Los viejos de mi pueblo, Loureses (Orense), al ver los campos abandonados, dicen con frecuencia y tristura: “Tal vez vuelva un día en que la gente tenga que volver al campo”. Algunos ya ven síntomas de este retorno. Hace unos días leía: “Regreso al olivo. Ante el derrumbe de la construcción, el campo se convierte en un refugio” (La Vanguardia, 20-12-08). “Del campo nos viene todo. El campo es nuestra madre. Los que desde la ciudad han querido decirnos como había que trabajar la tierra van a ver como es esto de la labranza”, me dijeron unos labradores. Y continuaron: “Si los ecologistas de salón tienen que venir a cuidar los rebaños, a arar la tierra, cambiarán de opinión sobre muchas cosas”.
Sábado, 18 de febrero
Manuel Mandianes
Guillermo Gazanini Espinoza
Josemari Lorenzo Amelibia
Religión Digital
Francisco Baena Calvo
Pedro Tarquis
Juan Fernandez Krohn
Angel Moreno
Juan Antonio Espinosa
Vicente Haya
Asoc. Humanismo sin Credos