Nadie puede saber cuantas personas habrán quedado sepultadas bajo los escombros de Puerto Príncipe hasta que los hayan desenterrado todos los cadáveres porque en muchos países del tercer mundo, la gente va de un lugar a otro sin que nadie sepa por donde andan. Contando con que todos los habitantes estén registrados en algún libro, cosa que, hasta no hace mucho tiempo, no ocurría en todos ellos. Muchos de los desaparecidos no contarán jamás entre el número de muertos ni desaparecidos porque no habrán existido jamás en ningún registro. Muchos de los muertos no constituirán baja en ningún lugar más que en la memoria de algún familiar o amigo si los tuvieran.
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Algo sabemos de eso, Sr. Mandianes. Algo sabemos. De haber leído en un papel, que quería ser partida de defunción, la más real de las causas de muerte: "Murió matao". O, en un intento de partida bautismal, enterarse uno de que el neonato era "hijo de la madre que lo parió". ¿Puede darse más realismo y más verdad?
Algo sabemos también de ver pasar un entierro delante de tus propias narices. El muerto tal cual sobre improvisadas parihuelas y, sin más preámbulos, echarle al hoyo. Se cumplía así en toda su plenitud el viejo dicho, ese que habla del muerto al hoyo y el vivo al bollo. Y es que los vivos se iban derechitos a "tomar" un poco más de lo ya habían tomado.
Es verdad, en Haití los muertos sólo serán levemente aproximados.
Viernes, 17 de febrero
Manuel Mandianes
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