los niños… igual de maravillosos en todas partes

NIÑOS CORRIENDO 1

Los niños, esos chavalines que tienen cuatro, siete o doce años son igual de maravillosos en todas partes y da lo mismo donde estés que actuarán de la misma forma, de la mis manera.

Todos son clavaditos, como los que conocí en Dubai, cuando  junto con el fotógrafo Antonio Amboade presentamos la exposición En tu línea para los siete Emiratos Árabes; con los que hablé en Monterrey (México); los galleguiños que veo todos los días o los que conocí recientemente en Palencia, para los cuales la Diputación Provincial y el Ayuntamiento es un ejemplo a seguir por las innumerables y atractivas actividades que organizan para ellos.

Te presentan uno, y como tenga cinco o seis años se quedará impresionado cuando alguien le diga que eres escritor, porque para ellos como que las letras aparecen así porque sí en los libros. Y es normal, ellos abren uno, y allí están letras, las palabras,  ¡¡ cómo no van a estar !!. Qué va a haber ¿chipirones, gambas, quizás pimientos del piquillo?; pues no, letras.

Y si hablas con uno de cuatro años y le preguntas si antes de nacer ya sabía caminar… mirándote con sus ojillos que están como en otro mundo, y bajando la cabeza, te dirá que sí; vamos que el pequeñajo salía todas los días del vientre materno y se pegaban unas maratones del copón. Y lo mismo corría que nadaba o que ya saltaba con pértiga o hacia surf. Ellos dicen «sí», «no», «papá», «mamá»… para qué quieren saber más….

Y si son ya mayorcitos, de ocho o nueve, te mirarán en plan «a ver este tío de qué va» y, cuando les das confianza, lo mismo te cuentan un chiste, te invitan a jugar (porque te consideran su colega) o desean que te vayas porque eres un plasta.

Los niños tienen eso: una sinceridad abrumadora, una naturalidad y espontaneidad envidiable y si se empatan contigo se empatan, y si no… que venga otro «pero no como este»; bueno, «pero no como este» no suelen decir, más bien dicen «¡¡ Ja !!», que es más claro y hasta lo entienden en el sureste africano.

Yo os lo juro que a algunos de mi edad los metía nada más nacer en una incubadora tamaño XXXL y que no salieran de allí en toda su vida: todo  son dramas. Que si esto, que si lo otro, que si aquello… y ya no hablemos del tema de la salud… que me duele aquí, que si la cervicales, que si el brazo, que si la espalda… de verdad que a veces te encuentras con alguno que te da ganas de decirle que lo invitas a un poleo y ponerle polonio 128 es poco. Unas ganas de que desaparezca o hacerlo desaparecer… que bonita es la magia ¿verdad?

Tratar con niños es lo mejor que uno puede hacer; aprendes, te ríes, te llenan de alegría, disfrutas de su sano surrealismo y ves en ellos, en sus ojos, la ilusión, el futuro. Por eso, todo, absolutamente todo lo que hagamos por ellos siempre será poco. Siempre pero siempre, un fuerte abrazo colegas.

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Parecemos bobos, acabaremos comiendo pavo el Día de Accion de Gracias

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Ni en las principales ciudades de Galicia hay gallegos, ni en las del País Vasco vascos, ni en las de Andalucía andaluces o en las de Extremadura extremeños.

Poco a poco se ha ido perdiendo nuestra cultura, nuestra esencia, nuestra forma de ser, nuestra identidad; las multinacionales nos han «internacionalizado» en la mediocridad y para ellas ya solo somos una «masa» a la que llaman «clientes» o «compradores» de la que ahora obtienen los resultados tras años lavándonos el cerebro para vender toda clase de cosas, la mayoría innecesarias.

Estas megaempresas manejadas por magnates, que utilizan el más feroz neuromarketing y juegan con nosotros como peones en un tablero de ajedrez, nos están agilipollando: uniformándonos en el vestir como si fuéramos un ejército; en el hablar con términos como community manager, safety car o Business Development Manage y, lo que es más grave y preocupante, en un pensamiento único: el consumismo.

