La “gallegada” de Puchiño – Puigdemont

puig

No tengo la menor duda, Puigdemont (en adelante Puchiño) es gallego. Y es gallego porque solo un gallego, un gallego auténtico, es capaz, antes una disyuntiva de sí o no, sacarse una teoría tan alucinante como esta en la que el personal no es que no sepa si sube o baja, es que no sabe ni donde está: si en una autonomía, en una República, si fuera de España, dentro, o pertenece al sureste de Manchuria. Vamos, que esto lo hace Puchiño en 1914 y deja a Einstein y su relatividad a la altura del betún.

Un crac el Puchiño este; bueno un crac menos para los cientos de periodistas extranjeros que ayer en el Parlament debieron de alucinar cuando tras la declaración, al preguntar a los colegas patrios, estos… pues para unos que sí y para otros que no. Y supongo que se quedarían con eso de Spain is different, pero tanto…

Y es que el asunto es mucho. Ya ves; vienes con las cámaras desde China, Japón, Noruega o Finlandia, esperas no sé cuantas ahora, grabas y grabas y al final… pues una gallegada del copón, ni sí, ni no, ni todo lo contrario y como en este caso no vale la foto finish… pues depende.

Y en el fondo, esta decisión no decisión pues está genial, ya que yo, que soy gallego, lo primero que deduzco es la importancia e influencia que la colectividad galaica tiene en Cataluña, por lo que no me extrañaría que en cosa de seis o siete años, como mucho, pues el Honorable termine siendo uno que nació en Coristanco, Arzúa o Boqueixón, aunque espero que menos revirado, que los gallegos gallegos somos más nobles pero este nos salió….

Es decir; que tenemos un futuro prometedor, que al final la emigración va a dar sus frutos, que no hay mal que cien años dure. Joé lo que sabía mi abuela sin moverse de la mesa camilla y con el brasero en plan Altos Hornos….

Y esto es lo que deduzco, como se suele decir, a vuela pluma, y no entro en las intimidades y detalles de Puchiño, especialmente sobre su pelo – casco, que me tiene frito desde hace meses; pero si me dicen que en la intimidad, antes de acostarse, por el pasillo de su casa baila la muiñeira… me lo creo, aunque eso sí, el pijama… me da que a rayas, para ir mentalizándose.

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Mi último libro “¿Cómo somos los gallegos?, depende” Premio Fernando Arenas Quintela  de Literatura y Ensayo 2017

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FOTO SOLO PORTADA GALLEGOS

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Ser separatista es ser racista, pero de otra manera


En la vida puedes estar callado y es posible que no te suceda nada, pero personalmente prefiero a aquel que manifiesta sus ideas, sean las que sean, porque el intercambio de pareceres siempre es beneficioso. Digamos que es cuestión personal, de actitud.

En este sentido, obviamente para mí, ser independentista, cuando desde hace cientos de años se pertenece a una nación en igualdad de condiciones (con los mismos derechos y obligaciones) y aún encima vives mejor que el resto de quienes habitan en ella,  es igual que ser racista pero de otra forma.

Lógicamente es muy distinto si hablamos de colonias o territorios ocupados, dominados por unas élites ajenas a la población a la que explota, porque entonces es entendible que se desee tener una soberanía, una independencia, para elegir un destino común, un nuevo camino, pero este no es el caso de Cataluña.

Y no lo es por no ser colonia y porque el territorio siempre permanece inalterable y la población no deja de ser un «inquilino», pues antes que los catalanes en el mismo espacio estuvieron otras civilizaciones y es muy probable que dentro de cien, doscientos o quinientos años haya otras.

Es habitual escuchar referirse al racismo por el color de la piel, a la discriminación por cuestiones religiosas, ideológicas, de sexo… pero el independentista (que, repito, no me refiero a colonias o tierras ocupadas) parte de un planteamiento: la segregación porque él se siente «diferente». 

Y a ese «diferente» le añade aspectos como porque hablo un idioma, porque pertenezco a un grupo definido, porque tengo una cultura, unas costumbres o tradiciones que «solo son mías», si entender o no querer entender que aislarse es volver a unas estructuras primitivas donde la única palabra que existe es «yo y yo», cuando en la diversidad está la riqueza de una convivencia.

