Se dice, y todo el mundo admite, que el político ha de ser ambicioso. Lo primero que necesita la ambición es la destrucción (simbólica o metafórica) del enemigo a través de la astucia. Y digan lo que digan unos y otros, andarán siempre en boca de los otros y los unos. Son como fugitivos sin ideal ni sosiego; en esta campaña los políticos viven para defenderse; parece que nadie tiene nada que decir sino atisbar las idas y venidas del enemigo. No dan ideas sino que tratan exclusivamente de suscitar sentimientos y crear ilusiones; no son hombres de pensamiento sino que obedecen ciegamente a sus consejeros de imagen.
Viernes, 17 de febrero
Manuel Mandianes
Francisco Baena Calvo
Religión Digital
Pedro Tarquis
Juan Fernandez Krohn
Angel Moreno
Juan Antonio Espinosa
Asoc. Humanismo sin Credos
Vicente Haya
FCJE
Josemari Lorenzo Amelibia