Todos los teóricos sobre el transporte de animales en metro les rogaría que bajasen al metro de Barcelona y viajaren cualquier día, especialmente, el fin de semana entre gente descalza, torsos desnudos, sudados, arenosos, embadurnados de cremas; perros (a veces sin collar), aparatos de música a toda pastilla. Yendo gente de pie, van asientos vacíos porque el que acaba de levantarse lo ha dejado mojado, sudado, empapado y embadurnado. ¡Sobre todo algunas líneas! Ya sé que es mucho pedir que un político (de los que deciden) baje al metro a no ser en campaña electoral. Pero, por lo menos, que no hablen y no legislen sobre lo que desconocen por completo.
Jueves, 26 de noviembre
Manuel Mandianes
Josemari Lorenzo Amelibia
Vicente Haya
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Siro López
Francisco Margallo
Rodrigo del Pozo Fernández
Guillermo Gazanini Espinoza
Editorial San Pablo
Francisco Baena Calvo