Las nochebuenas las carga el diablo

¿Estáis seguros que esto de la Nochebuena es una cena para celebrar lo del niño Dios, el del pesebre? porque yo no tengo muy claro si el niño ese está ya hartito de tanta celebración o que el diablo aprovecha que estamos en casa todos juntos para hacer de las suyas, porque tío, no es normal, no-es-nor-mal, que una cena termine con 3 heridos. Uno porque se cortó al abrir una lata de aceitunas, otro porque también se pegó un cacho tajo al coger una copa que se cayó al suelo, y yo al cortar un pequeño tomatito… y le llaman Nochebuena… tela.

Y es que en Nochebuena siempre pasa igual. Lo celebráis 4,8, 188 o 4.788… y todo dios en la cocina menos el niño Dios, que aún no ha nacido, que si no… pues también él, la mula, el buey… ¡¡¡Mira que no hay casa!!!, ¡¡¡mira que no hay casa… !!! pues no, todos en la cocina, sin tener ni idea y diciendo lo mismo: ¿Ayudo en algo?

Yo eso de «ayudo en algo» lo dije por decir, lo dije… pues por eso, por lo que es, por tradición; y al principio estuve por decir que me encargaba de abrir las botellas de champan, pero como vi que ya se me había adelantado uno, el «ayudo en algo» fue tan bajito que realmente fue un susurro, pero por lo visto mi familia tiene un oído de carallo e incluso algunas dotes telepáticas, ya que fue decir «ayu… » y ya me encasquetaron un tomate para cortarlo en rodajas.

Un tomate en rodajas…

Así que lo primero que hice fue averiguar dónde estaba el betadine; luego (sin que nadie se diera cuenta) comprobé si tenía el móvil cargado por si había que llamar a urgencias y, después, flipante, miré mi mano y tenía ¡¡¡¡un cuchillo!!!!

Ni que fuera magia; si saber cómo tenía en mi mano el instrumento segador, cortador, aniquilador, descuartizador, y empecé, pero no a cortar, sino a pensar: «¿Qué hago con el cuchillo en la mano izquierda si no soy zurdo»?, por lo que lo cambié de mano y me dije: «vamos bien».

Y oye, parecerá una tontería, pero eso me animó que no veas, y cavilé: «¿cómo se corta un tomate?, y lo más importante ¿y en rodajas?, ¿tiene que ser en rodajas o lo de rodajas lo han dicho así en plan orientación?, ¿pregunto o me cayo?, ¿y rodajas por qué lado del tomate?, ¿el tomate tiene lados? ¿hay un lado izquierdo y otro derecho?, ¿hay parte de adelante y parte de atrás?

Mira si estaba concentrado con lo del tomate que alguien me dijo: »¿una copita?», y contesté que no, pero por suerte aún no estaba totalmente absorto y cuando en la lejanía ya escuchaba «coooopiiittaaaaaa, coooopppiiitpitaaaaaa», reaccioné y grité: «sísísísííííi, sísísííííí…». ¡¡¡Dios que susto!!!

El tomate, en mi mano

Y tras el sobresalto, volví al tema del tomate porque no era fácil. Yo lo miraba, lo remiraba, pensaba por donde atacarle, me senté, incluso encendí un cigarrillo, crucé las piernas, una bocanada, otra y umm ummm no le veía yo por donde entrarle, no le veía. Entonces, mentalmente, me acordé de los cocineros esos de la tele, que ponen la mano sobre él y, luego, sassss, sasss, sasss, rodaja y rodaja, que como es la tele, no sé si sola corta una y las demás son repeticiones, que las montan en posproducción y él comenta la jugada en playback porque son tan, tan, tan, iguales la rodajitas….

