Luis Miguel Modino: misionero en Brasil

La diplomacia no combina con el Evangelio

20.04.18 | 05:40. Archivado en Iglesia en Brasil

Sabemos que no es fácil llegar a un consenso dentro de una Conferencia Episcopal tan grande como la brasileña, con tendencias, mentalidades y espiritualidades tan diversas, pero cuando se escoge el camino de la diplomacia, de lo políticamente correcto, eso nos aleja de la profecía y, en consecuencia, del Evangelio.

El episcopado brasileño ha publicado este 19 de abril sendas notas en las que pretende mostrar su postura ante el momento socio-político por el que el país atraviesa y las elecciones que deben celebrarse el próximo mes de octubre. Los escritos son el resultado de los debates llevados a cabo en la 56ª Asamblea General de la Conferencia de los Obispos de Brasil – CNBB –, que reúne de 11 a 20 de abril a los prelados del país.

Eran pronunciamientos esperados, pero que en muchos han dejado un sabor agridulce, con palabras templadas, que intentan contentar a todo mundo, pero que acaban produciendo el efecto contrario. En la primera nota, que tiene por título “Mensaje de la Conferencia Nacional de los Obispos de Brasil al Pueblo de Dios”, la CNBB comienza defendiéndose de los ataques sufridos en las redes sociales, de los que participan grupos conservadores y reaccionarios, con el apoyo más o menos explícito de sacerdotes, algunos con gran tirón popular, y la falta de actitudes concretas por parte de los obispos de quienes dependen canónicamente. Son estos mismos grupos, en los que se juntan intereses políticos, económicos y religiosos, aquellos por los que los obispos insinúan sentirse perseguidos.

Ante esa situación, el episcopado hace una llamada a la unidad dentro de la Iglesia, que dicen formar parte del episcopado al afirmar que “estamos unidos entre nosotros por una fraternidad sacramental y en comunión con el sucesor de Pedro”, pero que se pone en duda posteriormente cuando se señala que no se sienten responsables “por palabras o acciones aisladas que no estén en sintonía con la fe de la Iglesia, su liturgia y doctrina social, aunque sean realizadas por eclesiásticos”. Junto con esto, muestran que “la opción preferencial por los pobres es una marca distintiva de la historia de esta Conferencia”, aunque muchos perciben que esa historia se ha ido diluyendo poco a poco.

La nota señala que “la CNBB no se identifica con ninguna ideología o partido político”, pero al mismo tiempo, teniendo como base una frase de la última exhortación apostólica del Papa Francisco, critica el “intimismo, sospechando del compromiso social de los otros y considerándolo superficial y mundano”, lo que no deja de ser contradictorio.

Los obispos dicen asumir en la nota un compromiso profético, que para muchos se queda en un plano teórico, pues se echa en falta una defensa explícita del Padre Amaro Lopes, que forma parte de la Comisión Pastoral de la Tierra, preso como consecuencia de un complot de poderes políticos y económicos. Lo mismo se puede decir de la muerte de Marielle Franco, la concejala de Rio de Janeiro asesinada un mes atrás, a cuya familia telefoneó el Papa Francisco, pero sobre cuya muerte, que probablemente nunca será resuelta por la policía y el poder judicial, nunca se ha pronunciado una Conferencia Episcopal que comienza la nota afirmando estar “en comunión con el Papa Francisco”.

Por otra parte, la segunda nota, que hace referencia a las elecciones de octubre, que muchos califican como más comprometida, se encuadra dentro de la perspectiva de “la defensa integral de la vida y de la dignidad de la persona humana, especialmente de los pobres y excluidos”, actitud que surge del hecho de que “Brasil vive un momento complejo, alimentado por una aguda crisis que afecta fuertemente a sus estructuras democráticas y compromete la construcción del bien común”, haciendo una crítica a la corrupción cada vez más presente, que provoca “un peligroso descrédito con la política”.

Los obispos denuncian “la carencia de políticas públicas consistentes”, que es considerado “la raíz de graves cuestiones sociales, como el aumento del desempleo y de la violencia que, en el campo y en la ciudad, causa víctimas entre millares de personas, sobretodo, mujeres, pobres, jóvenes, negros e indígenas”, fruto de las decisiones de un gobierno, que asumió el poder como consecuencia de un golpe de estado parlamentario, y al que, por otra parte, no se le hace una crítica explícita. Todo ello es consecuencia, según la nota episcopal, de “la pérdida de derechos y de conquistas sociales, resultado de una economía que somete la política a los intereses del mercado”.

