Luis Miguel Modino: misionero en Brasil

Novicias indígenas: "No somos sólo pobrecitos, también tenemos nuestra riqueza y valores”.

Una realidad cada vez más presente en la Iglesia de la Amazonia es la presencia de vocaciones nativas, lo que va ayudando a hacer realidad una Iglesia con rostro amazónico y rostro indígena. Juciele Aguiar Moura, Catiana da Silva Menezes y Rigoberta da Silva Menezes son tres jóvenes del pueblo tukano que actualmente son novicias de la Congregación de las Catequistas Franciscanas.

Nacidas en el llamado Triángulo Tukano, en el municipio de São Gabriel da Cachoeira, en el extremo noroccidental de Brasil, Dhuigó, Pirõ Duhio y Ye'pario, por sus nombres de bendición indígena, ven en la cultura y espiritualidad de su pueblo tukano un elemento que ayuda a vivir su vocación religiosa.

En esta entrevista, ellas reflexionan abiertamente sobre como conjugar las dos dimensiones, indígena y cristiana, reconociendo que, poco a poco, se van perdiendo elementos importantes que siempre estuvieron presentes en las comunidades indígenas. Las novicias reconocen la importancia de rezar y celebrar en la lengua local, pues “para algunas personas, de modo especial para los adultos, el portugués sigue siendo un poco difícil”. Por eso, “hablar, cantar, rezar en tukano, rezar en la lengua nativa, nos ayuda a rezar más, a entrar en comunión con Dios”.

Desde su punto de vista, es urgente “valorar lo que tenemos de mejor como indígenas, y aquellos que vienen aquí para cumplir la misión entrar en nuestra cultura y ayudar a valorarla más”, fomentando una interculturalidad que también están queriendo hacer presente dentro de su congregación, algo a lo que la propia congregación está dando valor.

De cara al Sínodo de la Amazonia, al hablar de nuevos caminos para la Iglesia, ven necesario “invertir más en los líderes de las comunidades”. Junto con eso, “enseñar a impulsar la cultura nuevamente, lo que perdimos...., valorar a las mujeres, que son generadoras de vida..., valorar los chamanes, los que bendicen y cuidan la vida..., valorar más a los jóvenes, buscar otro camino y preguntarse cómo amar la cultura y no despreciarla”. Al hablar de nuevos ministerios y de la celebración de la Eucaristía en las comunidades más distantes, ven en los actuales catequistas a personas preparadas para asumir esa misión.

En el campo de la ecología integral, las novicias piensan que “la naturaleza también, cada vez más destruida, muestra sus signos de clamor, de dolor, y para nosotros es un desafío”, por lo que es necesario cuidarla. “La naturaleza es nuestra Madre y todos los animales, nosotros como indígenas, también los consideramos como hermanos, transformados por la misma canoa... Somos responsables de cuidar de la vida como seres racionales”.

A los obispos, que serán delegados del Sínodo de la Amazonía, les dirían “que realmente puedan escuchar la voz de todos los pueblos, de modo especial a los indígenas..., que también tienen su espiritualidad, su manera de relacionarse con Dios”. Que sean conscientes que los indígenas “ahora estamos ante la oportunidad de también evangelizar otras culturas”, pues “nosotros también tenemos la espiritualidad que nos hace ver la vida, que nos llama al cuidado de la vida... Que realmente sientan ese olor de las ovejas, que muchas veces se pierden en el mundo capitalista, y que ellos realmente pueden ver ese otro lado, que no somos sólo pobrecitos, sino que también tenemos nuestra riqueza y nuestros valores”.

¿Pensáis que en el Triángulo se está haciendo realidad una vivencia religiosa donde la espiritualidad indígena se hace presente en la liturgia, en la vida cristiana?

Rigoberta: Una de las cosas que vemos que se está perdiendo un poco, dentro de la cultura cristiana y de la cultura indígena, es el compartir de vida, de bienes, de sabores, de saberes de los ancianos. En la vida de hoy, eso se va perdiendo un poco. Algo que percibíamos cuando vivíamos en el Triángulo Tukano, en realidad la gente continúa perteneciendo a allí, era que se hacían danzas en las celebraciones, pero eso no comulgaba, no combinaba y eso aleja un poco, hace perder la raíz de la cultura indígena con la cultura de la vida cristiana.

¿Cuál es la importancia para vosotras del hecho de poder rezar y cantar en lengua tukano?