Así que cogí el tomate y no duró ni un minuto, estaba tan por la labor que lo aprisioné de tal forma para que no se escapara que los deshice, pero cuando digo deshacerlo es deshacerlo, exprimido igualito que un limón. Y pensé: «pena que no lo pidieran triturado, porque está que ni bordado», pero como lo querían en rodajas…

Así que pedí otro, a la vez que una voz decía: «¿¡¡¡ya está cortado uno!!!?». «¡¡¡Estoy en elloooo!!!», contesté, mientras giré el cuello y los miré por si me había equivocado de familia, o es que no saben que soy un inútil, iba a yo a cortar ahora un tomate a ritmo de cocinero…

A ello con el tomate

Con el segundo tomate ya todo fue mejor, pero mucho mejor; pero no para cortar, sino para cogerlo, porque lo hice con una suavidad, con una tranquilidad… colocándolo perfectamente sobre una superficie de madera que le llaman tabla; pero claro, como no tenía un láser que me indicara por dónde había que cortar… pues no sé que hice que se me desvió, como así hacia la derecha ¿sabes?, y en vez de una rodaja me salió un cacho trozo tipo queso triangular… por lo que pedí un tercer tomate, a ver si a la tercera…

Y a la tercera no fallé. Me corté. Todos que si me duele, que si fue mucho, que si poco… y yo no sé si es que nunca se habían cortado, que no sabían que decir o me quieren mucho, pero más de una hora bien a gusto hablaron de mi dedo. Yo no decía nada, de vez en cuando miraba mi dedo, vendado como si fuera un helado de nata, y callaba.

Un parto en casa

Y a las doce, por lo visto, nació el niño del pesebre… yo sinceramente lo vi igual que a las once, pero allí todos dijeron que nació y por no contrariar… El caso es que lo miré así, de reojo, como retándolo, en plan «y por ti, así mi dedo, por tiiii… ».

El chaval, oye, ni se inmutó, una frialdad… y pensar que toda la fiesta era porque había nacido y que por esa fiestecita de las narices estaba yo así, con el dedo… pues me acerqué a él, le pegué una patada al buey y a la mula, fijé mi mirada en sus ojos y le dije. «Mira niñito, el próximo año, si tengo que venir, vengo; pero vengo después del parto ¿sabes?, que me duele el dedo a horrores». Oye, ni mu; joé con el chaval.

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He decidido exiliarme intelectualmente de España

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Supongo que me costará, que habrá momentos en los que tendré muchas ganas de ponerme ante el ordenador para denunciar situaciones que ocurren en este mi querido país que se llama España y que está siendo saqueada y vapuleada por sinvergüenzas; pero ha llegado un momento que he decidido exiliarme intelectualmente. No puedo más.

Lo de este país es insoportable. Hemos llegado a la locura de aguantar a radicales nazis que matan a un ser humano por llevar unos tirantes con la bandera española; unos políticos ladrones a los que nadie les mete mano, como mucho un año o dos en prisión y a la calle,  o a que todavía sigamos esperando el juicio de Urdangarin mientras este elemento vive de puta madre en Suiza con escoltas que pagamos todos.

Y así podría seguir la lista. Como el insultante dinero que ganan los bancos a los que todos los españoles rescatamos (nos deben 42.000 millones de euros) y aún encima tienen la desfachatez de cobrar comisiones por tener una tarjeta, o paraísos fiscales que son legales para que los ricos paguen menos impuestos en perjuicio de nuestro país.

La auténtica esclavitud en la que viven millones de españoles ganando menos de 800 euros al mes mientras otros multiplican por diez o veinte ese sueldo; a que hayamos llegado al extremo de que unos pasen frío en invierno y otros tenga cuatro o cinco casas con todas las comodidades, o a que los niños se mareen en los colegios porque no pueden comer tres veces al día y que estén rozando la desnutrición.

Hasta nos han quitado nuestra alegría, enfrentándonos unos con otros, para que nos odiemos y ellos vivan de ese odio, cuando siempre ha sido una felicidad recorrer este país porque en todos los sitios eras bienvenido.

