La sensatez en la seguridad aérea
21.08.06 @ 13:25:31. Archivado en Internacional
Leo con sorpresa la noticia del ultimátum que la línea aérea Ryanair le ha dado al gobierno británico para que suavice las medidas de seguridad impuestas tras la desarticulación del complot terrorista de hace unas semanas (aquí y en muchos más sitios). Cuando ya nos habíamos acostumbrado a no poder subir a un avión con nada que, a juicio de las autoridades, pudiera usarse como arma cortante, resulta ahora que la prohibición se ha ampliado a los líquidos y los cacheos se han incrementado notablemente. La sorpresa me la provoca no el ultimátum en sí (aunque no deja de resultar curioso que las empresas amenacen de esa forma a los gobiernos), sino el que las medidas de seguridad sigan en vigor semanas después de que se frustrara la trama terrorista. Así no llegamos a ningún sitio.
Desde la perspectiva del burócrata y del político sujeto a elecciones periódicas, mantener las exigencias de seguridad no supone ningún problema y les libra de las críticas que les lloverían si, tras volver a permitir los líquidos o los cortaúñas alguien usase cualquiera de esos elementos para volar o secuestrar un avión. Es una postura muy cómoda… para ellos. Para quienes les pagamos el sueldo, sin embargo, es de lo más incómodo. Ya seamos un pasajero cabreado por no poder subir al avión con una hebilla de cinturón con “posibles filos cortantes” o con una lata de refresco o un empleado de aeropuerto obligado a hacer innumerables horas extra para cachear a la mitad del pasaje de los aviones, la cosa es que estas medidas hace muy poco por nuestra seguridad y mucho, muchísimo, por nuestro estrés. Bien está que, mientras no se sabía si se había detenido a todos los terroristas, se intentase impedir que alguno de ellos se lanzase a la aventura en solitario y volara un avión con el explosivo líquido que tuviera en su poder pero, pasado un tiempo, deberíamos volver a la normalidad.
Si basamos nuestra política de seguridad en bloquear todas las ocurrencias de los distintos grupos terroristas lo único que haremos será malgastar cantidades ingentes de dinero y, sobre todo, cercenar nuestra libertad y nuestra comodidad. ¿Qué ocurriría si mañana les diese a los terroristas por detonar sus bombas en las colas de los controles de seguridad? ¿Cerraríamos los aeropuertos para siempre? ¿Y si atacasen los colegios? ¿Impediríamos acaso a los padres acercarse a los colegios para dejar o recoger a sus hijos por si llevan bombas pegadas al cuerpo? Salvo en momentos concretos, no debemos centrarnos en bloquear todas las formas en las que se pueden producir los atentados, sino en identificar y neutralizar a los terroristas y a sus redes.
Las autoridades deben darse cuenta de que existe un límite para las restricciones. No obstante, los contribuyentes deben también darse cuenta de que no existe la seguridad perfecta y que, si llegase a producirse un atentado que usara un método ya conocido pero que dejó de estar controlado en pos de una mayor fluidez en nuestras actividades diarias, no debe exigirse responsabilidades a los que tomaron tal decisión, pues lo único que conseguiríamos sería crear un clima de paranoia entre los políticos y los burócratas, que no dudarían en blindar nuestra vida diaria para asegurarse unos años más en la poltrona del poder.
Comentarios:
Aún no hay Comentarios para este post...
Se muestran únicamente los últimos 40 comentarios de cada post.
Manuel Delgado
autor
Contacto