Ese conjunto de características que se heredan y se transmiten de padres a hijos, ese carácter que define el temperamento de un pueblo está desapareciendo por esta invasión a la que aún encima aplaudimos creyéndonos así que somos más modernos, más guais.

Ahora nos están convirtiendo en parias de un sistema consumista y ya solo en las aldeas y en pequeñas localidades es donde podemos encontrar, como si se trataran de tribus extrañas, la idiosincrasia de un pueblo, de sus gentes, que es lo mismo que decir: Nosotros.

Estas megaempresas han creado un mercado de mentecatos y paletos que en vez de valorar lo que les es propio, lo auténtico, las tradiciones adaptándolas a los nuevos tiempos, se apuntan a todo con el cerebro plano, sin pensar, sin analizar, sin cuestionarse nada.

Y les da lo mismo estar cinco, ocho o diez horas esperando a la intemperie a que abra una tienda, que pagar lo que no tienen porque solo viven del postureo, de la medianía.

Primero fue Papá Noel, luego el Halloween y ahora nos han metido en vena el Black fryday, a ver si así nos arruinamos más pronto y llenamos más rápidamente los bolsillos de quien en un despacho en Tokio o Nueva York se ríe viéndonos como imbéciles.

Sigamos haciéndoles el juego, sigámosles por la senda del consumismo absurdo y desenfrenado, histérico e irracional, por el de la imbecilidad más absoluta, y no te extrañe que el próximo año, el 23 de noviembre, celebremos con un pavo el Thanksgiving o Día de Acción de Gracias. Todo llegará.

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¿Cuánto crees que Junqueras habrá adelgazado cuando salga de prisión?

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Suele decirse, por eso de que cuando se mete la pata hay que convencer al personal, «de esta desgracia aprendemos todos», cuando en realidad se debería decir «mira que bien lo hicimos, que si no… ocurriría esto»; pero en fin, la estupidez no tiene límites; bueno sí, está en quien la dice, que tienes para elegir.., buff

Pues partiendo del absurdo «de los males se aprende» la pregunta clave del procés o no procés es: Junqueras, ese tipo rechoncho y regordete, hasta diría que cariñoso como un osito de peluche, que cuando habla todo lo dice en bajito como si no pasara nada aunque le caiga un rascacielos sobre su testa ¿cuánto habrá adelgazado cuando lo veamos por primera vez fuera de prisión?

A mí ya me extraña que todas esas casas de apuestas a las que le vale todo, no se les haya ocurrido hacer una con este asunto que me parece de vital importancia, bastante más que la vía esa unilateral, que si la vía es como la del tren que va a Galicia, está claro que no sale adelante ni de coña.

En unas declaraciones del 13 de enero del 2017, Junqueriñas dijo en una entrevista, que medía 1,78 y pesaba 82 kilos (esto no se lo cree ni Puchiño, pero si él lo dice… no lo voy a coger yo en brazos para calcularlo). O sea, D.Oriol sale casi a kilo por centímetro, y lleva en prisión cerca de 30 días.

Mira, yo nunca estuve en prisión (aunque igual por este articulo sí) pero estimo que un kilo cada tres días… bien a gusto lo pierde; es decir, que si lo vemos dentro de un mes justo en el patio, pues que el chaval nos pesa 72.

Y claro, como D. Oriol aparezca con 72 o menos…. pues que subirá el independentismo, pero no por ideología o convencimiento, sino por cuestiones metabólicas y fisiológicas, todo el personal querrá adelgazar y ya me veo yo yendo a miles ciudadanos de Cataluña, incluso de Cuenca, Vigo, Ceuta y Portugal (el australiano que no falte, que sino el asunto no tiene su aquél) al despacho de la jueza Lamela.

Y allí todos en plan: «♫♫ Soy independiente, Lamela soy independiente, soy independienteeee, Lamela soy independienteeee. Soy independiente, Lamela soy independiente, soy independienteeee, Lamela soy independienteeeee ♫♫». Aunque también me temo que habrá algún grosero que diga: «¡¡ Soy independiente !! , ¡¡ Lamela me la pela !!. ¡¡ Soy independiente !!, ¡¡ Lamela me la pela !!». Y todos… al trullo a adelgazar para el verano.