Juciele: Para nosotros el idioma portugués es muy complicado, y cuando es traducido al Tukano aclara nuestra comprensión, nuestra armonía con Dios. Los ancianos comparan mucho nuestra cultura indígena con la cultura cristiana, interconectado el mismo Dios que ellos creen y lo que se presenta en la cultura cristiana. Aquí comparamos y convivimos en esa traducción para la lengua tukano.

Rigoberta: Es la forma que participan todos, los niños, jóvenes, de modo muy especial los adultos, conversan con Dios, es donde ellos expresan más sus sentimientos con Dios. Para algunas personas, de modo especial para los adultos, el portugués sigue siendo un poco difícil. Hablar, cantar, rezar en tukano, rezar en la lengua nativa, nos ayuda a rezar más, a entrar en comunión con Dios.

Hay una iniciativa de la diócesis de San Gabriel de la Cachoeira para que sea aprobada la celebración de la Eucaristía en lengua tukano. ¿Qué podría significar eso para el pueblo, se sentiría mejor, vería a Dios como alguien más cercano, pensaría que el lenguaje de Dios o de la Iglesia es más comprensible?

Catiana: Desde mi punto de vista, esto ayudaría mucho a comprender lo que realmente es para ellos tener esa sintonía, esa conexión con Dios. Hasta porque la gente ve aún muchos resquicios de la evangelización que muestra a un Dios vengativo, aquel que cobra. Hacer esa experiencia de Dios desde la propia realidad, eso rescataría elementos como el cuidado con la naturaleza, la reciprocidad, el cuidado de la Madre Tierra. Todo esto rescataría los elementos de la espiritualidad local para que ellos pudieran entender y tener esa nueva manera de relacionarse con Dios, consigo mismo y con lo que es correcto.

Tenemos que reconocer que la propia Iglesia católica, incluso en la región del Alto Río Negro, y hoy es una cosa que está presente en muchas Iglesias evangélicas, vieron todo lo que formaba parte del mundo indígena con desprecio. ¿Cómo podríamos superar todo esto? ¿Cuáles serían los pasos que debían darse en ese sentido?

Catiana: Es algo que ya forma parte de nuestro día a día, ya lo vivimos cotidianamente, hacemos “ayurí”, pero son elementos que se van perdiendo. Cada vez más, estamos participando de aquello que la sociedad capitalista quiere, vender, cambiar, y eso no ayuda a la comunidad a tener ese compartir, esa comunión de vida.

Pero buena parte de lo que es propio de la sociedad capitalista llegó en la región a través de la propia Iglesia. En ese sentido, ¿las Iglesias no están debiendo algo para los pueblos indígenas?

Rigoberta: Ya en el inicio de la evangelización, cuando los primeros misioneros vinieron a esta región, ellos predicaban eso que Catiana dice, que Dios es vengativo, que cobra, y eso se quedó muy en la cabeza del pueblo y no logra resignarse, porque queriendo o no en nuestras actitudes, todavía está muy presente. Lo que ayudaría incluso para mejor vivir, para mejor interactuar entre esas dos culturas, cristiana e indígena, es la propia resignificación de que la vida tiene que estar en primer lugar.

Valorar lo que tenemos de mejor como indígenas y aquellos que vienen aquí para cumplir la misión entrar en nuestra cultura y ayudar a valorarla más. Eso es lo que vemos en los días de hoy que se perdió, la propia lengua, los propios valores de entre ayuda, de querer uno el bien del otro. Nuestras espiritualidades son también importantes para comunicar mejor al Dios de la vida, el Dios que está presente en cada cultura, en cada etnia.

Vosotras sois novicias de las Catequesis Franciscanas, incluso tenéis otras parientes que ya son religiosas, ya han hecho los votos. Como indígenas, ¿qué estáis tratando de aportar a vuestra congregación, como algo propio del mundo indígena, que puede ayudar en la vida de la propia congregación?

Catiana: Una de las cosas que venimos haciendo es la interculturalidad, sumergirse en sí, saber quién eres, nosotras somos indígenas, sabemos cuáles son nuestras raíces, nuestra espiritualidad, y también abrir a lo nuevo, el carisma de la propia congregación . Esto nos ha ayudado para que podamos beber de esas dos fuentes, quiénes somos y lo que creemos, los principios de vida, que también rigen para que nuestra congregación pueda asumir de la mejor manera posible la misión.