El independentista, en el fondo, es como aquel niño pijo que se siente distinto porque su padre es o deja de ser esto o aquello y no quiere mezclarse contigo porque él es diferente, superior, pertenece a otra clase porque él es el más listo, el más inteligente, el más alto y el más guapo… otra cosa.

Quien no es capaz de seguir conviviendo en una nación en la que lleva cientos de años y su planteamiento es que quiere irse porque pertenece o se siente «otra cosa», lo que hace es actuar bajo parámetros ideológicos de la discriminación, de la segregación; unos parámetros de los que hasta es posible que no sea consciente. Y es normal que esto ocurra cuando desde pequeño te meten en la cabeza «que eres diferente» y no te educan en la libertad de las ideas.

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Hacer negocios con un gallego… la repera mariló

Artículo del libro ¿Cómo somos los gallegos?, depende

Lo de hacer negocios con un gallego tiene su aquel, porque si es tan inteligente como desconfiado cuando le hablas, no te digo nada si lo que quieres es comprarle algo de su propiedad: una casa, una tierra, una vaca… dos vacas…

Tú quieres comprarle una casa en la aldea a un gallego, y la primera pregunta que te hace es ¿e logo?»; y tras el «¿e logo?», la segunda, «¿e por que eiquí?». La primera es fácil de contestar, porque solo tienes que decir que eres un ser humano y prefieres vivir en el campo que en la ciudad; pero la segunda ya es más compleja, ya que si le dices que te ha traído una persona a la que le sonaba que vendían una casa y que no sabes ni dónde estás…

Y es que el gallego piensa de todo menos en lo que tiene que pensar: que la deseas para eso, para vivir, que por eso se llama casa y cualquier diccionario del mundo, si lees la definición, lo pone meridianamente claro. Por ejemplo, la Real Academia Española, «Casa: Edificio para habitar»; la Académie Française, «Maison: Bâtiment construit pour servir d`habitation aux personnes»; la Royal Academy of English, «House: A building in wich people live»; y en árabe, me imagino que algo así tipo pestañitas: «´`´`; ;_ ,,,“ `_,; ». O sea; ca-sa, vi-vir.

Pues para el gallego no, para el diccionario mental del gallego, el asunto de la compra de una casa empieza con el «¿e logo?» y luego surgen otras variantes concomitantes que no las dice, pero que no se le van de la cabeza: «¿E se pon un club de chicas?, ¿e se despois vén xente eiquí?».

A ver, que un matrimonio quiera comprar una casa para hacer un club de alterne teniendo dos hijos de cinco y siete años y otro que viene en camino… pues complicado, salvo que el antro esté integrado por exenfermeras del Materno Infantil que se hayan puesto el mundo por montera, lo cual como que no, y que los clientes sean pediatras, que lo dudo.

Como también dudo que alguien pudiera encontrar el club en este lugar que parece como el triángulo de las Bermudas porque no hay forma de sintonizar ni la radio, pero bueno, todo es posible. Y que venga gente… pues vendrá, porque salvo que los López Castro, que son los que quieren la casa, estén fugados de la Justicia, se supone que tendrán amigos y que los visitarán algún día. Tampoco es que vengan excursiones; pero un coche o dos de vez en cuando…

Y entre que el gallego  no es muy dado a vender y que los López Castro han decidido irse a vivir al campo y les ha gustado la casilla, pues no creas que el asunto termina en entregar un dinero, ir al notario y cambiar la propiedad, ¡ya quisieras tú!

Comprar una casa en una aldea es más difícil que hacerte socio del Jimmy`z de Montecarlo o entrar por la cara en el Palacio de La Zarzuela. El gallego, antes de vendértela te dará largas con una sola finalidad:

Saber quién y cómo eres, y no te hará un análisis de sangre para conocer tu grupo sanguíneo y el ADN porque la aldea es como es, que si pudiera… entubado estarías allí unos días antes de firmar la escritura con la boca. Y lo curioso del gallego es cuando después de vendértela te pregunta: «Entón a quere pra vivir eiquí, ¿non?», y piensas: «No, casi la voy a vaciar y voy a jugar al tenis».

