Hay hijos que pegan a los padres y hay alumnos que insultan y agreden a los maestros y profesores. Padres y profesores no tienen medios de reprimir a los hijos ni a los alumnos y, por lo tanto, no pueden imponerse. La ley que prohíbe a los padres castigar a sus hijos y a los profesores castigar a los alumnos está echa para proteger a los díscolos y violentos porque los otros aceptan con naturalidad la disciplina familiar y de la escuela o colegio. La ley de marras entroniza al Estado como única autoridad para educar. Ya sé que es mucho mejor convencer que vencer pero también sé que el ser humano es como es. La represión sobrante es detestable pero la necesaria es imprescindible.
Sábado, 18 de febrero
Manuel Mandianes
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Vicente Haya
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Margallo
Jose Gallardo Alberni
Guillermo Gazanini Espinoza
Religión Digital
Francisco Baena Calvo
Juan Fernandez Krohn