Los viejos de mi pueblo, Loureses (Orense), al ver los campos abandonados, dicen con frecuencia y tristura: “Tal vez vuelva un día en que la gente tenga que volver al campo”. Algunos ya ven síntomas de este retorno. Hace unos días leía: “Regreso al olivo. Ante el derrumbe de la construcción, el campo se convierte en un refugio” (La Vanguardia, 20-12-08). “Del campo nos viene todo. El campo es nuestra madre. Los que desde la ciudad han querido decirnos como había que trabajar la tierra van a ver como es esto de la labranza”, me dijeron unos labradores. Y continuaron: “Si los ecologistas de salón tienen que venir a cuidar los rebaños, a arar la tierra, cambiarán de opinión sobre muchas cosas”.
Sábado, 18 de febrero
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