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Los másters, el gran negocio de unos cuantos

Quizás sea un poco raro, pero a mí realmente me extraña mucho que un país, al que el día de Fin de Año le tienen que poner en la televisión los numeritos con las doce campanadas porque es incapaz de diferenciarlas de los famosos cuartos, ahora resulte que es imprescindible que nuestros hijos estudien un máster.

Es como si España no se hubiera desarrollado desde décadas sin esos «estudios especiales» y no contásemos con especialistas suficientemente preparados en todos los campos que cualquiera pueda imaginar, bien sea la medicina, la ciencia o la tecnología.

Pues por lo visto es necesario un máster tanto o igual como los zapatos o vestirse; y cierto es que está más cerca de esto (de los zapatos y de vestirse) como un bien de consumo al igual que el Iphone 4.700, que otra cosa.

A mí lo que me da es que tras ellos se esconde un auténtico chollo, un negocio para unos pocos y que al hacerlos «imprescindibles» las familias se las ven y se las desean para poder pagarlos y, en muchos casos, que haya quien no pueda realizarlos y así discriminar una vez más (que es como funciona el sistema) a la sociedad: ricos y pobres.

Y es que además, tener un máster no te asegura estar más capacitado que otro (ya que solo se trata de conocimientos) y estos se pueden adquirir en el trabajo diario; pero claro, así, en con un empleo, en vez de pagar se cobra y eso no es plan para unos cuantos. Lo que sí es cierto, y en esto estamos todos de acuerdo, es que los máster dan más créditos, sí, pero al banco. Sinceramente, de mamoneos y estos singulares robos, cada día estoy más harto.

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Amancio Ortega y las donaciones a la sanidad pública

En algunas ocasiones he criticado a Amancio Ortega por no invertir en España en los momentos más duros de la crisis y que es mejor estar en el número 1 en la lista de Agradecimientos que en la de Forbes o, dicho de otra manera: que es mejor ser recordado como persona (con todo lo que ella implica) que no como multimillonario.

Pero esto no viene a cuento ahora; ahora lo que importa es que el señor Amancio Ortega ha dado de su bolsillo casi 350 millones de euros a la sanidad pública para la renovación de los equipos de diagnóstico y tratamiento del cáncer y hay quien se manifiesta en contra alegando que es como dar limosna y que debería ser el Estado (todos) quien los adquiriera.

O algunos de este país viven agilipollados, no han salido de casa, son insensibles o no tienen esta enfermedad y hablan con una frialdad desde una tribuna que da pánico, porque en EE. UU y otros países es normal este tipo de acciones.

Y lo que ha hecho Amancio Ortega es, se quiera o no, un acto de generosidad por una razón: porque con  esos aparatos van a ayudar a la gente, y por otra cuestión, porque cada uno con su dinero hace lo que le viene en gana.

Ojalá que el señor Amancio Ortega siga con este tipo de donaciones para el bien de todos; desde luego que para mí no será limosna, será un motivo de agradecérselo, y presiento que el empresario va a comenzar una auténtica escalada para llegar al número 1 de la lista de Agradecimientos. Tiempo al tiempo.</s

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Yo nunca podría ser un asesino en serie

No hay como la Semana Santa para reencontrarse uno consigo mismo y descubrirse interiormente. Yo, por ejemplo, estos días pasados me he dado cuenta de que nunca podría ser un asesino en serie.

Supongo que será de cuando hice sucesos en el periódico La Voz de Galicia lo que hace que me atraigan todas las investigaciones policiales; pero por mucho que lo deseo he llegado a una conclusión: asesino en serie… imposible, y mira que me gustaría, pero no puede ser, ¡qué le vamos a hacer…!

Policía sí, pero, en confianza, creo que solo el que se pone los guantes, el que coge con unas pincitas chiquirritinas elllas una cosilla que encuentra en la alfombra, la mete en una bolsita de plástico y piensa: «¡Hala!, pal listillo ese del microscopio».

Hombre, en esto de ser asesino en serie, podría quizás darte un empujoncito en un acantilado y poco más; pero aún así… llevarte a un barranco, con los friolero que soy y donde suele hacer un pelete… o me queda cerca de casa y llevo una alargadera con una manta eléctrica… o no.

