Luis Miguel Modino: misionero en Brasil

Monseñor Severino Clasen: “es necesaria la proximidad con el laicado, que nosotros pastores no tengamos miedo a los laicos”.

24.02.18 | 17:17. Archivado en Iglesia en Brasil

Uno de los grandes desafíos de la Iglesia católica en este siglo XXI es acabar de una vez por todas con el pecado del clericalismo. Ese es uno de los aspectos siempre presentes en el Papa Francisco, trayendo de vuelta lo que el Concilio Vaticano II había apuntado más de cincuenta años atrás y que poco a poco fue quedando en el tintero, una Iglesia Pueblo de Dios.

Este año, se está celebrando en Brasil el Año Nacional del Laicado, con el tema “Cristianos laicos y laicas, sujeto en la “Iglesia en salida”, al servicio del Reino”, y el lema “Sal de la Tierra y Luz del Mundo”. Los laicos muchas veces son olvidados o poco valorados dentro de la Iglesia, lo que no deja de ser un tirar piedras contra el propio tejado, pues eso hace perder cada vez más fuerza a la propia Iglesia.

En esta entrevista, Monseñor Severino Clasen, obispo de Caçador y Presidente de la Comisión Episcopal para el Laicado de la CNBB, Conferencia Nacional de los Obispos de Brasil, por sus siglas en portugués, nos ayuda a reflexionar sobre lo que puede significar este Año del Laicado, destacando que “los laicos y laicas están muy interesados en dar vida, ese nuevo vigor a la Iglesia”, que tienen que ser protagonistas, como recogen los últimos documentos del episcopado brasileño.

Para Monseñor Clasen es necesario hacerse presente en las periferias, una presencia donde pueden jugar un papel decisivo los laicos, pero para eso es necesario que “los laicos en las periferias también tengan derecho a tomar decisiones”, que a través de ministerios “ellos puedan de hecho tener autoridad y autonomía para hablar del Evangelio en nombre de nuestra Iglesia”. De hecho, el papel de esos ministerios puede llegar inclusive a la presidencia de la Eucaristía, “la Iglesia tiene que tener también valentía y ultra pasar algunas estructuras y culturas históricas”, según el obispo de Caçador. Es necesario que se dé un diálogo entre los obispos para buscar nuevos caminos que hagan posible que “ningún cristiano se quede sin Eucaristía”.

Junto con eso, los laicos tienen que “pedir que los pastores sean servidores, y no aquellos que están esperando el servicio de los laicos”. La Iglesia debe reflexionar sobre la formación de los futuros sacerdotes, quienes deben sentir el deseo de hacerse presentes entre la gente, de conocer y compartir su vida, pues “cuando los pastores insisten en estar lejos del rebaño el peligro aparece”.

Es necesario que los laicos se formen, “que los documentos de la Iglesia lleguen a las bases”, pues cuando existe en los laicos ese conocimiento, “su misión empieza a cambiar.... empezamos a tener una Iglesia en salida, una Iglesia que vuelve a poner los pies en la tierra”.

Como Presidente de la Comisión Episcopal para el Laicado de la CNBB, Conferencia Nacional de los Obispos de Brasil, ¿qué es lo que usted piensa que puede significar el Año del Laicado para la Iglesia de Brasil?

En este mundo en que vivimos y ante la falta de una espiritualidad más encarnada del seguimiento de Jesucristo, percibimos que este es un año para despertar la conciencia y la madurez de los cristianos, aquellos que de hecho asumen la gracia del bautismo.

En el fondo se trata de revitalizar las decisiones del Concilio Vaticano II, los documentos post-concilio, y sobre todo dar fuerza y énfasis a las decisiones del Papa Francisco. Percibimos que los laicos y laicas están muy interesados en dar vida, ese nuevo vigor a la Iglesia, siendo fermento en esa masa de la sociedad.

¿Podríamos decir que el futuro de la Iglesia no es posible sin una mayor participación y responsabilidad de los laicos y laicas en la vida pastoral del día a día?

El Documento 105 que la CNBB publicó en 2016, y ahora el Año del Laicado, quieren exactamente afirmar que los cristianos laicos y laicas deben ser sujetos eclesiales, deben ser sujetos de la sociedad, y al mismo tiempo protagonistas. No veo otro camino, a no ser que los cristianos laicos y laicas muestren su madurez en la fe y también en su fuerza y conciencia de ciudadanos. Es allí donde vamos a transformar y hacer realidad un mundo nuevo, por la conciencia y madurez de los cristianos laicos y laicas.

El Papa Francisco nos habla mucho sobre la necesidad de la presencia en las periferias. ¿Esa presencia en las periferias resultaría más fácil en la medida en que los cristianos laicos y laicas puedan asumir esa misión como algo propio?

Necesitamos salir de los centros y usar la estrategia de Jesucristo. Jesús no comenzó en Jerusalén, Él comenzó en las periferias y es allí donde El anunció, y de las periferias Él fue para el centro. Nosotros estamos mucho en el centro, tenemos miedo a las periferias, y por eso la Iglesia católica está dejando de ser referencia en muchas ciudades, muchas periferias. Es necesario ser más presencia efectiva, dar más poder, más fuerza, más valentía y también conciencia, que los laicos en las periferias también tengan derecho a tomar decisiones, pero siempre en comunión con la jerarquía, con los pastores.

