Cuando ya se habían terminado las manzanas, asábamos patatas en las brasas del fuego de la lareira durante las veladas de invierno. Cuando ya estaban asadas las pelábamos, las abríamos, las dejábamos enfriar y las comíamos. También las sacábamos del pote en donde se cocían berzas, nabos y patatas a los cerdos, cuando ya estaban cocidas y las tostábamos, como hacíamos cuando teníamos cachelos que habían sobrado de la comida del mediodía. Las patatas asadas o tostadas las comíamos siempre con un poco de sal. Si eran los cachelos del mediodía se suponía que ya estaban suficientemente saladas. Le llamábamos sobrecena.
Sábado, 18 de febrero
Manuel Mandianes
Francisco Baena Calvo
Religión Digital
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Asoc. Humanismo sin Credos
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