Y lo de los disparos… eso totalmente descartado, desde que fui una vez a las Fallas de Valencia tengo un rechazo a los ruidos… y a bocajarro menos, esperar a bostezar para disparar… ¡qué paciencia!.

Lo único que me queda, pensándolo bien, es el veneno; pero tampoco le veo yo trazas porque no tengo mucha memoria y cuando acabara con el frasco pues me olvidaría de la marca, y como hay que seguir matando…

Claro que me queda la posibilidad de ir a la Policía y preguntar «Mire, ¿me podría decir de qué marca es el veneno que tiene el fiambre?»; pero claro, o la Policía es muy tonta o levantaría sospechas, porque ya me dirás tú qué pensaría un agente que le viene uno de la calle a preguntar por la clase de veneno.

Además, como yo soy muy así: o sea, gallego, le diría: «¿Pero está seguro?, ¿y el frasco de qué color es? ¡Ah!, dijo Venenil ¿no? Y mire, Venenil qué es ¿con B o con V? ¿y no tendrá usted por ahí…?». De verdad, o el pavo es muy tonto o me atrapan.

Y luego hay otro problema, la víctima, sí, la víctima; porque si envenenas a una, la siguiente tiene que ser más o menos igual; es decir que si te cargas a una mujer rubia, de pelo rizado y ojos azules…. pues no sé tú, pero yo a la semana ya no estaría seguro si era rubia, si tenía el pelo rizado o si tenía los ojos azules y rasgados como una japonesa o saltones como una del kurdistán, una falta de memoria tengo… Y claro te puedes olvidar de cosas, pero un asesino en serie de eso… ¡¡por favor, por favor!!

Y es una pena, porque yo siempre pensé que tenía madera, que tenía así como algún algo especial para eso, cualidades, si quieres llamarlo; pero tras ver tantas investigaciones policiales, me da que lo mejor es que siga siendo lo que soy, tonto, porque eso, tonto… lo bordo.

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Cosas que ocurren entre mexicanos

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Hace unos días, aquí en Monterrey (México), a unos doscientos metros de donde duermo hubo una balacera. Eso de la balacera, leído así, suena a baile, como a una danza melosa, incluso empalagosa de una pareja que se da arrumacos a los sones de una orquesta. Pues no.

Una balacera es una ensalada de tiros a diestro y siniestro, un «a que yo más», un, en plan local, «la chingaste». Unos que desenfundan, otros que hacen lo mismo y, ¡hala!, un bacalao de disparos y que dios reparta suerte.

Pues ni así me desperté, solo al día siguiente, al leer el diario Milenio, me enteré de ello; vamos, que ni se comentó el asunto, como si fuera lo más normal.

Si me llego a despertar no sé muy bien qué haría, sin contar el número de heridos, recoger fiambres no puedo porque no tengo fuerzas, pero sí hacerme con alguno de los casquillos como recuerdo. Incluso a lo mejor, en un arrebato, ir al lugar y hablar con los delincuentes en plan «pero hombre, que no son horas, que no son horas…».

Pero estoy seguro de que si hablara con ellos me dirían «oye güey, que si son horas manito, que son ocho de currele, llevamos seis y aún nos quedan dos na más… y duerma tranquilo compadre, que esto es entre nosotros…».

Y claro, si tú oyes eso de «esto es entre nosotros», te da como un no sé qué haber interrumpido la refriega, una falta de cortesía y… pues oye, que los animas, que solo en la calzada hay cuatro millones de casquillos y que por los cálculos que has hecho, otros tres millones bien entran, y que nada, que disculpen y que sigan a lo suyo y eso, que perdonen por infringir la ley de Protección de Datos, que yo no digo nada.

Y creo que en el fondo tendrían razón, porque aquí en Monterrrey parece que todo está muy ordenado con dos turnos de trabajo: el de mañana, en el que están los que viven; y el de la noche, que están los a ver quien vive. Y eso, como que te da tranquilidad ¿no?. Pues no.