Lo que venimos buscando es el diálogo, la apertura y también esa resignificación que Rigoberta ya señalaba, desestructurar, desmontar a ese Dios que vinieron predicando, ese Dios vengativo, ese Dios que justifica con las muertes. Venimos buscando eso para que podamos también entender, romper, que ese Dios no es solamente nuestro, sino que también existe con varios rostros en diversas lenguas.

Rigoberta: También ayudar como Iglesia, como jóvenes indígenas, cristianas y religiosas, ayudar a nuestro pueblo a sensibilizarse. En los días de hoy, como decíamos, el mundo capitalista predica mucho el individualismo, y eso también llega a nosotros y quiere perturbarnos en el sentido de que no nos sensibilizamos más con el dolor de nuestro hermano y hermana.

Se percibe mucho aquí en nuestro municipio las diferentes realidades, y a la Iglesia también un poco distante, porque no reconoce el dolor, el clamor de este pueblo. La violencia contra las mujeres, las bebidas y el propio consumo del mundo capitalista que también hace perder los valores de nuestro pueblo. Una de las cosas que venimos buscando es sensibilizarnos con el dolor de nuestro pueblo, que no se limita sólo aquí a esta región, sino que está presente en todo el mundo.

Juciele: Nuestro origen indígena es muy importante para nosotras, es nuestra fuente, donde todos los días bebemos y buscamos nuestra fuerza. Además de todo lo que vivimos aquí, la interculturalidad que vivimos, la cultura indígena es donde tenemos nuestro fundamento, nuestro esencial. A partir de nuestra espiritualidad indígena vivimos, junto con la cultura cristiana. A pesar de todo, nosotras lo vivimos todavía. En mi comunidad se vive mucho el compartir, la solidaridad, a través de las fiestas, las bendiciones rituales, los ritos, la solidaridad, donde se cuida a los enfermos y al que necesita comida.

A partir de eso, juntamos la cultura cristiana, que también anuncia ese compartir, esa solidaridad que nos viene del sistema tribal. Nuestra cultura también es muy importante, y también nosotras hemos venido trayendo esa cultura a la vida religiosa.

¿Sentís que esa cultura indígena es acogida por la congregación, que la congregación agradece todo lo que está llegando del mundo indígena, que eso es una cosa buena para quien no es indígena y forma parte de la congregación?

Catiana: La congregación, desde que logramos ser un grupo mayor, va teniendo esa apertura, ese estudio de cómo poder trabajar con nosotras indígenas, porque nosotras también tenemos nuestra manera de ser que provoca, que despierta en la congregación algo nuevo. Por ejemplo, el plan de formación no correspondía con nuestro grupo y sí con otros de hace mucho tiempo. Ha sido un momento de revisión para la congregación, cómo poder trabajar y acompañar a cada una de nosotras y, a partir de eso, viene proporcionando varios momentos de reflexión, de estudio, de acompañamiento, hasta de darnos voz para poder entender lo que pensamos, lo que podemos colaborar para que también otras jóvenes, a partir de nosotras, de nuestra experiencia, puedan también hacer su experiencia diferente.

Juciele: La congregación también alienta mucho, valoriza mucho nuestra cultura como nuestra madre y nos alienta mucho a vivir nuestra simplicidad, nuestra cultura, el compartir, el diálogo entre nosotras, hablando de las culturas, de la convivencia. Esto para nosotras ha sido muy importante en nuestro crecimiento como vida religiosa.

Rigoberta: Siento, desde mi propia experiencia, como joven que busca vivir la vida religiosa, consagrar la vida, que la congregación nos posibilita mucho conocernos, fortalecernos como mujer indígena, y también a vivir esa vida religiosa cotidiana. Una de las cosas que el postulado y el noviciado ha posibilitado es esa profundización de nuestras raíces, de las raíces de nuestra cultura, de la congregación y de la cultura cristiana. La congregación cree muchos en nosotras y nosotras también luchamos en el día a día para dar ese nuevo rostro a nuestro carisma, tanto a las indígenas como a las otras que vienen entrando, a las africanas.

Está en el proceso del Sínodo de la Amazonia, que tiene como tema, "Nuevos caminos para la Iglesia y para la Ecología Integral". ¿Qué debería hacer la Iglesia para que la evangelización en la Amazonia, sobre todo de los pueblos indígenas sea más eficiente?