De hecho, esa presencia en las periferias de las Iglesias evangélicas, donde el protagonismo de los laicos parece estar más presente en la vida de la gente, con más visitas y una mayor dimensión misionera, es mayor. En ese sentido, ¿cómo católicos no deberíamos fijarnos en ese modo de ser presencia en la vida cotidiana de la gente?

He insistido mucho en los grupos, inclusive en la comisión del laicado, que se formen los ministerios de los cristianos laicos para que ellos puedan de hecho tener autoridad y autonomía para hablar del Evangelio en nombre de nuestra Iglesia y pedir que los pastores sean servidores, y no aquellos que están esperando el servicio de los laicos, que los laicos levanten la bandera de la fe y de la esperanza y actúen.

Por eso, la Iglesia tiene que dar más preparación, conciencia, madurez y hacer que la red de evangelización abarque y llegue con más libertad, con más ternura y rapidez a nuestras periferias.

Una de las grandes críticas del Papa Francisco, y que se escuchan a los propios laicos contra el clero, obispos y sacerdotes, es el problema del clericalismo. ¿Cómo superar ese clericalismo, un problema que en los últimos tiempos se ha acentuado demasiado dentro de la Iglesia católica?

Haciendo que los documentos de la Iglesia lleguen a las bases. Cuando los laicos conocen los derechos y también los deberes, ellos tienen la valentía de hablar. Nosotros muchas veces escondemos nuestros propios documentos, y cuando los laicos tienen conciencia y conocimiento de los documentos que hay detrás, su misión empieza a cambiar. He insistido y también descubierto en muchos lugares, que donde los laicos estudian, ellos tienen la conciencia, la madurez, el saber, ellos tienen argumentos para hablar, y cuando tienen argumentos empezamos a tener una Iglesia en salida, una Iglesia que vuelve a poner los pies en la tierra.

Todos los documentos, y sobre todo las exhortaciones, las cartas, los mensajes del Papa Francisco nos están dando una avalancha de posibilidades y también de necesidades, de llegar a las periferias con la fuerza del Evangelio, que la Iglesia, con los documentos que produce, sea ese ancla que da firmeza y hace aparecer lo nuevo. Ahí sí, podemos percibir que allí se está siendo sal, está teniendo sabor, está brillando el Evangelio, porque se tiene el conocimiento y también la iluminación interior del Espíritu Santo.

No sólo los documentos del Papa como también los documentos de la CNBB. Se vemos rápidamente, el documento sobre la Parroquia comunidad de comunidades y el documento sobre el laicado, insisten mucho en esa dimensión del trabajo pastoral y protagonismo de los laicos. ¿Podríamos decir que algunos sacerdotes tienen miedo de formar a los laicos? A veces se escuchan comentarios que dicen que cuando el laico se forma se vuelve contra el sacerdote, ¿por qué se dan esos comentarios, cuando en realidad la formación del laicado sería potenciar la misión evangelizadora de la Iglesia?

Yo hablaría de la misma preocupación del Papa Francisco en su viaje a Chile y Perú, cuando habla sobre la situación de la sociedad y del mundo, y se pregunta también ¿qué tipo de sacerdote estamos formando? Por eso, es necesario ver bien el tipo de seminaristas. Suelo decir a mis seminaristas, ¿vosotros os parecéis con nuestra diócesis? ¿Vosotros conocéis los principios, las directrices, las pastorales de la diócesis de Caçador, en este caso mi diócesis?

Es en esa dirección que tenemos que actuar, comenzar a preparar agentes. Hacer que los documentos, y acreciento aquí, los tres últimos documentos de la CNBB, el número 100, comunidad de comunidades, que quiere mostrar el espacio, el suelo, el 105, los laicos como sujetos protagonistas, y el 107, la preparación, la iniciación a la vida cristiana. Significa que esos tres documentos, los tres últimos de la CNBB, vienen como un guante dentro de ese pedido que el Papa hace y también dentro de la necesidad que la Iglesia tiene hoy de ser más fermento en la masa.

En ese viaje a Chile, el Papa Francisco fue claro en el encuentro con seminaristas, religiosos y sacerdotes, diciendo que la Iglesia no necesita superhombres, que necesita pastores. Esa dimensión pastoral, esa asimilación con el Buen Pastor que cuida de las ovejas, ¿se ha perdido un poco dentro de la Iglesia católica?

Cuando los pastores insisten en estar lejos del rebaño el peligro aparece. En el 14º Intereclesial de las Comunidades Eclesiales de Base, fui invitado a hospedarme en el seminario, pero también las familias querían, y escogí quedarme en una familia, porque las familias, ellas quieren el contacto con el pastor. Hubo muchas lágrimas de emoción escuchando a otros colegas hermanos en el episcopado, relatando la emoción de las familias al acoger padres y obispos.

