Luis Miguel Modino: misionero en Brasil

La diócesis de Roraima afirma que “para nosotros hay una única opción: ¡la defensa de la vida y de la democracia!”

Con palabras claras, proféticas y que todo mundo ha entendido, la diócesis de Roraima, ha hecho pública en la Romería de Nuestra Señora Aparecida, patrona de Brasil, una carta sobre las elecciones. La misiva, firmada por su obispo, Monseñor Mario Antonio da Silva, comienza reconociendo que “estamos viviendo un momento muy importante y delicado que nos desafía”, afirmando que “posiblemente nunca como hoy nuestra joven democracia estuvo tan amenazada”.

Roraima es una de las regiones donde el candidato Jair Bolsonaro ha gozado de gran apoyo en la primera vuelta de las elecciones, donde el discurso xenófobo contra los inmigrantes venezolanos, presentes en gran número por el hecho de que se encuentra en la frontera con este país, es cada día más fuerte y donde la Iglesia católica se ha erigido en gran defensora de este colectivo, como siempre ha hecho con los pueblos indígenas presentes en la región y tradicionalmente atacados por los grandes hacendados que quieren robarles sus tierras.

La carta denuncia que “el odio, el revanchismo y la mentira ocuparon muchas veces el lugar de la lucidez, de la convivencia y de la verdad. En estos últimos días se suceden en Brasil las noticias de personas siendo amenazadas, agredidas y atacadas”. Desde ahí, asumen con valentía que “por eso no podemos callar”, y denuncian, con palabras que retratan las actitudes de Jair Bolsonaro, que “el candidato y sus partidarios, aprovechándose de la libertad de una sociedad democrática, incita la división, el prejuicio y el desprecio por el otro, pierde su legitimidad”.

Desde esa perspectiva, la carta denuncia con vehemencia “los mensajes que enaltecen la violencia y la memoria de los torturadores, que proponen más armas para resolver problemas sociales, que amenazan a minorías y desprecian derechos fundamentales no tienen lugar en la democracia y son radicalmente contrarios a la Buena Nueva del Evangelio de Jesús de Nazaret. Y quien apoya con el voto esta violencia ofende a Dios y al hermano”.

En un país donde muchos jóvenes ven a Bolsonaro como el salvador de la patria, en el 30º aniversario de la Constitución, la carta afirma que “nuestros hijos más jóvenes tienen derecho a saberlo: los derechos y las oportunidades de hoy son el resultado de muchas movilizaciones pacíficas y de la generosidad de muchos hombres y mujeres”. Por eso, dejan claro que “tenemos ante nosotros dos candidatos, pero para nosotros hay una única opción: ¡la defensa de la vida y la democracia!

La diócesis de Roraima anima a los católicos a votar en quien “promueve políticas públicas para el acceso a la educación y a la salud pública, a la vivienda y a un empleo digno... la garantía de los derechos humanos, la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, el compromiso de las instituciones públicas y la lucha contra la corrupción... la defensa de la vida y de la ecología integral, de las familias trabajadoras y de los que enfrentan el peso del desempleo, de los jóvenes y de las mujeres, los pequeños agricultores, ribereños, pueblos indígenas y nuestros hermanos migrantes”.

Sin duda una actitud valiente de quienes tienen claro que lo que está en juego no es el voto, sino el futuro del país y la superveniencia de un sistema democrático que se tambalea.

CARTA DE LA DIÓCESIS DE RORAIMA SOBRE LAS ELECCIONES
Restauremos la vida, el derecho y la justicia
12 de octubre, Día de la Festividad de Nuestra Señora de Aparecida

¡La justicia y la paz se abracen! (Sal 85, 11)
¡El derecho y la vida prevalezcan!

¡Queridos hermanos y hermanas en Cristo!

Estamos viviendo un momento muy importante y delicado que nos desafía. En los próximos días, debemos decidir, con conciencia y sabiduría, cuál es el proyecto político y de convivencia que queremos para nuestro país. No es una elección cualquiera, porque posiblemente nunca como hoy nuestra joven democracia estuvo tan amenazada. Como cristianos y cristianas, nuestra respuesta debe ser determinada a la luz de la fe y de la esperanza que profesamos, en diálogo permanente con todos para la construcción de una sociedad más justa.