 

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Un honor que no merezco

tec-3Uno de los edificios del Instituto Tecnológico de Monterrey

Pues sí, que la vida tiene estas cosas, este 7 de febrero, el martes, me voy a Monterrey (México), y me voy… iba a decir «escopetao», pero teniendo en cuenta que en los últimos veinte años asesinaron a 125 periodistas, sin contar palizas y amenazas, que no hay estadística que la aguante… casi mejor solo digo «voy» que las palabras, a veces, las carga el diablo.

El asunto es que estaré medio mes invitado por el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey (vídeo del TEC), la mejor universidad privada del país hermano y la séptima de toda Latinoamérica, (según el QS University Rankings: Latin America 2016) todo un referente allí y también en España.

Y, claro, pues uno no solo lo piensa, sino que está seguro que es un honor que no merezco, y como siempre que vas a otro país (como sucedió en septiembre de hace dos años con la exposición En tu línea a los Emiratos Árabes), pues también es una responsabilidad porque de alguna manera, suceda lo que suceda, no dirán «este Guisande… », sino «este español… » y sin quererlo es como si representaras a tu país, un orgullo.

Y las cosas son… pues curiosas, impensables; conoces hace unos meses a alguien del TEC a través de facebook, en concreto a la directora del Departamento de Comunicación y Periodismo, Ana Cecilia Torres, resulta que le gusta lo que escribes, los cursos que realizas y las propuestas creativas y… pues que te invitan, y como te invitan…. pues coges de avión mariló y que sea lo que dios quiera.

Y así estoy estos días, repasando los temas, pronunciándolos en alto para acostumbrar a escuchar mi voz y para que ocurra lo que siempre me ocurre, que termino perdiendo los folios donde van los temas y una hora antes, en cualquier papelucho pongo unas ideas y a improvisar

Y ya que aquí en Galicia estoy harto de tanto mamoneo, de la Cultura partidista, la verdad que estoy supercontento, superilusionado, superalegre, con las pilas más que puestas y tengo una ganas de llegar a Monterrey que voy… iba a decir «embalao», pero esta palabreja, «embalao», yendo a México… tampoco es muy apropiada, verdad… casi no.

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Cuando eso de vender se lleva en la sangre

vendedor

Yo no he visto cosa igual que los vendedores, pero los auténticos, los que eso de empaquetarte algo lo llevan en la sangre; de verdad que son unos cracs. Hace unos días, aquí en el mercado del pueblo, en plena calle, fui a hacer unas gestiones y pasé por un puesto de quesos, que a mí como si era de anchoas, y de repente oigo una voz:«¡¡¡Oiga, usted!!!!!».

Me giro, y con un queso en la mano me encuentro a un tipo que me dice: «¡¡¡¡que están a 5 euroooooos!!!». A mí como si estuvieran a uno o en el Ibex 35, y como me quedé mirándolo, responde el fulano: «¡¡¡¡venga, que se lo dejo en 4…!!!!».

Ya me dirás a mí, que aún notaba el sabor del café cortado que acababa de tomar, qué me importaba el queso, pues ni que me hipnotizara, oye, me acerco… y ya solo a medio metro ya tenía el queso en la bolsa, ya me lo estaba dando con la mano derecha y con la izquierda extendida para recibir los 4 euracos.

Hombre, uno suele estar lelo por temporadas y reaccionar unas tres o cuatro veces al año, y como me pilló en el subidón del café le dije: «no, gracias; luego paso», como le pude decir «es que salgo pa Japón». 

Pues ya me había olvidado del asunto queseril, cuando regreso de las gestiones (bueno, si tenéis curiosidad la gestión era ir a por una bombilla, tema apasionante) y oigo una voz: «¡¡¡Usted!!!! ¡¡¡que están aquí los quesos!!!».

«¡¡¡Dios santo!!! otra vez el marrón ese de los quesos», pensé mientras encendía un cigarrillo y me acercaba. Y fue llegar, y coge el tío y me dice «¡¡hala!!, tome estos dos que son 7 euros, que ya no me queda nada, que me voy».

Vamos a ver, yo en otra situación le diría:  «no, gracias, s i a mí el queso…», pero el tío ese… entre que sonreía en todo momento, entre que tenía una labia alucinante y que te ponía la bolsa en la mano… pues anestesiado estaba.