Aquí ni dios se preocupa de lo esencial: Educación, sanidad y trabajo.  Dicho de otra manera: una vida digna. Aquí, a estos impresentables de políticos que tenemos todo les da lo mismo; el asunto es pensar en «yo yo y yo» y lo de servir al ciudadano… como si te mueres. Y la única esperanza, las bases de esos partidos, los jóvenes que pueden cambiar este país, calladas como putas por unas migajas.

Yo no sé si soy de una época pasada o futura; pero de esta, no. Aquí no se puede opinar porque hay auténticos bárbaros que ante lo que dices solo te responden con insultos y no hay contraste de pareces para avanzar entre todos y tener más cultura; aquí  los partidos políticos te encasillan por decir lo que piensas y te conviertes en enemigo; aquí la intelectualidad no dice nada porque vive de subvenciones, y la mayoría de mis colegas periodistas son voceros de partidos políticos, francotiradores de las palabras.

Me exilio hasta que esta pseudodemocracia cambie. Aquí nadie da valor a algo tan simple como salir a la calle. Ya me gustaría que todos estos crápulas pasaran quince días como estuve yo en Monterrey (México) prácticamente en cerrado en un apartamento porque cuando salías a pasear lo hacías con pánico. No sabemos lo que tenemos, lo que están destrozando.

Me exilio, escribiré artículos de humor de vez en cuando y sé que me va a costar no denunciar injusticias porque ante ellas me hierve la sangre, pero luchar contra molinos de vientos siempre fue un imposible. Disculpa que haya utilizado la palabra «intelectualmente» porque la realidad es que soy un simple ciudadano como tú. Nada más.

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los niños… igual de maravillosos en todas partes

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Los niños, esos chavalines que tienen cuatro, siete o doce años son igual de maravillosos en todas partes y da lo mismo donde estés que actuarán de la misma forma, de la mis manera.

Todos son clavaditos, como los que conocí en Dubai, cuando  junto con el fotógrafo Antonio Amboade presentamos la exposición En tu línea para los siete Emiratos Árabes; con los que hablé en Monterrey (México); los galleguiños que veo todos los días o los que conocí recientemente en Palencia, para los cuales la Diputación Provincial y el Ayuntamiento es un ejemplo a seguir por las innumerables y atractivas actividades que organizan para ellos.

Te presentan uno, y como tenga cinco o seis años se quedará impresionado cuando alguien le diga que eres escritor, porque para ellos como que las letras aparecen así porque sí en los libros. Y es normal, ellos abren uno, y allí están letras, las palabras,  ¡¡ cómo no van a estar !!. Qué va a haber ¿chipirones, gambas, quizás pimientos del piquillo?; pues no, letras.

Y si hablas con uno de cuatro años y le preguntas si antes de nacer ya sabía caminar… mirándote con sus ojillos que están como en otro mundo, y bajando la cabeza, te dirá que sí; vamos que el pequeñajo salía todas los días del vientre materno y se pegaban unas maratones del copón. Y lo mismo corría que nadaba o que ya saltaba con pértiga o hacia surf. Ellos dicen «sí», «no», «papá», «mamá»… para qué quieren saber más….

Y si son ya mayorcitos, de ocho o nueve, te mirarán en plan «a ver este tío de qué va» y, cuando les das confianza, lo mismo te cuentan un chiste, te invitan a jugar (porque te consideran su colega) o desean que te vayas porque eres un plasta.

Los niños tienen eso: una sinceridad abrumadora, una naturalidad y espontaneidad envidiable y si se empatan contigo se empatan, y si no… que venga otro «pero no como este»; bueno, «pero no como este» no suelen decir, más bien dicen «¡¡ Ja !!», que es más claro y hasta lo entienden en el sureste africano.

Yo os lo juro que a algunos de mi edad los metía nada más nacer en una incubadora tamaño XXXL y que no salieran de allí en toda su vida: todo  son dramas. Que si esto, que si lo otro, que si aquello… y ya no hablemos del tema de la salud… que me duele aquí, que si la cervicales, que si el brazo, que si la espalda… de verdad que a veces te encuentras con alguno que te da ganas de decirle que lo invitas a un poleo y ponerle polonio 128 es poco. Unas ganas de que desaparezca o hacerlo desaparecer… que bonita es la magia ¿verdad?