En fin; que para no llegar a estos límites y que se vayan de Cataluña ya hasta los gimnasios y centros afines, quien acierte cuánto kilos deja tras las rejas Junqueriña, le regalo un libro. Yo digo que, además de la cabeza, que ya la perdió, saldrá con 71. ¿Y tú?

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Mi último libro “¿Cómo somos los gallegos?, depende” Premio Fernando Arenas Quintela  de Literatura y Ensayo 2017

Lo puedes adquirir en Amazón y enArenas, Couceiro, Avir, Lume, Cascanueces, Inoa y Sisarga (A Coruña); Biblos (Betanzos); Follas Novas, Ler y Gallaecia (Santiago); Trama y La Voz de la Verdad (Lugo); Central librera (Ferrol); Librouro (Vigo), Cronopios y Metáfora (Pontevedra); Porta da Vila (Viveiro).

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La anécdota del correo electrónico

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Esto de las anécdotas… pues unas parecen que son inventadas, pero otras son reales como la vida misma, y algunas, cuando te pasan y las cuentas, comprendo que sean difíciles de creer y hasta yo mismo pienso si las soñé; pero no, las viví, y que si las viví… No las olvido.

Esta, que titulo, la anécdota del correo electrónico, me sucedió con un colega de profesión que también se dedica al diseño de libros. Hay que explicar que para nosotros los de Prensa, (no los de la Radio y Televisión, que hacen programas a las siete de la mañana con una voz clara de huevo que es flipante) eso de levantarnos pronto no nos va, y es que como la mayoría de las ruedas de Prensa son sobre las once o doce… pues con los años te acostumbras a un horario que, trasnochar… lo que quieras, pero madrugar… imposible.

El caso es que un día tenía que enviar por correo electrónico un trabajo  a una editorial. Ya de noche, al hacer un repaso de todos los documentos comprobé que me faltaba una página.

Dudaba si llamar o no a mi amigo, pero viendo que eran casi las dos de la mañana, pensé que lo mejor sería dormir, despertarme a las ocho, que me enviara la susodicha página y, luego, reenviar todo a la editorial.

Así que a las ocho, en cuanto sonó el despertador… miento, los tres despertadores que puse, inmediatamente cogí el teléfono, lo llamé, le pedí disculpas por la hora que era y le expliqué lo que había sucedido. Él, muy amablemente, dijo que «casi estaba despierto», me contestó que no me preocupara y que me la enviaba en cinco minutos.

Entonces me pidió mi correo electrónico. Eso de pedirme el correo electrónico me extrañó y mucho porque no solo lo tenía desde hacia años, sino que, además, los días anteriores nos habíamos enviado cientos de ellos, pero aún así se lo di y comencé: «manuel.guisande…».

Yo notaba que lo iba escribiendo porque murmuraba: «ma-nu-el, pun-to, gui-san-de…» y continué: «@yahoo… ». Y en esas estaba yo, ya con el «@yahoo», cuando se hace un silencio y me pregunta: «Oye, ¿@ qué es, con B o con un V?». Ni que decir tiene que lo llamé sobre las 12. ¿ @  con B o con un V? Bo.

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Mi último libro “¿Cómo somos los gallegos?, depende” Premio Fernando Arenas Quintela  de Literatura y Ensayo 2017

Lo puedes adquirir en: Arenas, Couceiro, Avir, Lume, Cascanueces, Inoa y Sisarga (A Coruña); Biblos (Betanzos); Follas Novas, Ler y Gallaecia (Santiago); Trama y La Voz de la Verdad (Lugo); Central librera (Ferrol); Librouro (Vigo), Cronopios y Metáfora (Pontevedra); Porta da Vila (Viveiro).

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La “gallegada” de Puchiño – Puigdemont

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No tengo la menor duda, Puigdemont (en adelante Puchiño) es gallego. Y es gallego porque solo un gallego, un gallego auténtico, es capaz, antes una disyuntiva de sí o no, sacarse una teoría tan alucinante como esta en la que el personal no es que no sepa si sube o baja, es que no sabe ni donde está: si en una autonomía, en una República, si fuera de España, dentro, o pertenece al sureste de Manchuria. Vamos, que esto lo hace Puchiño en 1914 y deja a Einstein y su relatividad a la altura del betún.