Así, que atontado le digo: «bueno, vale, 7 euros», y cuando le doy un billete de 10 dice: «no tendrá 7 justos, es que…» y metiendo la mano en un bolsillo como si fuera un tahúr… «pues nada, que no tengo cambio, llévese este otro y arreglao, que se lo dejo todo en 10».

Ni tiempo me dio a decir ni que sí ni que no. De repente me vi con una bolsa con tres quesos y sin 10 euros caminando para casa, y mientras aún flipaba con lo que había sucedido, todo en menos de cinco minutos, me decía: «joé, menos mal que son quesos, que llegan a ser pisos, y estoy yo aquí con tres escrituras cuatro hipotecas y el cobrador del frac». Menudo crack el tío.

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Rozando la inmortalidad, ayer logré otra hazaña

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Yo comprendo que lo de Edison y la bombillita esa tiene su mérito, relativo, pero lo tiene, igual que Marconi y la Radio. No lo niego, pero estos chavales, sinceramente, no creo que lleguen a mi altura en lo que se refiere a proezas que marcan y marcarán la Historia Contemporánea y el devenir de los tiempos.

Y es que, y no me duelen prendas, yo, Manuel Guisande, son ya cuatro las gestas conseguidas, a saber: pelar un huevo cocido con cuchillo y tenedor, que se requiere una destreza fuera de lo normal; superar a Felix Baumgartner, que se tiró desde una altura de 39.045 metros, lo que es incomparable con lo mío, que fue escribir artículo sin respirar, sin oxígeno y sin sherpas, para lo que precisé varios años de agotador entrenamiento; y, por último, en vez de arrancar la lechuga, la cebolla y el tomate de la huerta para llevar a la mesa… ir con el vinagre, el aceite y la sal a la zona verde y tomar allí in situ una ensalada. Impresionante estas hombradas se miren por donde se miren.

¿Y cuál ha sido mi última hazaña? Ocurrió ayer, justo ayer a las nueve y cinco minutos (GMT) ni uno más ni uno menos. A esa hora, después de una buena ducha me dispuse a afeitarme. Así que cogí la espuma, me la eché en la cara, y con la maquinilla empecé a rasurarme.

Fue solamente bajar el artilugio manual por un lado y sentí un placer, pero de tal magnitud que resultaba difícil de asimilar. Entonces limpié parte del vaho del espejo y comprobé que seguía teniendo pelillos en el rostro e inmediatamente miré la maquinilla y… en efecto, me había olvidado de quitar la funda de la cuchilla.

Hasta aquí normal, digamos que fue un despiste; por lo que retiré el plastiquillo y me afeité como siempre. Y aquí amigos míos, viene lo que marca un antes y un después de la Humanidad y que lo pueden hacer también las mujeres porque creo que en situaciones límite se afeitan las piernas.

Tras estar perfectamente rasurado pensé: Si con barba de tres días en la cara disfrute tanto ¿cómo será la sensación perfectamente trasquilado? Así que entonces cogí otra vez la espuma, me la eché en la cara, puse el protector al aparato cortante y… es que me emociono y perdonad si hay alguna falta hortografia en el testo, fue algo indescriptible.

Bajé el aparatillo  por la piel a toda velocidad, desde la mejilla izquierda a la derecha pasando por la barbilla y haciendo un giro hacia arriba (como el logo de nike) y fue el éxtasis total. ¡Qué gustazoooo!.

Entonces, ya más tranquilo, pensé en los hombres que realmente han hecho historia y qué relación podría haber entre ellos y solamente encontré dos: Cristóbal Colón y Manuel Guisande porque a ambos nos une algo que es como una señal del más allá, un designio de Dios.

Cristobalín descubrió América en 1492; yo esta epopeya la hice ayer, en el 2016 ¿Y hay algo en común? ¡Vamos que si lo hay! Mirad: el 2016, el 2 significa eso, que somos 2, Colón y yo; y el 16, del año 2016, está más que claro, si sumas los dígitos de la fecha del descubrimiento, 1492, te da 16. Increíble. Colón, yo, y nadie más. Es que lo sabía.

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