Tratar con niños es lo mejor que uno puede hacer; aprendes, te ríes, te llenan de alegría, disfrutas de su sano surrealismo y ves en ellos, en sus ojos, la ilusión, el futuro. Por eso, todo, absolutamente todo lo que hagamos por ellos siempre será poco. Siempre pero siempre, un fuerte abrazo colegas.

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Parecemos bobos, acabaremos comiendo pavo el Día de Accion de Gracias

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Ni en las principales ciudades de Galicia hay gallegos, ni en las del País Vasco vascos, ni en las de Andalucía andaluces o en las de Extremadura extremeños.

Poco a poco se ha ido perdiendo nuestra cultura, nuestra esencia, nuestra forma de ser, nuestra identidad; las multinacionales nos han «internacionalizado» en la mediocridad y para ellas ya solo somos una «masa» a la que llaman «clientes» o «compradores» de la que ahora obtienen los resultados tras años lavándonos el cerebro para vender toda clase de cosas, la mayoría innecesarias.

Estas megaempresas manejadas por magnates, que utilizan el más feroz neuromarketing y juegan con nosotros como peones en un tablero de ajedrez, nos están agilipollando: uniformándonos en el vestir como si fuéramos un ejército; en el hablar con términos como community manager, safety car o Business Development Manage y, lo que es más grave y preocupante, en un pensamiento único: el consumismo.

Ese conjunto de características que se heredan y se transmiten de padres a hijos, ese carácter que define el temperamento de un pueblo está desapareciendo por esta invasión a la que aún encima aplaudimos creyéndonos así que somos más modernos, más guais.

Ahora nos están convirtiendo en parias de un sistema consumista y ya solo en las aldeas y en pequeñas localidades es donde podemos encontrar, como si se trataran de tribus extrañas, la idiosincrasia de un pueblo, de sus gentes, que es lo mismo que decir: Nosotros.

Estas megaempresas han creado un mercado de mentecatos y paletos que en vez de valorar lo que les es propio, lo auténtico, las tradiciones adaptándolas a los nuevos tiempos, se apuntan a todo con el cerebro plano, sin pensar, sin analizar, sin cuestionarse nada.

Y les da lo mismo estar cinco, ocho o diez horas esperando a la intemperie a que abra una tienda, que pagar lo que no tienen porque solo viven del postureo, de la medianía.

Primero fue Papá Noel, luego el Halloween y ahora nos han metido en vena el Black fryday, a ver si así nos arruinamos más pronto y llenamos más rápidamente los bolsillos de quien en un despacho en Tokio o Nueva York se ríe viéndonos como imbéciles.

Sigamos haciéndoles el juego, sigámosles por la senda del consumismo absurdo y desenfrenado, histérico e irracional, por el de la imbecilidad más absoluta, y no te extrañe que el próximo año, el 23 de noviembre, celebremos con un pavo el Thanksgiving o Día de Acción de Gracias. Todo llegará.

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¿Cuánto crees que Junqueras habrá adelgazado cuando salga de prisión?

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Suele decirse, por eso de que cuando se mete la pata hay que convencer al personal, «de esta desgracia aprendemos todos», cuando en realidad se debería decir «mira que bien lo hicimos, que si no… ocurriría esto»; pero en fin, la estupidez no tiene límites; bueno sí, está en quien la dice, que tienes para elegir.., buff

Pues partiendo del absurdo «de los males se aprende» la pregunta clave del procés o no procés es: Junqueras, ese tipo rechoncho y regordete, hasta diría que cariñoso como un osito de peluche, que cuando habla todo lo dice en bajito como si no pasara nada aunque le caiga un rascacielos sobre su testa ¿cuánto habrá adelgazado cuando lo veamos por primera vez fuera de prisión?

