Estos días en Galicia he visto como los hijos que habitan en la ciudad van el fin de semana con los niños a la aldea y vuelven a la ciudad el domingo por la noche con el zurrón lleno de castañas, nabizas y berzas; en verano van a dejar a los niños con los abuelos y ellos se marchaban a la playa todo el fin de semana. En invierno la casa de los abuelos es una plaza de abastos y en verano, el aparcadero de los niños. Aún así, los nietos estarán felices de haber visto a los abuelos y, tal vez, de haber escuchado un cuento. Los abuelos felices por haberlos visto a todos.
Viernes, 17 de febrero
Manuel Mandianes
Religión Digital
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Asoc. Humanismo sin Credos
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Manuel Mandianes