Necesitamos detenernos un momento, con honestidad. Esta campaña electoral y la primera vuelta de las elecciones fueron marcadas por una polarización muy intensa que no ayuda a la reflexión serena y a menudo confunde y ciega a las personas, hasta el punto de defender propuestas que en nuestro caso son contrarias a nuestras convicciones más profundas como cristianos y cristianas, seguidores de Jesús de Nazaret. Debemos reconocer que en estas últimas semanas, el odio, el revanchismo y la mentira ocuparon muchas veces el lugar de la lucidez, de la convivencia y de la verdad. En estos últimos días se suceden en Brasil las noticias de personas siendo amenazadas, agredidas y atacadas. Por eso no podemos callar.

En la democracia, las divergencias políticas y la diversidad de propuestas son legítimas; son parte de la salud de nuestra convivencia en un país rico y plural como Brasil. Sin embargo, cuando el candidato y sus partidarios, aprovechándose de la libertad de una sociedad democrática, incita la división, el prejuicio y el desprecio por el otro, pierde su legitimidad. Los mensajes que enaltecen la violencia y la memoria de los torturadores, que proponen más armas para resolver problemas sociales, que amenazan a minorías y desprecian derechos fundamentales no tienen lugar en la democracia y son radicalmente contrarios a la Buena Nueva del Evangelio de Jesús de Nazaret. Y quien apoya con el voto esta violencia ofende a Dios y al hermano.

Hoy, en la Festividad de Nuestra Señora de Aparecida, queremos decir juntos: en Jesús y con María, estamos llamados a restaurar la vida, el derecho y la justicia. Llamados a recuperar el sentido profundo de la Política, que es la búsqueda del Bien común por encima de intereses particulares, de la justicia social frente a la desigualdad y la convivencia en lugar de la violencia.

Estamos cumpliendo 30 años de nuestra Constitución Federal. Ella fue el fruto de una sociedad plural que se movilizó y trabajó para que derechos fundamentales como educación, salud, trabajo, vivienda y libertad fuesen garantizados para todos, superando juntos una de las noches más oscuras de la historia reciente de nuestro país: la dictadura. La Iglesia también se empeñó y contribuyó decisivamente en aquel momento histórico. Nuestros hijos más jóvenes tienen derecho a saberlo: los derechos y las oportunidades de hoy son el resultado de muchas movilizaciones pacíficas y de la generosidad de muchos hombres y mujeres. Ahora, 30 años después, estamos desafiados a confirmar estos logros sociales; no podemos volver atrás. Tenemos ante nosotros dos candidatos, pero para nosotros hay una única opción: ¡la defensa de la vida y la democracia!

Asumamos esta Hora, queridos hermanos y hermanas, con esperanza y profecía. Hagamos el esfuerzo por conocer de verdad las propuestas de las personas que piden nuestro voto. Que nuestra elección, como cristianos y cristianas, promueve políticas públicas para el acceso a la educación y a la salud pública, a la vivienda y a un empleo digno. Que nuestro voto promueve la garantía de los derechos humanos, la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, el compromiso de las instituciones públicas y la lucha contra la corrupción. Que nuestra decisión priorice la defensa de la vida y de la ecología integral, de las familias trabajadoras y de los que enfrentan el peso del desempleo, de los jóvenes y de las mujeres, los pequeños agricultores, ribereños, pueblos indígenas y nuestros hermanos migrantes. Que nuestras palabras y actitudes, en estas elecciones, sean de paz y de democracia, para seguir construyendo un Brasil más justo, plural, diverso, feliz y democrático, libre de violencia.

Con María, la madre de Jesús, a quien hoy veneramos con el nombre de Nuestra Señora de Aparecida, podamos cantar: "Mi alma engrandece al Señor y mi espíritu se alegra en Dios mi Salvador. Él mostró la fuerza de su brazo y dispersó a los que tienen planes orgullosos de corazón. Derribó a los poderosos de sus tronos y exaltó a los humildes. "Llenó de bienes los hambrientos y mandó a los ricos de manos vacías" (Lc 1, 47. 51-53).

Boa Vista – RR, 12 de octubre de 2018.
Mons. Mario Antonio da Silva
Obispo de la Diócesis de Roraima


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