Luis Miguel Modino: misionero en Brasil

Cardenal Sergio da Rocha: “Es muy importante que tengamos una acción más efectiva de la población brasileña en su ejercicio de la ciudadanía"

El episcopado brasileño está preocupado con la situación por la que el país pasa, por lo que no ha dudado en cuestionar las iniciativas gubernamentales que suponen una pérdida de derechos, sobretodo de los más pobres, queriendo ser una voz profética que alerte a la población.

Nadie mejor que el actual Presidente de la CNBB, Conferencia Nacional de los Obispos de Brasil, por sus siglas en portugués, el Cardenal Sergio da Rocha, para ayudarnos a entender los motivos que han llevado a la Presidencia del episcopado a emitir una serie de notas en las que han cuestionado las reformas del gobierno Temer.

En esta entrevista, el arzobispo de Brasilia, insiste en la necesidad de una movilización de la gente, pues “es muy importante que tengamos una acción más efectiva de la población brasileña en su ejercicio de la ciudadanía, ya que muchas veces hay una indiferencia o una cierta apatía en relación con la vida política”. Al mismo tiempo, reclama “que la sociedad civil organizada sea más oída para poder permitir una participación más efectiva en la propia vida social”, siendo necesario insistir en ”la necesidad de una participación política mayor..., de una presencia en los diversos ambientes de la sociedad”.

Este Año del Laicado, que la Iglesia de Brasil está celebrando, “nos va a ayudar en primer lugar a dar más valor a la presencia de los laicos en la Iglesia”, según el cardenal da Rocha, que “es necesario hacer más efectiva”. Pero al mismo tiempo, tiene que “fomentar una mayor participación en la sociedad”.

Los dos próximos sínodos convocados por el Obispo de Roma son de particular importancia para la Iglesia. En este 2018 sobre la Juventud y el próximo año sobre la Amazonia. En el Sínodo de octubre, el cardenal de Brasilia será el relator, señalando que será una oportunidad “para hacer más efectiva la presencia de los jóvenes en la propia Iglesia”, para lo que es necesario que “en la asamblea sinodal la voz de los jóvenes sea oída”.

Respecto al Sínodo de la Amazonia, el cardenal dice que “la Iglesia de Brasil espera mucho..., orientaciones pastorales, reflexiones, propuestas que vengan a animar más la vida y la misión de la Iglesia en la Amazonia”. Es una oportunidad para “oír la voz de los pueblos indígenas y defender siempre más su vida, sus derechos, su dignidad”. Junto con esto, va a ser momento para “pensar justamente en como hacer realidad una Iglesia cada vez más ministerial”, que aborde “la problemática de la ausencia de presbíteros o de ministros ordenados en la vida de nuestras Iglesias de la Amazonia”.

Ante la situación que Brasil está viviendo, con una realidad socio-política que cada día nos sorprende, que cada día nos presenta una novedad, como presidente de la Conferencia Nacional de los Obispos de Brasil, ¿cuál es su reacción ante esa realidad?

La propia CNBB, Conferencia Nacional de los Obispos de Brasil, se ha pronunciado varias veces. Preocupada con la situación que hemos vivido, pero sobretodo cuestionando iniciativas que suponen la perdida de derechos, sobretodo de los más pobres, llevamos a cabo varias iniciativas. Varias reformas han ocurrido aquí en Brasil, primero el Proyecto de Enmienda Constitucional, sobre el techo de los gastos públicos, después la reforma laboral, la tercerización, ahora la reforma de la previdencia.

La CNBB ha sido una voz profética cuestionando esas iniciativas, sobretodo alertando firmemente sobre la perdida de derechos que esas iniciativas traen. Está claro que cada vez es más necesario vivir esa misión profética de la Iglesia, tenemos mucho por hacer. No es suficiente con un pronunciamiento, es necesaria una acción efectiva de nuestras comunidades, participando en la vida política del país.

Los obispos de Brasil, por medio de la CNBB, ha tenido sus pronunciamientos, la CNBB tiene las pastorales sociales y organismos, que tienen su actuación, pero necesitamos la colaboración de la sociedad civil organizada actuando y sobretodo de la movilización de nuestras comunidades. Una manera de movilizarse, aunque está claro que depende de la realidad local, nosotros siempre defendemos manifestaciones que sean pacíficas, apelamos siempre a la no violencia, vivimos en una sociedad que ya es violenta y no podemos permitir que cualquier tipo de violencia sean combatido con más violencia.

Pero es muy importante que tengamos una acción más efectiva de la población brasileña en su ejercicio de la ciudadanía, ya que muchas veces hay una indiferencia o una cierta apatía en relación con la vida política.

