Gregorio IV, fundándose en las visiones del Apocalipsis, instituyó la fiesta de Todos los Santos, para celebrar y honrar a los santos, y la de los Fieles Difuntos para socorrer con las buenas obras y oraciones a los muertos que aún están purificando su alma en el purgatorio para que, cuanto antes, puedan gozar en el cielo de la visión beatífica la cual será el objeto de su felicidad eterna pero, en realidad, se trata de la cristianización del samahaim que, en sus aspectos paganos, perdura en la mauraca, la castañada y el magosto. Como otras muchas, estas tres prácticas tradicionales estuvieron medio desaparecidas durante años pero estamos asistiendo a su recuperación.
Por una vez y sin que sirva de precedente, los progres, con el halloween: víspera de todos los santos (eve, víspera, y hallow, santificar) importado de los Estados Unidos de América, están colaborando al mantenimiento y a la recuperación de una tradición europea tan vieja como el tiempo: el culto a los muertos. Los progres traen de Estados Unidos de América lo que, en su día, habían llevado allí los colonos irlandeses desde su tierra. Para constatar el culto que hoy seguimos rindiendo a los muertos no hace falta más que echar el pie fuera de casa: nuestras carreteras están llenas de túmulos. Hasta las aceras de las ciudades. Y aunque nos hayamos olvidado de rezar por ellos, seguimos dándoles de comer toneladas de flores como se las daban otrora antepasados de muchas culturas.
Miércoles, 11 de noviembre
Manuel Mandianes
Francisco Margallo
Guillermo Gazanini Espinoza
Pedro Tarquis
Rodrigo del Pozo Fernández
Editorial San Pablo
Carlos Corral
Asoc. Humanismo sin Credos
Vicente Haya
Mario Bruzzone
Francisco Baena Calvo