A mí ya me extraña que todas esas casas de apuestas a las que le vale todo, no se les haya ocurrido hacer una con este asunto que me parece de vital importancia, bastante más que la vía esa unilateral, que si la vía es como la del tren que va a Galicia, está claro que no sale adelante ni de coña.

En unas declaraciones del 13 de enero del 2017, Junqueriñas dijo en una entrevista, que medía 1,78 y pesaba 82 kilos (esto no se lo cree ni Puchiño, pero si él lo dice… no lo voy a coger yo en brazos para calcularlo). O sea, D.Oriol sale casi a kilo por centímetro, y lleva en prisión cerca de 30 días.

Mira, yo nunca estuve en prisión (aunque igual por este articulo sí) pero estimo que un kilo cada tres días… bien a gusto lo pierde; es decir, que si lo vemos dentro de un mes justo en el patio, pues que el chaval nos pesa 72.

Y claro, como D. Oriol aparezca con 72 o menos…. pues que subirá el independentismo, pero no por ideología o convencimiento, sino por cuestiones metabólicas y fisiológicas, todo el personal querrá adelgazar y ya me veo yo yendo a miles ciudadanos de Cataluña, incluso de Cuenca, Vigo, Ceuta y Portugal (el australiano que no falte, que sino el asunto no tiene su aquél) al despacho de la jueza Lamela.

Y allí todos en plan: «♫♫ Soy independiente, Lamela soy independiente, soy independienteeee, Lamela soy independienteeee. Soy independiente, Lamela soy independiente, soy independienteeee, Lamela soy independienteeeee ♫♫». Aunque también me temo que habrá algún grosero que diga: «¡¡ Soy independiente !! , ¡¡ Lamela me la pela !!. ¡¡ Soy independiente !!, ¡¡ Lamela me la pela !!». Y todos… al trullo a adelgazar para el verano.

En fin; que para no llegar a estos límites y que se vayan de Cataluña ya hasta los gimnasios y centros afines, quien acierte cuánto kilos deja tras las rejas Junqueriña, le regalo un libro. Yo digo que, además de la cabeza, que ya la perdió, saldrá con 71. ¿Y tú?

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Mi último libro “¿Cómo somos los gallegos?, depende” Premio Fernando Arenas Quintela  de Literatura y Ensayo 2017

Lo puedes adquirir en Amazón y enArenas, Couceiro, Avir, Lume, Cascanueces, Inoa y Sisarga (A Coruña); Biblos (Betanzos); Follas Novas, Ler y Gallaecia (Santiago); Trama y La Voz de la Verdad (Lugo); Central librera (Ferrol); Librouro (Vigo), Cronopios y Metáfora (Pontevedra); Porta da Vila (Viveiro).

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La anécdota del correo electrónico

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Esto de las anécdotas… pues unas parecen que son inventadas, pero otras son reales como la vida misma, y algunas, cuando te pasan y las cuentas, comprendo que sean difíciles de creer y hasta yo mismo pienso si las soñé; pero no, las viví, y que si las viví… No las olvido.

Esta, que titulo, la anécdota del correo electrónico, me sucedió con un colega de profesión que también se dedica al diseño de libros. Hay que explicar que para nosotros los de Prensa, (no los de la Radio y Televisión, que hacen programas a las siete de la mañana con una voz clara de huevo que es flipante) eso de levantarnos pronto no nos va, y es que como la mayoría de las ruedas de Prensa son sobre las once o doce… pues con los años te acostumbras a un horario que, trasnochar… lo que quieras, pero madrugar… imposible.

El caso es que un día tenía que enviar por correo electrónico un trabajo  a una editorial. Ya de noche, al hacer un repaso de todos los documentos comprobé que me faltaba una página.

Dudaba si llamar o no a mi amigo, pero viendo que eran casi las dos de la mañana, pensé que lo mejor sería dormir, despertarme a las ocho, que me enviara la susodicha página y, luego, reenviar todo a la editorial.