Un crac el Puchiño este; bueno un crac menos para los cientos de periodistas extranjeros que ayer en el Parlament debieron de alucinar cuando tras la declaración, al preguntar a los colegas patrios, estos… pues para unos que sí y para otros que no. Y supongo que se quedarían con eso de Spain is different, pero tanto…

Y es que el asunto es mucho. Ya ves; vienes con las cámaras desde China, Japón, Noruega o Finlandia, esperas no sé cuantas ahora, grabas y grabas y al final… pues una gallegada del copón, ni sí, ni no, ni todo lo contrario y como en este caso no vale la foto finish… pues depende.

Y en el fondo, esta decisión no decisión pues está genial, ya que yo, que soy gallego, lo primero que deduzco es la importancia e influencia que la colectividad galaica tiene en Cataluña, por lo que no me extrañaría que en cosa de seis o siete años, como mucho, pues el Honorable termine siendo uno que nació en Coristanco, Arzúa o Boqueixón, aunque espero que menos revirado, que los gallegos gallegos somos más nobles pero este nos salió….

Es decir; que tenemos un futuro prometedor, que al final la emigración va a dar sus frutos, que no hay mal que cien años dure. Joé lo que sabía mi abuela sin moverse de la mesa camilla y con el brasero en plan Altos Hornos….

Y esto es lo que deduzco, como se suele decir, a vuela pluma, y no entro en las intimidades y detalles de Puchiño, especialmente sobre su pelo – casco, que me tiene frito desde hace meses; pero si me dicen que en la intimidad, antes de acostarse, por el pasillo de su casa baila la muiñeira… me lo creo, aunque eso sí, el pijama… me da que a rayas, para ir mentalizándose.

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Mi último libro “¿Cómo somos los gallegos?, depende” Premio Fernando Arenas Quintela  de Literatura y Ensayo 2017

Lo puedes adquirir en: Librerías: Arenas, Couceiro, Avir, Lume, Cascanueces, Inoa y Sisarga (A Coruña); Biblos (Betanzos); Follas Novas, Ler y Gallaecia (Santiago); Trama y La Voz de la Verdad (Lugo); Central librera (Ferrol); Librouro (Vigo), Cronopios y Metáfora (Pontevedra); Porta da Vila (Viveiro). Próximamente en Pontevedra, Ourense, Sanxenxo, Cangas, y Foz

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Ser separatista es ser racista, pero de otra manera


En la vida puedes estar callado y es posible que no te suceda nada, pero personalmente prefiero a aquel que manifiesta sus ideas, sean las que sean, porque el intercambio de pareceres siempre es beneficioso. Digamos que es cuestión personal, de actitud.

En este sentido, obviamente para mí, ser independentista, cuando desde hace cientos de años se pertenece a una nación en igualdad de condiciones (con los mismos derechos y obligaciones) y aún encima vives mejor que el resto de quienes habitan en ella,  es igual que ser racista pero de otra forma.

Lógicamente es muy distinto si hablamos de colonias o territorios ocupados, dominados por unas élites ajenas a la población a la que explota, porque entonces es entendible que se desee tener una soberanía, una independencia, para elegir un destino común, un nuevo camino, pero este no es el caso de Cataluña.

Y no lo es por no ser colonia y porque el territorio siempre permanece inalterable y la población no deja de ser un «inquilino», pues antes que los catalanes en el mismo espacio estuvieron otras civilizaciones y es muy probable que dentro de cien, doscientos o quinientos años haya otras.

Es habitual escuchar referirse al racismo por el color de la piel, a la discriminación por cuestiones religiosas, ideológicas, de sexo… pero el independentista (que, repito, no me refiero a colonias o tierras ocupadas) parte de un planteamiento: la segregación porque él se siente «diferente». 