Usted incide en esa participación de la gente, que es un idea que también está muy presente en las palabras del Papa Francisco. En los encuentros con los movimientos sociales siempre dice que las reformas sociales tienen que nacer de la base. ¿Por qué esa falta de compromiso, esa apatía que usted señala, inclusive dentro de las propias comunidades de la Iglesia católica?

Hoy tenemos históricamente en Brasil, factores que nos llevarían a explicar un poco esas reacciones de apatía o de indiferencia. También tenemos una falta de oportunidades para un diálogo más efectivo con la sociedad civil organizada. El propio gobierno brasileño tiene una tendencia a dialogar con el Congreso Nacional, negociar políticamente con el congreso. Está claro que en una democracia siempre existe eso, pero no se puede restringir a eso, es necesario que la gente sea más escuchada, sobretodo que la sociedad civil organizada sea más oída para poder permitir una participación más efectiva en la propia vida social.

Pienso que nosotros, en el interior de las comunidades, necesitamos también resaltar el valor, la necesidad de una participación política mayor. Porque también depende de la Iglesia local que esa participación crezca o no. Creo que es necesario ayudar, incentivar. Yo digo que nosotros en cuanto obispos, ministros ordenados, que rigen la Iglesia, necesitamos incentivar a nuestra gente, en nuestras comunidades a pensar en la vida política, a participar más efectivamente en la vida política de manera organizada y no apenas individualmente.

Las comunidades eclesiales de base siempre incidieron en esa dimensión política, en esa presencia en la sociedad, en ese compromiso para hacer realidad un mundo mejor. Acaba de celebrarse el 14º Intereclesial de las Comunidades Eclesiales de Base, que ha reflexionado sobre la evangelización del mundo urbano. ¿Cómo pueden ayudar las comunidades eclesiales de base en esa caminada, en ese trabajo?

En el mensaje a los participantes del Intereclesial resaltaba que no se trata de ofrecer apenas respuestas pastorales, a través de iniciativas de las CEBs, sino que las propias CEBs, la propia comunidad eclesial de base ya es una respuesta a los desafíos del mundo urbano, porque hay necesidad de construir comunidad, comunidad que no se limite al territorio, sino comunidades que favorezcan la acogida, la integración de los más pobres, los excluidos, los que más sufren, que no encuentran espacio en otras situaciones.

En el mundo urbano, la propia comunidad eclesial de base, las CEBs, ya es una respuesta, pero está claro que la participación efectiva de los laicos y laicas es la gran respuesta. En las CEBs tenemos a los laicos y laicas como sujetos de la Iglesia, participando en las CEBs, pero es necesario que esa participación no se limite al interior de la comunidad, sino que sea una presencia en los diversos ambientes de la sociedad, por ejemplo en la política, en el trabajo, en la cultura.

Existen diversos espacios y situaciones de la vida social necesitando de una presencia más intensa y más organizada del laicado, porque tampoco es suficiente con acciones espontaneas y personales. Necesitamos una acción por medio de las pastorales sociales, por ejemplo, las propias CEBs deben dar valor a las pastorales sociales y expresarse pastoralmente por la actuación de las pastorales sociales, pues la comunidad como tal ya es una gran respuesta al mundo urbano.

Este año la Iglesia de Brasil celebra el Año del Laicado, ¿cómo puede ayudar el Año do Laicado en esa dirección que usted está proponiendo, qué está esperando de la Iglesia de Brasil, sobretodo de los laicos y laicas?

Pienso que el Año del Laicado nos va a ayudar en primer lugar a dar más valor a la presencia de los laicos en la Iglesia. A veces se tiene la idea que ya está muy bien tal y como está, que a partir del Vaticano II ya está todo resuelto, que los laicos y laicas ya tienen su participación y su espacio. Infelizmente, no siempre es así, es necesario hacer más efectiva esa presencia de los laicos y laicas en la vida de la Iglesia, en las comunidades. Por ejemplo, tenemos consejos y espacios de participación en el interior de las comunidades a los que se debe dar más valor.

Esperamos que el Año del Laicado pueda de hecho incentivar, fomentar una mayor participación en la sociedad, porque creo que ese es el gran desafio. Los laicos y laicas están en la Iglesia, es necesario crecer en eso, pero en la sociedad esa presencia todavía no es mucha, sobretodo más organizada, de los laicos y laicas.

Uno de los grandes desafíos es la presencia de la Iglesia en medio de la juventud y de la juventud en la Iglesia. Usted fue nombrado por el Papa Francisco relator del Sínodo de la Juventud. ¿Cómo ese sínodo puede ayudar a avanzar en esa presencia?