Así que a las ocho, en cuanto sonó el despertador… miento, los tres despertadores que puse, inmediatamente cogí el teléfono, lo llamé, le pedí disculpas por la hora que era y le expliqué lo que había sucedido. Él, muy amablemente, dijo que «casi estaba despierto», me contestó que no me preocupara y que me la enviaba en cinco minutos.

Entonces me pidió mi correo electrónico. Eso de pedirme el correo electrónico me extrañó y mucho porque no solo lo tenía desde hacia años, sino que, además, los días anteriores nos habíamos enviado cientos de ellos, pero aún así se lo di y comencé: «manuel.guisande…».

Yo notaba que lo iba escribiendo porque murmuraba: «ma-nu-el, pun-to, gui-san-de…» y continué: «@yahoo… ». Y en esas estaba yo, ya con el «@yahoo», cuando se hace un silencio y me pregunta: «Oye, ¿@ qué es, con B o con un V?». Ni que decir tiene que lo llamé sobre las 12. ¿ @  con B o con un V? Bo.

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Mi último libro “¿Cómo somos los gallegos?, depende” Premio Fernando Arenas Quintela  de Literatura y Ensayo 2017

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La “gallegada” de Puchiño – Puigdemont

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No tengo la menor duda, Puigdemont (en adelante Puchiño) es gallego. Y es gallego porque solo un gallego, un gallego auténtico, es capaz, antes una disyuntiva de sí o no, sacarse una teoría tan alucinante como esta en la que el personal no es que no sepa si sube o baja, es que no sabe ni donde está: si en una autonomía, en una República, si fuera de España, dentro, o pertenece al sureste de Manchuria. Vamos, que esto lo hace Puchiño en 1914 y deja a Einstein y su relatividad a la altura del betún.

Un crac el Puchiño este; bueno un crac menos para los cientos de periodistas extranjeros que ayer en el Parlament debieron de alucinar cuando tras la declaración, al preguntar a los colegas patrios, estos… pues para unos que sí y para otros que no. Y supongo que se quedarían con eso de Spain is different, pero tanto…

Y es que el asunto es mucho. Ya ves; vienes con las cámaras desde China, Japón, Noruega o Finlandia, esperas no sé cuantas ahora, grabas y grabas y al final… pues una gallegada del copón, ni sí, ni no, ni todo lo contrario y como en este caso no vale la foto finish… pues depende.

Y en el fondo, esta decisión no decisión pues está genial, ya que yo, que soy gallego, lo primero que deduzco es la importancia e influencia que la colectividad galaica tiene en Cataluña, por lo que no me extrañaría que en cosa de seis o siete años, como mucho, pues el Honorable termine siendo uno que nació en Coristanco, Arzúa o Boqueixón, aunque espero que menos revirado, que los gallegos gallegos somos más nobles pero este nos salió….

Es decir; que tenemos un futuro prometedor, que al final la emigración va a dar sus frutos, que no hay mal que cien años dure. Joé lo que sabía mi abuela sin moverse de la mesa camilla y con el brasero en plan Altos Hornos….

Y esto es lo que deduzco, como se suele decir, a vuela pluma, y no entro en las intimidades y detalles de Puchiño, especialmente sobre su pelo – casco, que me tiene frito desde hace meses; pero si me dicen que en la intimidad, antes de acostarse, por el pasillo de su casa baila la muiñeira… me lo creo, aunque eso sí, el pijama… me da que a rayas, para ir mentalizándose.

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Mi último libro “¿Cómo somos los gallegos?, depende” Premio Fernando Arenas Quintela  de Literatura y Ensayo 2017

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Ser separatista es ser racista, pero de otra manera


En la vida puedes estar callado y es posible que no te suceda nada, pero personalmente prefiero a aquel que manifiesta sus ideas, sean las que sean, porque el intercambio de pareceres siempre es beneficioso. Digamos que es cuestión personal, de actitud.