Y a ese «diferente» le añade aspectos como porque hablo un idioma, porque pertenezco a un grupo definido, porque tengo una cultura, unas costumbres o tradiciones que «solo son mías», si entender o no querer entender que aislarse es volver a unas estructuras primitivas donde la única palabra que existe es «yo y yo», cuando en la diversidad está la riqueza de una convivencia.

El independentista, en el fondo, es como aquel niño pijo que se siente distinto porque su padre es o deja de ser esto o aquello y no quiere mezclarse contigo porque él es diferente, superior, pertenece a otra clase porque él es el más listo, el más inteligente, el más alto y el más guapo… otra cosa.

Quien no es capaz de seguir conviviendo en una nación en la que lleva cientos de años y su planteamiento es que quiere irse porque pertenece o se siente «otra cosa», lo que hace es actuar bajo parámetros ideológicos de la discriminación, de la segregación; unos parámetros de los que hasta es posible que no sea consciente. Y es normal que esto ocurra cuando desde pequeño te meten en la cabeza «que eres diferente» y no te educan en la libertad de las ideas.

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Hacer negocios con un gallego… la repera mariló

Artículo del libro ¿Cómo somos los gallegos?, depende

Lo de hacer negocios con un gallego tiene su aquel, porque si es tan inteligente como desconfiado cuando le hablas, no te digo nada si lo que quieres es comprarle algo de su propiedad: una casa, una tierra, una vaca… dos vacas…

Tú quieres comprarle una casa en la aldea a un gallego, y la primera pregunta que te hace es ¿e logo?»; y tras el «¿e logo?», la segunda, «¿e por que eiquí?». La primera es fácil de contestar, porque solo tienes que decir que eres un ser humano y prefieres vivir en el campo que en la ciudad; pero la segunda ya es más compleja, ya que si le dices que te ha traído una persona a la que le sonaba que vendían una casa y que no sabes ni dónde estás…

Y es que el gallego piensa de todo menos en lo que tiene que pensar: que la deseas para eso, para vivir, que por eso se llama casa y cualquier diccionario del mundo, si lees la definición, lo pone meridianamente claro. Por ejemplo, la Real Academia Española, «Casa: Edificio para habitar»; la Académie Française, «Maison: Bâtiment construit pour servir d`habitation aux personnes»; la Royal Academy of English, «House: A building in wich people live»; y en árabe, me imagino que algo así tipo pestañitas: «´`´`; ;_ ,,,“ `_,; ». O sea; ca-sa, vi-vir.

Pues para el gallego no, para el diccionario mental del gallego, el asunto de la compra de una casa empieza con el «¿e logo?» y luego surgen otras variantes concomitantes que no las dice, pero que no se le van de la cabeza: «¿E se pon un club de chicas?, ¿e se despois vén xente eiquí?».

A ver, que un matrimonio quiera comprar una casa para hacer un club de alterne teniendo dos hijos de cinco y siete años y otro que viene en camino… pues complicado, salvo que el antro esté integrado por exenfermeras del Materno Infantil que se hayan puesto el mundo por montera, lo cual como que no, y que los clientes sean pediatras, que lo dudo.

Como también dudo que alguien pudiera encontrar el club en este lugar que parece como el triángulo de las Bermudas porque no hay forma de sintonizar ni la radio, pero bueno, todo es posible. Y que venga gente… pues vendrá, porque salvo que los López Castro, que son los que quieren la casa, estén fugados de la Justicia, se supone que tendrán amigos y que los visitarán algún día. Tampoco es que vengan excursiones; pero un coche o dos de vez en cuando…

Y entre que el gallego  no es muy dado a vender y que los López Castro han decidido irse a vivir al campo y les ha gustado la casilla, pues no creas que el asunto termina en entregar un dinero, ir al notario y cambiar la propiedad, ¡ya quisieras tú!