Algunos decían, un obispo nunca estuvo en mi casa, y ahora viene para vivir una semana con nosotros, y sentir el calor, el afecto. Si conseguimos dejar de lado ese poder, la distancia del pastor y aproximarnos, resolvemos muchas cosas, porque ahí sí que tenemos el olor de las ovejas que nos dice el Papa Francisco.

Ahí tenemos también la valentía de hablar, de denunciar, y si fuese necesario llegar al martirio. Es así que el Evangelio funciona, fue así que nació. Fue así que los primeros cristianos actuaron. Es esa convicción, esa proximidad, esa espiritualidad, ese asumir la cruz y la carne que aparece en el documento 105, espiritualidad de la proximidad, espiritualidad del seguimiento, del seguimiento de Jesucristo, ahí encontramos la cruz y la carne, cruz es sufrimiento y enfrentamiento, carne es relación, amistad, proximidad.

Para usted, ¿qué supuso esa convivencia durante una semana con una familia que no conocía. Qué es lo que usted aprendió con esa experiencia?

Aquello que es la realidad del día a día de los cristianos laicos y laicas y que debe ser también nuestra realidad de pastores. No podemos crear categorías diferentes de vidas, nosotros como pastores, tenemos que estar al servicio, próximos. Esa convivencia, esa simplicidad, para mí fortaleció mis principios y convicción como obispo, para continuar teniendo esa proximidad, y dentro del Consejo Nacional del Laicado convencer también a toda la Iglesia en esa dimensión de la proximidad con el laicado, que nosotros pastores no tengamos miedo a los laicos y laicas.

Ellos quieren, ellos imploran, ellos necesitan la proximidad de sus pastores. Y en esa proximidad nos entendemos y comenzamos a disminuir las tensiones, empieza a crecer el seguimiento y la adhesión a la Iglesia católica.

Si hay una región donde la presencia activa y comprometida del laicado es importante, esa es la Amazonia. Está programado para 2019, y ya han comenzado las reuniones preparatorias, el Sínodo de la Amazonia. El objetivo principal, según el Papa Francisco, es buscar nuevos caminos para la evangelización de la Amazonia, especialmente de los pueblos indígenas. Una de las situaciones que provoca interrogantes en la Amazonia es el tema de la Eucaristía, que en muchas comunidades es celebrada sólo una o dos veces por año. Ante esa situación, surgen voces en la Amazonia, de misioneros, sacerdotes, obispos, para buscar como hacer realidad esa celebración de la Eucaristía en la Amazonia. ¿Podría ser una posibilidad la creación de un ministerio de la presidencia eucarística donde esa presencia sacerdotal es muy pequeña?

El sacramento de la Eucaristía es uno de los sacramentos de lo cotidiano, es el alimento diario, y cuando falta ese alimento tenemos peligros, porque nos falta aquello que es hacer eso en memoria mí. Por tanto, no podemos imaginar un cristiano sin eucaristía. Ahora bien, el cristiano tiene que tener derecho a tener la Eucaristía con más frecuencia, y por eso la Iglesia tiene que tener también valentía y ultra pasar algunas estructuras y culturas históricas, y no quedarse apenas en el siempre fue así, sino ver más la necesidad, la realidad.

Es necesario dar pasos, pero tenemos que descubrir que el Espíritu Santo tiene el camino. Tenemos que pedir al Espíritu Santo y dejar que Él nos hable al corazón, y cuando el Espíritu Santo habla al corazón de la Iglesia, la Iglesia tiene valentía para hacer cambios. A partir de ahí podremos ver sacerdotes diferentes de la manera a la que conocemos hoy. Ahora, ¿cuál? Vamos a dejar al Espíritu Santo actuar. No vamos a quedarnos presos y dejar al Espíritu Santo en remojo para ver que es lo que podemos hacer. Pero es necesario que la Iglesia sea más orante, valiente, profética y sea osada.

El Papa Francisco, ante esa realidad, espera de las conferencias episcopales propuestas valientes. ¿Están apareciendo esas propuestas, existe esa valentía, como usted dice, para dejar de hacer lo que siempre fue hecho?

Aquí está la fuerza del diálogo que tenemos que tener entre el episcopado. Existen iniciativas, el diálogo comenzó, las provocaciones ya existen, el pedido de una osadía existe. Ahora necesitamos, quien sabe si en la próxima asamblea, dar un paso a más. Así vamos rompiendo ese bloqueo, esa piedra empieza a ser disuelta y vamos a poder atender, porque no es sólo Amazonas.

Amazonas es la gran bandera, y estoy de plenamente de acuerdo con ese Sínodo, y esa es también mi esperanza. Es desde dentro del conflicto desde donde tenemos que saber abrir puertas, es dentro del conflicto, de la miseria y de la pobreza que somos obligados a cambiar la estructura, porque es desde la carencia que vamos a llegar a la suficiencia. Por eso es necesario tener ese principio, y yo creo que vamos a dar un paso y continuo pidiendo a Dios que ninguna familia, ningún cristiano se quede sin Eucaristía.


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