En este sentido, obviamente para mí, ser independentista, cuando desde hace cientos de años se pertenece a una nación en igualdad de condiciones (con los mismos derechos y obligaciones) y aún encima vives mejor que el resto de quienes habitan en ella,  es igual que ser racista pero de otra forma.

Lógicamente es muy distinto si hablamos de colonias o territorios ocupados, dominados por unas élites ajenas a la población a la que explota, porque entonces es entendible que se desee tener una soberanía, una independencia, para elegir un destino común, un nuevo camino, pero este no es el caso de Cataluña.

Y no lo es por no ser colonia y porque el territorio siempre permanece inalterable y la población no deja de ser un «inquilino», pues antes que los catalanes en el mismo espacio estuvieron otras civilizaciones y es muy probable que dentro de cien, doscientos o quinientos años haya otras.

Es habitual escuchar referirse al racismo por el color de la piel, a la discriminación por cuestiones religiosas, ideológicas, de sexo… pero el independentista (que, repito, no me refiero a colonias o tierras ocupadas) parte de un planteamiento: la segregación porque él se siente «diferente». 

Y a ese «diferente» le añade aspectos como porque hablo un idioma, porque pertenezco a un grupo definido, porque tengo una cultura, unas costumbres o tradiciones que «solo son mías», si entender o no querer entender que aislarse es volver a unas estructuras primitivas donde la única palabra que existe es «yo y yo», cuando en la diversidad está la riqueza de una convivencia.

El independentista, en el fondo, es como aquel niño pijo que se siente distinto porque su padre es o deja de ser esto o aquello y no quiere mezclarse contigo porque él es diferente, superior, pertenece a otra clase porque él es el más listo, el más inteligente, el más alto y el más guapo… otra cosa.

Quien no es capaz de seguir conviviendo en una nación en la que lleva cientos de años y su planteamiento es que quiere irse porque pertenece o se siente «otra cosa», lo que hace es actuar bajo parámetros ideológicos de la discriminación, de la segregación; unos parámetros de los que hasta es posible que no sea consciente. Y es normal que esto ocurra cuando desde pequeño te meten en la cabeza «que eres diferente» y no te educan en la libertad de las ideas.

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Hacer negocios con un gallego… la repera mariló

Artículo del libro ¿Cómo somos los gallegos?, depende

Lo de hacer negocios con un gallego tiene su aquel, porque si es tan inteligente como desconfiado cuando le hablas, no te digo nada si lo que quieres es comprarle algo de su propiedad: una casa, una tierra, una vaca… dos vacas…

Tú quieres comprarle una casa en la aldea a un gallego, y la primera pregunta que te hace es ¿e logo?»; y tras el «¿e logo?», la segunda, «¿e por que eiquí?». La primera es fácil de contestar, porque solo tienes que decir que eres un ser humano y prefieres vivir en el campo que en la ciudad; pero la segunda ya es más compleja, ya que si le dices que te ha traído una persona a la que le sonaba que vendían una casa y que no sabes ni dónde estás…

Y es que el gallego piensa de todo menos en lo que tiene que pensar: que la deseas para eso, para vivir, que por eso se llama casa y cualquier diccionario del mundo, si lees la definición, lo pone meridianamente claro. Por ejemplo, la Real Academia Española, «Casa: Edificio para habitar»; la Académie Française, «Maison: Bâtiment construit pour servir d`habitation aux personnes»; la Royal Academy of English, «House: A building in wich people live»; y en árabe, me imagino que algo así tipo pestañitas: «´`´`; ;_ ,,,“ `_,; ». O sea; ca-sa, vi-vir.

Pues para el gallego no, para el diccionario mental del gallego, el asunto de la compra de una casa empieza con el «¿e logo?» y luego surgen otras variantes concomitantes que no las dice, pero que no se le van de la cabeza: «¿E se pon un club de chicas?, ¿e se despois vén xente eiquí?».