Comprar una casa en una aldea es más difícil que hacerte socio del Jimmy`z de Montecarlo o entrar por la cara en el Palacio de La Zarzuela. El gallego, antes de vendértela te dará largas con una sola finalidad:

Saber quién y cómo eres, y no te hará un análisis de sangre para conocer tu grupo sanguíneo y el ADN porque la aldea es como es, que si pudiera… entubado estarías allí unos días antes de firmar la escritura con la boca. Y lo curioso del gallego es cuando después de vendértela te pregunta: «Entón a quere pra vivir eiquí, ¿non?», y piensas: «No, casi la voy a vaciar y voy a jugar al tenis».

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El libro ¿Cómo somos los gallegos?, depende», Premio Fernando Arenas Quintela 2o17 se puede adquirir en, por ahora:

Arenas, Couceiro, Avir, Lume, Cascanueces, Inoa y Sisarga (A Coruña); Biblos (Betanzos) Follas Novas, Ler y Gallaecia (Santiago);  Trama  y La Voz de la Verdad (Lugo); Central librera (Ferrol); Librouro (Vigo), Porta da Vila (Viveiro). Próximamente en Pontevedra, Ourense, Sanxenxo, Cangas, y Foz y hasta el día 10 de agosto en la Feria del Libro de A Coruña caseta 21 (Arenas).

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Los másters, el gran negocio de unos cuantos

Quizás sea un poco raro, pero a mí realmente me extraña mucho que un país, al que el día de Fin de Año le tienen que poner en la televisión los numeritos con las doce campanadas porque es incapaz de diferenciarlas de los famosos cuartos, ahora resulte que es imprescindible que nuestros hijos estudien un máster.

Es como si España no se hubiera desarrollado desde décadas sin esos «estudios especiales» y no contásemos con especialistas suficientemente preparados en todos los campos que cualquiera pueda imaginar, bien sea la medicina, la ciencia o la tecnología.

Pues por lo visto es necesario un máster tanto o igual como los zapatos o vestirse; y cierto es que está más cerca de esto (de los zapatos y de vestirse) como un bien de consumo al igual que el Iphone 4.700, que otra cosa.

A mí lo que me da es que tras ellos se esconde un auténtico chollo, un negocio para unos pocos y que al hacerlos «imprescindibles» las familias se las ven y se las desean para poder pagarlos y, en muchos casos, que haya quien no pueda realizarlos y así discriminar una vez más (que es como funciona el sistema) a la sociedad: ricos y pobres.

Y es que además, tener un máster no te asegura estar más capacitado que otro (ya que solo se trata de conocimientos) y estos se pueden adquirir en el trabajo diario; pero claro, así, en con un empleo, en vez de pagar se cobra y eso no es plan para unos cuantos. Lo que sí es cierto, y en esto estamos todos de acuerdo, es que los máster dan más créditos, sí, pero al banco. Sinceramente, de mamoneos y estos singulares robos, cada día estoy más harto.

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Amancio Ortega y las donaciones a la sanidad pública

En algunas ocasiones he criticado a Amancio Ortega por no invertir en España en los momentos más duros de la crisis y que es mejor estar en el número 1 en la lista de Agradecimientos que en la de Forbes o, dicho de otra manera: que es mejor ser recordado como persona (con todo lo que ella implica) que no como multimillonario.

Pero esto no viene a cuento ahora; ahora lo que importa es que el señor Amancio Ortega ha dado de su bolsillo casi 350 millones de euros a la sanidad pública para la renovación de los equipos de diagnóstico y tratamiento del cáncer y hay quien se manifiesta en contra alegando que es como dar limosna y que debería ser el Estado (todos) quien los adquiriera.

O algunos de este país viven agilipollados, no han salido de casa, son insensibles o no tienen esta enfermedad y hablan con una frialdad desde una tribuna que da pánico, porque en EE. UU y otros países es normal este tipo de acciones.

Y lo que ha hecho Amancio Ortega es, se quiera o no, un acto de generosidad por una razón: porque con  esos aparatos van a ayudar a la gente, y por otra cuestión, porque cada uno con su dinero hace lo que le viene en gana.

Ojalá que el señor Amancio Ortega siga con este tipo de donaciones para el bien de todos; desde luego que para mí no será limosna, será un motivo de agradecérselo, y presiento que el empresario va a comenzar una auténtica escalada para llegar al número 1 de la lista de Agradecimientos. Tiempo al tiempo.</s

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Yo nunca podría ser un asesino en serie

No hay como la Semana Santa para reencontrarse uno consigo mismo y descubrirse interiormente. Yo, por ejemplo, estos días pasados me he dado cuenta de que nunca podría ser un asesino en serie.