Una de las realidades más preocupantes para los obispos son “los discursos y actos de intolerancia, de odio y de violencia”, que impiden “toda posibilidad de dialogo”, una actitud defendida abiertamente por algunos políticos, apoyados inclusive por grupos católicos. En ese sentido, los obispos definen las elecciones como “un paso importante para que Brasil reafirme la normalidad democrática, supere la crisis institucional vigente, garantice la independencia y la autonomía de los tres poderes constituidos”.

El episcopado hace una llamada al pueblo a “participar efectivamente de la construcción de un país justo, ético e igualitario”, viendo en “este momento difícil una oportunidad de crecimiento, abandonando los caminos de la intolerancia, del desánimo y del desencanto”. Igualmente, insiste para que los políticos “antepongan el bien común a sus intereses privados”, realidad cada vez menos presente en la política brasileña, donde casi todo se compra y se vende.

Son notas que sin duda provocan reacciones diferentes en un país cada vez más dividido, pero en las que muchos sienten la falta de palabras más decididas y contundentes, especialmente en la que quiere reflexionar sobre el momento actual por el que Brasil pasa. Inclusive, algunos obispos, en privado, reconocen que la profecía es algo cada vez menos presente en la Conferencia Episcopal brasileña.

Mensaje de la Conferencia Nacional de los Obispos de Brasil al Pueblo de Dios

Lo que vimos y oímos nosotros os lo anunciamos, para que también vosotros tengáis comunión con nosotros. Ahora, nuestra comunión es con el Padre y con su Hijo Jesucristo (1Jn 1,3)

En comunión con el Papa Francisco, nosotros, Obispos miembros de la CNBB, reunidos en la 56ª Asamblea General, en Aparecida-SP, agradecemos a Dios por los 65 años de la CNBB, don de Dios para la Iglesia y para la sociedad brasileña. Invitamos a los miembros de nuestras comunidades y a todas las personas de buena voluntad a juntarse a la reflexión que hacemos sobre nuestra misión y asumir con nosotros el compromiso de recorrer este camino de comunión y servicio.

Vivimos un tiempo de politización y polarizaciones que generan polémicas en las redes sociales y afectan a la CNBB. Queremos promover el diálogo respetuoso, que estimule y haga crecer nuestra comunión en la fe, pues, sólo permaneciendo unidos en Cristo podemos experimentar la alegría de ser discípulos misioneros.

La Iglesia fundada por Cristo es misterio de comunión: “pueblo reunido en la unidad del Padre y del Hijo en el Espíritu Santo” (San Cipriano). Como Cristo amó a la Iglesia y se entregó por ella (cf. Ef. 5,25), así debemos amarla y por ella donarnos. Por eso, no es posible comprender a la Iglesia simplemente a partir de categorías sociológicas, políticas e ideológicas, pues ella es, en la historia, el Pueblo de Dios, el cuerpo de Cristo, y el templo del Espíritu Santo.

Nosotros, obispos de la Iglesia católica, sucesores de los Apóstoles, estamos unidos entre nosotros por una fraternidad sacramental y en comunión con el sucesor de Pedro; eso nos constituye un colegio al servicio de la Iglesia (cf. Christus Dominus, 3). Nuestro afecto colegial se concreta también en las Conferencias Episcopales, expresión de catolicidad y unidad de la Iglesia. El Concilio Vaticano II, en la Lumen Gentium, 23, atribuye el origen de las Conferencias Episcopales a la Divina Providencia y, en el decreto Christus Dominus, 37, determina que sean establecidas en todos los países en que está presente la Iglesia.

En su misión evangelizadora, la CNBB viene sirviendo a la sociedad brasileña, marcando su actuación por el Evangelio y por el Magisterio, particularmente por la Doctrina Social de la Iglesia. “La fe actúa por la caridad” (Gl 5,6); por eso, la Iglesia, a partir de Jesucristo, que revela el misterio del hombre, promueve el humanismo integral y solidario en defensa de la vida, desde la concepción hasta el fin natural. Igualmente, la opción preferencial por los pobres es una marca distintiva de la historia de esta Conferencia. El Papa Benedicto XVI afirmó que “la opción preferencial por los pobres está implícita en la fe cristológica en aquel Deus que se hizo pobre por nosotros, para enriquecernos con su pobreza”. Es a partir de Jesucristo que la Iglesia se dedica a los pobres y marginados, pues en ellos, ella toca la propia carne sufridora de Cristo, como exhorta el Papa Francisco.

La CNBB no se identifica con ninguna ideología o partido político. Las ideologías llevan a dos errores nocivos: por un lado, transformar el cristianismo en una especie de ONG, sin llevar en cuenta la gracia y la unión interior con Cristo; por otro, vivir entregados al intimismo, sospechando del compromiso social de los otros y considerándolo superficial y mundano (cf. Gaudete et Exsultate, n. 100-101).

