari Lorenzo Amelibia
Jose Luis Cortés
Pedro Tarquis
Antonio Aradillas
Juan Fernandez Krohn
Universidad Pontificia Comillas
Asoc. Humanismo sin Credos