Supongo que será de cuando hice sucesos en el periódico La Voz de Galicia lo que hace que me atraigan todas las investigaciones policiales; pero por mucho que lo deseo he llegado a una conclusión: asesino en serie… imposible, y mira que me gustaría, pero no puede ser, ¡qué le vamos a hacer…!

Policía sí, pero, en confianza, creo que solo el que se pone los guantes, el que coge con unas pincitas chiquirritinas elllas una cosilla que encuentra en la alfombra, la mete en una bolsita de plástico y piensa: «¡Hala!, pal listillo ese del microscopio».

Hombre, en esto de ser asesino en serie, podría quizás darte un empujoncito en un acantilado y poco más; pero aún así… llevarte a un barranco, con los friolero que soy y donde suele hacer un pelete… o me queda cerca de casa y llevo una alargadera con una manta eléctrica… o no.

Y lo de los disparos… eso totalmente descartado, desde que fui una vez a las Fallas de Valencia tengo un rechazo a los ruidos… y a bocajarro menos, esperar a bostezar para disparar… ¡qué paciencia!.

Lo único que me queda, pensándolo bien, es el veneno; pero tampoco le veo yo trazas porque no tengo mucha memoria y cuando acabara con el frasco pues me olvidaría de la marca, y como hay que seguir matando…

Claro que me queda la posibilidad de ir a la Policía y preguntar «Mire, ¿me podría decir de qué marca es el veneno que tiene el fiambre?»; pero claro, o la Policía es muy tonta o levantaría sospechas, porque ya me dirás tú qué pensaría un agente que le viene uno de la calle a preguntar por la clase de veneno.

Además, como yo soy muy así: o sea, gallego, le diría: «¿Pero está seguro?, ¿y el frasco de qué color es? ¡Ah!, dijo Venenil ¿no? Y mire, Venenil qué es ¿con B o con V? ¿y no tendrá usted por ahí…?». De verdad, o el pavo es muy tonto o me atrapan.

Y luego hay otro problema, la víctima, sí, la víctima; porque si envenenas a una, la siguiente tiene que ser más o menos igual; es decir que si te cargas a una mujer rubia, de pelo rizado y ojos azules…. pues no sé tú, pero yo a la semana ya no estaría seguro si era rubia, si tenía el pelo rizado o si tenía los ojos azules y rasgados como una japonesa o saltones como una del kurdistán, una falta de memoria tengo… Y claro te puedes olvidar de cosas, pero un asesino en serie de eso… ¡¡por favor, por favor!!

Y es una pena, porque yo siempre pensé que tenía madera, que tenía así como algún algo especial para eso, cualidades, si quieres llamarlo; pero tras ver tantas investigaciones policiales, me da que lo mejor es que siga siendo lo que soy, tonto, porque eso, tonto… lo bordo.

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Mi último libro: Tonterías escritas en momentos de estupidez 

Lo podéis encargar en editorialmarazul@yahoo.com, (10 €),  o encontrar en las siguientes librerías gallegas por orden alfabético.

Librerías: A Coruña Arenas. 981 22 24 42 / Betanzos. Biblos. 981771 816 Ferrol Central librería. 981 35 09 56 / Lalín.  Alvarellos. 986 78 00 66 / Lugo, Biblos. 982 22 42 01 / Monforte de Lemos.  Agrasar.    982 40 45 42 / O Barco de Valdeorras. Librería Murciego. 988 32 17 57 / Ourense. Tanco. 988 232 331 / Pontevedra. Cronopios. 986 10 34 44 / Ribeira.  Mirás.  981 87 12 14 / Santiago. Follas Novas. 981 59 44 06 / Vigo. Librouro. 986 22 63 17 /  Vilagarcía de Arousa Librería Vidal. 986 50 61 77 / Viveiro.  Porta da Vila.  982 551 274 /

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