A ver, que un matrimonio quiera comprar una casa para hacer un club de alterne teniendo dos hijos de cinco y siete años y otro que viene en camino… pues complicado, salvo que el antro esté integrado por exenfermeras del Materno Infantil que se hayan puesto el mundo por montera, lo cual como que no, y que los clientes sean pediatras, que lo dudo.

Como también dudo que alguien pudiera encontrar el club en este lugar que parece como el triángulo de las Bermudas porque no hay forma de sintonizar ni la radio, pero bueno, todo es posible. Y que venga gente… pues vendrá, porque salvo que los López Castro, que son los que quieren la casa, estén fugados de la Justicia, se supone que tendrán amigos y que los visitarán algún día. Tampoco es que vengan excursiones; pero un coche o dos de vez en cuando…

Y entre que el gallego  no es muy dado a vender y que los López Castro han decidido irse a vivir al campo y les ha gustado la casilla, pues no creas que el asunto termina en entregar un dinero, ir al notario y cambiar la propiedad, ¡ya quisieras tú!

Comprar una casa en una aldea es más difícil que hacerte socio del Jimmy`z de Montecarlo o entrar por la cara en el Palacio de La Zarzuela. El gallego, antes de vendértela te dará largas con una sola finalidad:

Saber quién y cómo eres, y no te hará un análisis de sangre para conocer tu grupo sanguíneo y el ADN porque la aldea es como es, que si pudiera… entubado estarías allí unos días antes de firmar la escritura con la boca. Y lo curioso del gallego es cuando después de vendértela te pregunta: «Entón a quere pra vivir eiquí, ¿non?», y piensas: «No, casi la voy a vaciar y voy a jugar al tenis».

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El libro ¿Cómo somos los gallegos?, depende», Premio Fernando Arenas Quintela 2o17 se puede adquirir en, por ahora:

Arenas, Couceiro, Avir, Lume, Cascanueces, Inoa y Sisarga (A Coruña); Biblos (Betanzos) Follas Novas, Ler y Gallaecia (Santiago);  Trama  y La Voz de la Verdad (Lugo); Central librera (Ferrol); Librouro (Vigo), Porta da Vila (Viveiro). Próximamente en Pontevedra, Ourense, Sanxenxo, Cangas, y Foz y hasta el día 10 de agosto en la Feria del Libro de A Coruña caseta 21 (Arenas).

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Los másters, el gran negocio de unos cuantos

Quizás sea un poco raro, pero a mí realmente me extraña mucho que un país, al que el día de Fin de Año le tienen que poner en la televisión los numeritos con las doce campanadas porque es incapaz de diferenciarlas de los famosos cuartos, ahora resulte que es imprescindible que nuestros hijos estudien un máster.

Es como si España no se hubiera desarrollado desde décadas sin esos «estudios especiales» y no contásemos con especialistas suficientemente preparados en todos los campos que cualquiera pueda imaginar, bien sea la medicina, la ciencia o la tecnología.

Pues por lo visto es necesario un máster tanto o igual como los zapatos o vestirse; y cierto es que está más cerca de esto (de los zapatos y de vestirse) como un bien de consumo al igual que el Iphone 4.700, que otra cosa.

A mí lo que me da es que tras ellos se esconde un auténtico chollo, un negocio para unos pocos y que al hacerlos «imprescindibles» las familias se las ven y se las desean para poder pagarlos y, en muchos casos, que haya quien no pueda realizarlos y así discriminar una vez más (que es como funciona el sistema) a la sociedad: ricos y pobres.

Y es que además, tener un máster no te asegura estar más capacitado que otro (ya que solo se trata de conocimientos) y estos se pueden adquirir en el trabajo diario; pero claro, así, en con un empleo, en vez de pagar se cobra y eso no es plan para unos cuantos. Lo que sí es cierto, y en esto estamos todos de acuerdo, es que los máster dan más créditos, sí, pero al banco. Sinceramente, de mamoneos y estos singulares robos, cada día estoy más harto.

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