¿Sabes cómo somos los gallegos?

Ser gallego no es nacer en Galicia, es una filosofía de vida, compleja, eso sí, pero una filosofía como el budismo pero en color verde campo, botella también vale, incluso casi mejor.

Aunque seas de Huesca, Ruiz de los Caballeros o de Argamasilla de Alba, si quieres ser gallego… puedes serlo; hombre, hay que practicar, pero factible es, no te desanimes.

Te dejo aquí un relato del libro ¿Cómo somos los gallegos?, depende 2ª parte (editorialmarazul@yahoo.com) que es independiente del primer volumen; es decir, que puedes leer un relato de la primera parte, dos del segundo… no hay continuidad. Espero que te guste y, obviamente, más que lo compres porque… libro comprado… escritor alimentado.
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¿Es posible conocer al gallego?

No, conocer al gallego es imposible; intentos en la historia de la humanidad los ha habido, millones, pero todos han concluido en estrepitosos fracasos y algún que otro suicidio. ¿Y a qué se debe ello?, ¿qué peculiaridad tiene tan es- pecial el gallego que no es posible conocerlo?, ¿es más fácil, quizás, conocer a un miembro de la tribu Gungulungú de la zona de África Central, según entras a mano derecha?

Pues sí, saber cómo es un individuo de la tribu Gungulungú resulta mucho más fácil. Tu vas al clan, te pasas allí unos días y descubres que un gu ngulungú se levanta por la mañana en taparrabos, coge una lanza, va de caza, vuelve con un antílope, lo come a dentellada limpia… y a sobar, y el resto del día se dedica a afilar la punta de la lanza. Como los afiladores de Ourense pero en pelotas.

Bueno, también es posible que mientras asan al animal salten alrededor de él o den gritos en plan «hululu-hululu-hululu»; pero vamos, que eso viene a ser cuando el gallego dice: «¡¡¡¡Ei carballeira!!!!» o un asturiano «¡¡¡Patria que- ridaaaaaá!!!», nada que digas tú, «qué misterio». Un chillido y nada más, pues como cuando te pisan un pie, por ejemplo.

Al gallego no lo puedes conocer porque no lo puedes entender, y mejor que te dediques a saber cómo los egipcios construyeron las pirámides que es más fácil, y digo «cómo» y no «para qué», que eso está claro para qué las construyeron: para hacerles fotos. Y también, si quieres, pues vete con una palita de la playa y excava por la zona del Machu Picchu a ver si encuentras una ciudad perdida o pica en un paso de peatones de tu pueblo, que igual ahí está la Atlántida, oye, que a lo mejor… pero conocer a un gallego…

La ventaja de no poder conocerlo es que es un entretenimiento, como una especie de reto, un desafío. Tú oyes a un ruso y está claro, no lo entiendes porque ni idea de ruso; y lo mismo sucede con un eslavo, un sueco o un afgano, salvo que seas perro.

Sin embargo con el gallego estás en esa línea tan fina y delicada llena de dudas que te hace pensar: «Para mí que el gallego es, pero tal vez…», y esto, a diferencia del ruso, del eslavo, del sueco o del afgano, te activa la mente, te diviertes, y como es un asunto así como individual, de interioridad existencial, pues que no mareas a la familia, que no sabes tú lo que agradece que pases el tiempo con algo y no des la vara, ni te lo imaginas.

Al gallego nunca lo entenderás ni lo conocerás porque pertenece a otra realidad, a otro concepto de la vida, a otra dimensión, más cerca de lo etéreo que de lo real, de lo volátil que de lo constatable. Como una especie de brisa que habla. Y aunque para él todo está más que claro y lo que dice es evidente, pues para el resto de pobladores del planeta Tierra, no.

Tú vas en coche y le preguntas a un gallego auténtico que va por el arcén con su azada que por dónde se va a un pueblo, pongamos Arzúa, y te dice: «Vai ben, por alá»; pero ese «por alá…», como que es muy genérico, demasiado abstracto, porque el «por alá» puede ser de frente, a la derecha, a la izquierda o incluso que ya has llegado, que se han dado casos.

Y estoy segurísimo, pero segurísimo, que cuando emprendes la marcha y a cien o doscientos metros giras a la izquierda, el gallego que te ha dado la explicación y que ve la maniobra, piensa: «Istos son parvos…, lles digo por alá e se meten por alí». Y tiene razón, porque es tan diferente «por alá» que «por alí».

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