Catiana: Estamos viviendo el Año del Laicado, entonces uno de los caminos sería invertir más en los líderes de las comunidades. Esto les ayudaría a comprender la misión como bautizados, como aquellos que también tienen una misión y una función importante en nuestra vida de Iglesia. El ministerio de la Eucaristía, de la Palabra, diáconos permanentes. Este sería un camino, con participación de hombres y mujeres, que pueda dar ese rostro a nuestra Iglesia, de modo especial a aquellas Iglesias ribereñas, distantes de la ciudad, que pocas veces reciben visita de los sacerdotes. Esto ayudaría, fortalecería a nuestra Iglesia para que ellos pudieran caminar en esa presencia amorosa de Dios en sus comunidades.

Juciele: Creo que la Iglesia también debería enseñar a impulsar la cultura nuevamente, lo que perdimos, las lenguas, las costumbres, la espiritualidad que perdimos, rescatarlo cada vez más como Iglesia. También valorar a las mujeres, que son generadoras de vida, del amor, de la misericordia. Valorar los chamanes, los que bendicen y cuidan la vida, que son catequistas en la cultura indígena. Valorar más a los jóvenes, buscar otro camino y preguntarse cómo amar la cultura y no despreciarla, queriendo rever la cultura cristiana o incluso el mundo capitalista, que desvía mucho a los jóvenes.

Rigoberta: Dentro de eso que Juciele plantea, me parece interesante valorar y también, cada vez más, rescatar los valores que perdimos, principalmente la juventud que, con el mundo capitalista, se siente desplazada por no conseguir entrar en ese camino o alcanzar todos los éxitos de la vida. La pérdida de sentido de la vida viene de eso, cuando perdemos nuestras propias raíces, cuando no conocemos más quién somos y cuál es la importancia que tenemos. Esta valoración, esa inversión para la formación de la propia vida, de liderazgos, para las personas de la comunidad, para que realmente se sienten valorados y que descubran que ellos también tienen capacidad de llevar adelante la Iglesia al mundo.

Una de las cosas que van a ser discutidas en el Sínodo es el tema de los nuevos ministerios, incluso para presidir la celebración eucarística. Pensando en las comunidades donde el sacerdote sólo va una o dos veces al año, ¿ese nuevo ministerio podría ser una salida para las comunidades, alguien que presida la Eucaristía y tenga más voz dentro de la comunidad?

Catiana: Los catequistas de las comunidades donde no tienen sacerdotes, generalmente son personas muy importantes para la vida de fe de aquella comunidad. Ellos pueden hacer muy bien eso en las comunidades donde pocas veces los sacerdotes van.

Juciele: Donde no sólo anunciar el Evangelio, sino compararlo con la vida indígena, incluyendo las culturas. Generalmente ellos son conocedores de la cultura, no quien sólo está preparado para evangelizar, sino quien conoce la cultura, la realidad.

El Sínodo también quiere hablar de la ecología integral. Para vosotras que sois indígenas, y también desde la espiritualidad franciscana, que siempre ha tenido una mirada preferencial sobre la naturaleza y la ecología, ¿qué significa esa dimensión ecológica para vosotras?

Juciele: Como franciscanas, como indígenas, como cristianas, en primer lugar es cuidar de la vida, de los hermanos, que somos creados por el mismo Dios, por el mismo Padre. La naturaleza es nuestra Madre y todos los animales, nosotros como indígenas, también los consideramos como hermanos, transformados por la misma canoa, como dicen los antiguos. Somos responsables de cuidar de la vida como seres racionales. Eso es lo que nos desafía hoy.

Rigoberta: Ese es uno de los temas que la Iglesia viene tratando desde hace varios años. Es un clamor que también la naturaleza nos pide de nosotros, como humanos, que vemos y tenemos esa capacidad de cuidar de la vida, de generar la vida. Y la naturaleza también, cada vez más destruida, muestra sus signos de clamor, de dolor, y para nosotros es un desafío. También el rescatar ese cuidado de la vida por la Madre naturaleza, pues todo está interconectado. Lo que vivimos dentro, también se expresa fuera. Este cuidado es uno de los temas que no se podría olvidar.

La Campaña de la Fraternidad, y también lo que el Papa Francisco nos ha pedido a cada uno de nosotros es que la Naturaleza no es sólo Madre, no es sólo vida. Si destruimos la naturaleza, la vida, el cosmos, estamos destruyendo nuestra propia espiritualidad, que estamos perdiendo cada vez más.

¿Vosotras pensáis que, con la Laudato Si, el Papa Francisco logró tener una visión que también está presente en la cultura, en la espiritualidad indígena?