Al asumir posicionamientos pastorales en cuestiones sociales, económicas y políticas, la CNBB lo hace por exigencia del Evangelio. La Iglesia reivindica siempre la libertad, a la que tiene derecho, para pronunciar su juicio moral acerca de las realidades sociales, siempre que los derechos fundamentales de la persona, el bien común o la salvación humana lo exijan (cf. Gaudium et Spes, 76). Eso nos compromete proféticamente. No podemos callarnos cuando la vida está amenazada, los derechos no respetados, la justicia corrompida y la violencia instaurada. Si, por este motivo, fuéramos perseguidos, nos configuraremos a Jesucristo, viviendo la bienaventuranza de la persecución (Mt 5,11).

La Conferencia Episcopal, como institución colegiada, no puede ser responsabilizada por palabras o acciones aisladas que no estén en sintonía con la fe de la Iglesia, su liturgia y doctrina social, aunque sean realizadas por eclesiásticos.

En este Año Nacional del Laicado, llamamos a todos los fieles a vivir la integridad de la fe, en la comunión eclesial, construyendo una sociedad impregnada de los valores del Reino de Dios. Para eso, la libertad de expresión y el dialogo responsable son indispensables. Deben, sin embargo, ser pautados por la verdad, fortaleza, prudencia, reverencia y amor “para con aquellos que, en razón do su cargo, representan a la persona de Cristo” (LG 37). “Para discernir la verdad, es necesario examinar aquello que favorece la comunión y promueve el bien y aquello que, al contrario, tiende a aislar, dividir e contraponer” (Papa Francisco, Mensagem para o 52º día Mundial de las Comunicaciones de 2018).

De este Santuario de Nuestra Señora Aparecida, invocamos, por su materna intercesión, abundantes bendiciones divinas sobre todos.

Aparecida-SP, 19 de abril de 2018.

Cardenal Sergio da Rocha
Arzobispo de Brasilia – DF
Presidente de la CNBB

Monseñor Murilo Sebastião Ramos Krieger, SCJ
Arzobispo São Salvador da Bahia
Vice-Presidente de la CNBB

Elecciones 2018: Compromiso y Esperanza - Mensaje de la 56ª Asamblea General de la CNBB al Pueblo Brasileño

“Continuemos a afirmar nuestra esperanza, sin desanimar” (Hb 10,23)

Nosotros, obispos católicos de Brasil, conscientes de que la Iglesia “no puede ni debe quedarse al margen en la lucha por la justicia” (Papa Benedicto XVI – Deus Caritas Est, 28), miramos para la realidad brasileña con el corazón de pastores, preocupados con la defensa integral de la vida y de la dignidad de la persona humana, especialmente de los pobres y excluidos. Del Evangelio nos viene la conciencia de que “todos los cristianos, incluyendo los Pastores, son llamados a preocuparse con la construcción de un mundo mejor” (Papa Francisco – Evangelii Gaudium, 183), señal del Reino de Dios.

En este año electoral, Brasil vive un momento complejo, alimentado por una aguda crisis que afecta fuertemente a sus estructuras democráticas y compromete la construcción del bien común, razón de la verdadera política. La actual situación del País exige discernimiento y compromiso de todos los ciudadanos y de las instituciones y organizaciones responsables por la justicia y por la construcción del bien común.

Al abdicar de la ética y de la búsqueda del bien común, muchos agentes públicos y privados se convirtieron en protagonistas de un escenario desolador, en el cual la corrupción gana destaque, al revelar raíces cada vez más ancladas y profundas. Ni los avances en su combate consiguen convencer a todos de que la corrupción será definitivamente erradicada. Crece, por eso, en la población, un peligroso descrédito con la política. A ese respecto, nos advierte el Papa Francisco que, “muchas veces, la propia política es responsable por su descrédito, debido a la corrupción y a la falta de buenas políticas públicas” (Laudato Sì,197). De hecho, la carencia de políticas públicas consistentes, en el país, está en la raíz de graves cuestiones sociales, como el aumento del desempleo y de la violencia que, en el campo y en la ciudad, causa víctimas entre millares de personas, sobretodo, mujeres, pobres, jóvenes, negros e indígenas.

Además de eso, la pérdida de derechos y de conquistas sociales, resultado de una economía que somete la política a los intereses del mercado, ha aumentado el número de los pobres y de los que viven en situación de vulnerabilidad. Un sin número situaciones exigen soluciones urgentes, como la de los presos, que clama al cielo y es causa, en gran parte, de las rebeliones que acaban con muchas vidas. Los discursos y actos de intolerancia, de odio y de violencia, tanto en las redes sociales como en manifestaciones públicas, revelan una polarización y una radicalización que producen posturas anti democráticas, cerradas a toda posibilidad de dialogo y conciliación.

