Hay muchos conductores que no respetan el paso de cebra, así como hay muchos viandantes que no respetan los semáforos. Los peatones se quedan de los conductores y estos de aquellos. Un nieto dijo a su abuelo: “Abuelo, no te enteras”, cuando el progenitor intentaba llevar de la mano al nieto en un semáforo en rojo. Los niños son más respetuosos que los adultos de los semáforos porque nacieron con este lenguaje que, para muchos adultos, es aún nuevo. Para los niños de hoy, el respeto a los semáforos y a los pasos de cebra, cuando sean conductores, formará parte de los hábitos adquiridos desde la más tierna infancia.
Sábado, 18 de febrero
Manuel Mandianes
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