Catiana: Venimos reflexionando sobre eso a partir de nuestra vivencia y es un gran desafío el cuidado del Planeta. Él colocaba la importancia de todos los elementos y también su cuidado. A partir de eso, aquí reflejamos mucho de nuestra espiritualidad, que cada una trae, la importancia del cuidado con la tierra como un hilo conductor de toda la espiritualidad indígena, que nos ayuda a tener mayor sensibilidad con la propia vida.

Nosotras queremos siempre poder colaborar, a nuestra manera, creyendo en los lugares sagrados, preservando los lugares donde creemos que la vida nació y donde la vida también es recogida de modo muy especial en esos ríos, donde tenemos varios lugares sagrados. Continuamos creyendo en eso, cuidando, lo que también es importante para que otros tomen conciencia de la importancia de los lugares, porque hay muchas propuestas viniendo de fuera para destruir eso, como empresas mineras, hidroeléctricas. Todo lo quieren transformar, ellos quieren destruir nuestros lugares sagrados, además de contaminar y degradar el medio ambiente.

Juciele: Para nosotras es muy importante lo que el Papa anunció. Este tiempo desafía, trae mucho dolor, es un modelo que sólo trae destrucción, deforestación y todo eso. Para nosotras es una luz que el Papa ha puesto y mostró para que continuemos preservando, cuidando, rezando, tanto en las bendiciones rituales como en la oración. Es importante ver que realmente la Naturaleza es nuestra madre, que la necesitamos, que estamos en ella y ella nos necesita como Madre y como creación de Dios.

Si pudieseis, al comienzo del Sínodo, hablar a todos los obispos presentes, dado que el Papa dice que quiere escuchar la voz de los pueblos indígenas. ¿Qué hablaríais como indígenas sobre lo que debería ser el Sínodo?

Catiana: Que realmente puedan escuchar la voz de todos los pueblos, de modo especial a los indígenas que fueron evangelizados, que ellos también tienen su espiritualidad, su manera de relacionarse con Dios y tienen sentimientos, tienen alma y, por eso, se preocupan por la construcción del bien común. Que ese Sínodo pueda realmente escuchar nuestra voz, de tantas mujeres. Es un privilegio poder colaborar con el Sínodo de los obispos, pues muchas mujeres todavía son calladas, violadas. Toda la Naturaleza la tenemos como Madre Tierra, el estado en que nuestro Planeta se encuentra es reflejo de cómo tratamos a la mujer, violentada, agredida, sin voz y sin cuidado.

Juciele: Por muchos años la cultura indígena, ella fue evangelizada y ahora estamos ante la oportunidad de también evangelizar otras culturas, para ellas también conocer como nosotros conocemos, como nosotros acogemos esa cultura cristiana. Hoy llegamos a este punto de compartir nuestra experiencia con otras culturas.

Rigoberta: Para nuestra diócesis, para nuestra Iglesia, que como pastores sientan realmente nuestro olor, la forma de ser, que también escuchen nuestra voz, que es de esperanza, de amor, de clamor. Que nosotros también tenemos la espiritualidad que nos hace ver la vida, que nos llama al cuidado de la vida, que no es sólo nuestra, sino también de otros pueblos. Que realmente sientan ese olor de las ovejas, que muchas veces se pierden en el mundo capitalista, y que ellos realmente puedan ver ese otro lado, que no somos sólo pobrecitos, sino que también tenemos nuestra riqueza y nuestros valores.

Catiana: Aquí traemos muchos elementos que necesitan ser valorados y respetados. Dentro de la cultura sabemos que hay elementos buenos y elementos que no nos ayudan a generar vida. Muchas veces, los misioneros justificamos lo que no genera vida como algo que es de la cultura. Por ejemplo, el exceso de bebida, las drogas, los vicios, venimos justificándolo, los suicidios. Pero nosotros decimos que no es de la propia cultura, ellos siempre murieron.

También en el caso de las mujeres que son violadas, las niñas, aquellas a quienes sus maridos pegan, diciendo que la cultura indígena es así, que las mujeres siempre trabajaron en el campo. Esto también nos ayuda a romper. Dentro de nuestro proceso formativo de la vida religiosa consagrada, nuestra congregación viene ayudándonos mucho para revisar esto, para romper para que podamos colaborar de una manera nueva en la construcción del Reino.

Juciele: La venganza es también muy fuerte aquí en la cultura, y nosotras como novicias venimos rompiendo, enfrentando, viviendo como reconciliarse uno con otro. Es muy fuerte la venganza, por medio de soplo, del mal mirar. Ahora conseguimos vivir el perdón.


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