En ese contexto, las elecciones de 2018 tienen sentido particularmente importante y provisor. Ellas deben garantizar el fortalecimiento de la democracia y el ejercicio de la ciudadanía de la población brasileña. Se constituyen, en la actual coyuntura, en un paso importante para que Brasil reafirme la normalidad democrática, supere la crisis institucional vigente, garantice la independencia y la autonomía de los tres poderes constituidos – Ejecutivo, Legislativo y Judicial – y evite el riesgo de judicialización de la política y de politización de la Justicia. Es imperativo asegurar que las elecciones sean realizadas dentro de los principios democráticos y éticos para que se restablezcan la confianza y la esperanza tan damnificadas del pueblo brasileño. El bien mayor del País, para más allá de ideologías e intereses particulares, debe conducir la conciencia y el corazón tanto de candidatos, cuanto de electores.

En las elecciones, no se debe abrir mano de principios éticos y de dispositivos legales, como el valor y la importancia del voto, aunque éste no agote el ejercicio de la ciudadanía; el compromiso de acompañar los elegidos y participar efectivamente de la construcción de un país justo, ético e igualitario; la transparencia del proceso electoral, haciendo valer las leyes que lo rigen, particularmente, la Ley 9840/1999 de combate a la corrupción electoral mediante la compra de votos y el uso del aparato administrativo, y la Ley 135/2010, conocida como “Ley de la Ficha Limpia”, que convierte en inelegible a quien haya sido condenado en decisión proferida por órgano judicial colegiado.

En este Año Nacional del Laicado, con el Papa Francisco, afirmamos que “hay necesidad de dirigentes políticos que vivan con pasión su servicio a los pueblos, (…) solidarios con sus sufrimientos y esperanzas; políticos que antepongan el bien común a sus intereses privados; que no se dejen intimidar por los grandes poderes financieros y mediáticos; que sean competentes y pacientes frente a problemas complejos; que sean abiertos a oír y aprender en el dialogo democrático; que conjuguen la busqueda de la justicia con la misericordia y la reconciliación” (Mensaje a los participantes en el encuentro de políticos católicos – Bogotá, Diciembre-2017).

Es fundamental, por tanto, conocer y evaluar las propuestas y la vida de los candidatos, procurando identificar con claridad los intereses subyacentes a cada candidatura. La campaña electoral se convierte, así, en oportunidad para los candidatos revelar su pensamiento sobre el Brasil que queremos construir. No merecen ser elegidos o reelegidos candidatos que se rinden a una economía que coloca el lucro encima de todo y no asumen el bien común como su meta, ni los que proponen y defienden reformas que atentan contra la vida de los pobres y su dignidad. Son igualmente reprobables candidaturas motivadas por la búsqueda del foro privilegiado y otras ventajas.

Reafirmamos que “de los agentes políticos, en cargos ejecutivos, se exige la conducta ética, en las acciones públicas, en los contratos firmados, en las relaciones con los demás agentes políticos y con los poderes económicos” (CNBB – Doc. 91, n. 40 – 2010). De los que sean elegidos para el Parlamento se espera una acción de fiscalización y legislación que no se limite a la simple presencia en el grupo de apoyo o de oposición al Ejecutivo (cf. CNBB – Doc. 91, n. 40– 2010). Las elecciones son ocasión para que los electores evalúen a los candidatos, sobre todo, a los que ya ejercen mandatos, aprobando a los que honraron el ejercicio de la política y reprobando a los que se dejaron corromper por el poder político y económico.

Exhortamos a la población brasileña a hacer de este momento difícil una oportunidad de crecimiento, abandonando los caminos de la intolerancia, del desánimo y del desencanto. Incentivamos a las comunidades eclesiales a asumir, a la luz del Evangelio, la dimensión política de la fe, al servicio del Reino de Dios. Sin levantar los pies del duro suelo de la realidad, somos movidos por la esperanza, que nos compromete con la superación de todo lo que aflige al pueblo. Alertamos para el cuidado con fake news, ya presentes en ese periodo pre-electoral, con tendencia a proliferar, con ocasión de las elecciones, causando graves perjuicios a la democracia.

El Señor “nos conceda más políticos, que tengan verdaderamente en el pecho a la sociedad, el pueblo, la vida de los pobres” (Papa Francisco – Evangelii Gaudium, 205). Nuestra Señora Aparecida, Patrona de Brasil, sea nuestra fiel intercesora.

Aparecida – SP, 17 de abril de 2018

Cardenal Sergio da Rocha
Arzobispo de Brasília – DF
Presidente de la CNBB

Monseñor Murilo Sebastião Ramos Krieger, SCJ
Arzobispo São Salvador da Bahia
Vice-Presidente da CNBB


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