Esto de escribir cuentos infantiles es un poco triste ¿no?

Esto de escribir cuento infantiles, en mi caso los de Rodribico, es un poco penoso; bueno, un poco penoso no, muy pero que muy penoso. Tú escribes un libro sobre…  que te diría yo, recetas de cocina, por ejemplo, pues llega el tío o la tía a casa con el volumen, enciende los fogones y ¡¡hala!!, a pasar el tiempo haciendo platos y platos, y luego feliz a degustarlos. Genial.

Que lo que escribes es una novela de aventuras… pues el lector que se mete en el asunto, que se transforma, y a medianoche que se levanta, que coge un cuchillo (porque el tipo está empatado creyendo que está en el Amazonas) y mira por la casa a ver si hay una víbora escondida hasta que Aurora, su mujer,  le dice: «¡¡¡Manoloooooo, vente pacamaaaaa, pacamaaaaaaa !!!». Y Manolo que reacciona, se va para la piltra y sigue soñando con el Amazonas y con la oxyuranus microlepidotus; o sea, la víbora. Maravilloso.

Pero tú escribes cuentos infantiles…  ¿y cuál crees que es el mayor éxito de un cuento?. Que el chaval imagine…  no;  que aprenda formas y colores… no; como es un león o una pantera…  no; que ponga los ojos como platos mientras lo lee o se lo leen…  tampoco, justo todo lo contrario, que se duerma.

Vamos a ver, ¡¡¡¡por Dioooossssssss!!!!. Tú crees que alguien es feliz escribiendo para que otro se duerma… ¡¡¡qué vas ser hombre, qué vas a ser!!!. Tú piensas en lo que le gusta al niño, te estrujas las neuronas, descerebras,  medio enloqueces, trastornas, escribes ¿y qué hace el chaval?, se duerme.

¿Y eso no es triste?, ¿no es penoso?. Pues mucho mucho no, porque eso no es lo peor, sino que lo peor es cuando te encuentras al padre de la criatura y con una sonrisa y dándote una palmadita te suelta: «Tus cuentos son geniales, es comenzar a leérselos… oye, y el chaval se duerme como un lirón, pero como un lirón lirón».

Y claro, porque eres educados y tienes temple; pero cuando oyes esto del progenitor, te da ganas de decirle: «Y tú, tú por lo que me comentas, cuentos no necesitas verdad… porque despierto, lo que se dice despierto despierto… mucho ya no eres ¿no?». Tela, esto de la literatura infantil.

@manuelguisande

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6 comentarios


  1. Cara de Plata

    Que no, que no te desanimes, que el niño está muy interesado en tu cuento, seguro. Lo que ocurre es que los padres lo machacan durante toda la tarde con actividades extraescolares… Que si inglés a las cuatro, natación a las cinco, matemáticas, o lengua, o química a las seis, ballet a las siete, kick-boxing a las ocho… Precisamente para que se vayan a la cama después de cenar y no den la tabarra y les dejen hacer otro hermanito.
    El niño se va a la cama molido, y claro, se queda dormido. Sus padres entran en el cuarto, retiran tu cuento de su regazo -abierto muchas páginas más adelante de donde lo dejó ayer- , le tapan con la manta y apagan la luz. Hasta mañana.

    • Manuel Guisande

      Hola Cara de Plata y, llegados ya a este punto, AMIGO: 😉 😉 😉 pero no crees que ya puestos, en vez de escribir un cuento de 26 paginas, hago medios/cuentos, total al final el chaval nunca que se lo leen entero…. es que tal como lo planteas es peor, porque es como decir: “Mira niñito, y después de todo lo que ha hecho, ahora te va este marrón de cuento que te vas enterar” y entonces el niño… grogui 😉 Claro que bien visto, mis cuentos de rodribico es como un medicamento, como un valium sin efectos secundarios… a ver si también van a servir para adultos… Y ya puestos en esta amistad que nos une a través de internet y como hablamos de colegios y de actividades estoy pensando en ponerte una tarea, que des a conocer mi blog 😉 Un fuerte abrazo

  2. Cara de Plata

    Debe de ser difícil escribir cuentos infantiles actualmente, a la vista de que los niños están rodeados de tecnología y de -cada vez en más proporción- personas mayores. Yo recuerdo que de niño huía de todo lo que fuera específicamente infantil, y en buena parte me atraían las cosas de los adultos: juegos, deportes, programas de televisión, lecturas, etc. La adolescencia acrece, primero, a costa de la infancia, y luego de la madurez.

    • Manuel Guisande

      Hola Cara de Plata: No creas que es tan difícil, tienes que saber cómo piensan y hablar mucho con ellos para conocer el registro en el que van. Yo imparto muchos talleres de cómo escribir un cuento infantil y entonces estoy muy cerca de ellos. Otra cosa es que les guste el cuento, y ahí, o te dicen que si o que no, no andan a medias, para ellos no existe el «bueno…». Es divertido escribir para ellos y cuando los ves leyendo un libro tuyo…te emociona, porque sabes que siempre recordarán, que de pequeño leían… y entonces es una responsabilidad, por eso mis cuentos no dicen nadad de caca, culo pis… se alejan de esas groserías porque era los que les contaba a mis hijas. Un abrazo, amigo.

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