Espero que tus amigos progres no sean tan duros contigo como lo han sido con Benedicto XVI quien, cuando era más joven que tu cuando cantaste aquello de “Un gran hombre”, perteneció a las juventudes hitlerianas. Te lo deseo de corazón. Lo que te ha ocurrido no tiene mayor importancia; eras joven. Aunque lo hubieras hecho de mayor, tampoco hubiera sido un pecado imperdonable. El hombre puede cambiar de ideas a la edad adulta, a la vejez y siendo niño. Ocurre cuando ocurre. Es constitutito del hombre la capacidad de conversión, lo que el Evangelio llama metanoia, durante toda su vida. Por si ello fuera poco, creo que el cometer errores no es necesario pero es inevitable.
Un abrazo
Miércoles, 11 de noviembre
Manuel Mandianes
Francisco Margallo
Guillermo Gazanini Espinoza
Pedro Tarquis
Rodrigo del Pozo Fernández
Editorial San Pablo
Carlos Corral
Asoc. Humanismo sin Credos
Vicente Haya
Mario Bruzzone
Francisco Baena Calvo