Había sobre 50.000 personas. Cuando se apareció el ídolo y besó el escudo del dios, buena parte de los asistentes entró en éxtasis. Luego, muchos intentaron, burlando la vigilancia, llegar cerca del ídolo y tocarle como, pocos días antes, había visto hacer con la imagen de la Virgen del Carmen en una de sus procesiones. Al terminar el acto institucional, una multitud inmenso invadió el terreno de juego, lo besó, corrió, se revolcó y arrancó terrones de césped con la intención de llevárselos a su casa como reliquias. Se trata de verdaderos ritos que tal vez sustituyen otros ritos caídos en desuso. La gente no puede convivir con el vacío. Los medios se equivocaron cuando hablaron solamente de vandalismo y salvajada.
Viernes, 27 de noviembre
Manuel Mandianes
Vicente Haya
Asoc. Humanismo sin Credos
Mario Bruzzone
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Margallo
Escuelas Católicas
Editorial San Pablo
Sor Gemma Morató
Siro López
Francisco Baena Calvo