Según una manera de pensar muy generalizada, muchos políticos han hecho del mal un instrumento para conseguir el “bien”; es decir, lograr el poder y, si ya lo tienen, conservarlo a toda costa. Para ello pueden desviar dinero, hacer trafico de influencias, sobornar; lo que en lenguaje paladino se llama robar. La gente que vota por ideología, votará a su partido o se abstendrá antes de votar a otro. Los ciuydadanos quieren que los políticos que roban devuelvan el dinero y, luego, vayan a la cárcel si es el caso. Los partidos tienen que echar de sus filas a los corruptos para que los ciudadanos no tengan que cambiar de partido, ¿cuántos partidos mantienen sus filas limpias de escándalos?, o abstenerse, a la hora de votar. Sé que la matería prima de los partidos son sus hombres y sus mujeres y también sé que el puritanismo es un gravísimo peligro. Pero...
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Dijo un sabio muy humano, y lo demostró con su claro ejemplo, que no podemos servir a dos señores, a Dios (o sea, al bien, a la salvación en esta vida y en la otra si la hay) y al dinero.
Por lo tanto, dado que el sabio tenía toda la razón (y por eso lo asesinaron, rápida e impunemente, los que confiaban en el dinero, en los Poderes eclesiástico y militar invasor romano) NO SE PUEDE ÉTICAMENTE HACER EL MAL PARA CON ELLO HACER EL BIEN.
Pero como no confiamos en el sabio asesinado, el Poder (eclesiástico, civil, militar, económico, jerárquico …) sigue haciendo el mal disfrazándolo de querer hacer el bien: y así tenemos el mundo tan injusto que tratamos de presentar como ¡qué le vamos a hacer, la culpa es de los otros, no hay para todos, Dios lo ha querido así, hágase su Santa voluntad … etc.!
El mejor maestro en camuflaje no es el camaleón, sino el animal humano (al ser el más inteligente de los animales), y el lenguaje es probablemente el más efic...
Viernes, 17 de febrero
Manuel Mandianes
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