Esperamos mucho de ese Sínodo sobre la Juventud para dar más valor, para hacer más efectiva la presencia de los jóvenes en la propia Iglesia. Hacemos, gracias a Dios, un esfuerzo de dar más prioridad a la presencia y participación de la juventud en la Iglesia, sin embargo todavía tenemos mucho por hacer.

Efectivamente, la opción por los jóvenes, que viene desde los tiempos de Puebla, aquí en América Latina, necesitaría crecer todavía más. Esperamos que el Sínodo sea una ocasión para que los jóvenes sean más oídos, y el Papa Francisco ha hecho eso, ha favorecido la escucha de la juventud en plural, o sea de las juventudes, no apenas de la juventud que está en un determinado movimiento, y sí las juventudes con los rostros diversos de los jóvenes del mundo y esperamos que también en la asamblea sinodal la voz de los jóvenes sea oída.

Por eso, todo el esfuerzo de la Secretaría del Sínodo, del relator, de los secretarios especiales, para acoger lo máximo posible el sentir, las aspiraciones, los desafíos de los jóvenes del mundo entero para hacer repercutir eso en el Sínodo. Esperamos que después el Sínodo pueda devolver, repercutir en la vida de la Iglesia, porque no se puede quedar en la asamblea sinodal, en el evento. Esperamos que allí sea un momento de una caminada mayor, de participación de los jóvenes en la vida de la Iglesia, para ser sujetos del presente de la Iglesia, no sólo de su futuro. Está claro que la presencia de los jóvenes ya existe en las comunidades, en las pastorales, pero deben hacer que el joven sea cada vez más sujeto en la Iglesia para así ser sujeto en la sociedad.

Junto con ese sínodo, el próximo año va a tener lugar el Sínodo de los Obispos de la Panamazonia. Brasil es el país con mayor territorio amazónico, ¿qué es lo que la Iglesia de Brasil espera de ese Sínodo de la Amazonia?

El Papa, y naturalmente el Sínodo, esperan mucho de la Iglesia de Brasil y la Iglesia de Brasil espera mucho también de ese Sínodo. Nosotros vamos a ofrecer nuestra contribución, pero esperamos también del Sínodo orientaciones pastorales, reflexiones, propuestas que vengan a animar más la vida y la misión de la Iglesia en la Amazonia. Y está claro que el Sínodo es una ocasión especial para ver los rostros de los pueblos de la Amazonia, para oír su voz, para oír la voz no sólo de la Iglesia que está en las ciudades de la Amazonia, sino oír la voz de los pueblos indígenas y defender siempre más su vida, sus derechos, su dignidad.

El objetivo del Sínodo es buscar caminos de evangelización para los pueblos de la Amazonia, especialmente de los pueblos indígenas. Uno de los temas que más está apareciendo es la celebración eucarística en las comunidades. En una entrevista reciente, Monseñor Erwin Kräutler decía que la cuestión no tiene que ver con el celibato opcional o la ordenación de hombres casados, sino con como tener una presencia eucarística en comunidades donde hoy sólo tiene lugar una o dos veces por año. ¿Cómo encontrar caminos para hacer realidad eso?

El Papa Francisco ha insistido, y antes que él de modo general hay muchos pronunciamientos, sobre la ministerialidad en la Iglesia, o sea, en dar valor a la Iglesia ministerial, a los diversos ministerios y las diversas vocaciones, pero está claro que por más que se dé valor a los diversos ministerios con la participación de los laicos y laicas, el ministerio ordenado tiene su gran importancia en la vida de las comunidades.

Estoy seguro que la propia asamblea sinodal va a pensar justamente en como hacer realidad una Iglesia cada vez más ministerial, como dar valor a los diversos ministerios en la propia vida de la Iglesia y cuales son las respuestas pastorales que dará a esa falta de ministros ordenados para las comunidades. Ahora, en este momento creo que no se puede anticipar aquello que será reflexionado, pero con seguridad, la problemática de la ausencia de presbíteros o de ministros ordenados en la vida de nuestras Iglesias de la Amazonia es un dato que debe ser considerado con seguramente por el próximo sínodo.

No tenemos todavía ni el documento preparatorio, ni el llamado instrumento de trabajo, está comenzando ahora el diálogo al respecto de ese sínodo, entonces tenemos que esperar todavía un poco más para poder hablar al respecto de esos temas. Por eso, no tenemos todavía en este momento datos concretos que permitan tener decisiones al respecto de como serán abordados esos temas, pero seguramente el tema de la necesidad de ministros ordenados, o de ministros en las comunidades es un tema actual, ya era un tema antiguo que está convirtiéndose cada día en algo más necesario.


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