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Iglesia Pueblo de Dios en Movimiento, un adelanto de la Iglesia de Francisco

12.01.18 | 21:02. Archivado en Iglesia en Brasil

Hablar hoy de Iglesia en salida es algo que a nadie le resulta extraño. No era así en 2010, cuando nació en la Zona Este de São Paulo la Iglesia Pueblo de Dios en Movimiento, en una tentativa de vivir la fe y evangelizar al pueblo de la periferia desde las propuestas del Vaticano II.

Desde el primer momento, querían ser una Iglesia que construyese el proyecto del Reino a partir de “la necesidad real, social y política de la región donde están presentes”. Este colectivo de laicos y laicas, religiosos y religiosas, sacerdotes, quería traer de vuelta lo que llenó la vida de mucha gente en la década de 1980, intentando ser una alternativa a una Iglesia que “se apartó de las pautas sociales” y teniendo como objetivo principal una formación popular de los agentes de pastoral a partir de “cuestiones concretas en la vida del día a día de las personas”.

Vinicius Batista y Eduardo Brasileiro forman parte de la Iglesia Pueblo de Dios en Movimiento (IPDM). En esta entrevista, concedida a Religión Digital en su visita a Cucui, una de las muchas periferias de este inmenso Brasil, nos ayudan a reflexionar sobre un modo de ser Iglesia, que muchos consideran necesario, pero que encuentra muchas resistencias para ponerse en marcha.

Es la Iglesia que nos propone el Papa Francisco, cuya llegada definen como “un alivio, porque él reafirma lo que durante algunos años ya estaba siendo hecho”. Frente a eso, afirman que “los padres hoy, la mayoría no asumió las propuestas del Concilio Vaticano II, mucho menos lo que el Papa Francisco viene diciéndonos, cuales son los caminos por los que la Iglesia tiene que caminar en común”.

La IPDM aboga por una Iglesia ecuménica, que “escucha a su propio pueblo, una Iglesia que oye, en vez de ser una Iglesia extremamente clerical, que decide y define todo y que no escucha efectivamente a aquellos que más cooperan para que esa dinámica pastoral pueda suceder”. En ese punto, ven como algo necesario dar un mayor protagonismo a las mujeres, pues son ellas “quienes llevan adelante a las comunidades, el pilar de la comunidad, de la Iglesia”.

Frente a un episcopado, cuyas notas sobre la situación socio política por la que Brasil pasa “fueron extremamente importantes en este periodo”, denuncian “el silenciamiento de la CNBB (Conferencia Nacional de los Obispos de Brasil) en las parroquias de São Paulo”, consecuencia de “un clero extremamente conservador, un clero que piensa que la política tiene que estar desasociada de la cuestión religiosa”.

Junto con esto, ven necesario para llevar a cabo la evangelización de la juventud, “la garantía de un espacio para que puedan hablar en sus comunidades. La Iglesia necesita acompañar a la juventud donde ella está, tiene que ser una motivadora de los colectivos urbanos de jóvenes”, fomentar todo aquello que haga posible “el protagonismo de la juventud”, que exista un “espacio para ellos, donde ellos vivan, donde tengan abundancia de garantía de derechos”.

¿Qué es la Iglesia Pueblo de Dios en Movimiento?

Vinicius Batista: La Iglesia Pueblo de Dios en Movimiento (IPDM) nace a partir del Concilio Vaticano II, como una reunión de quince parroquias de la Zona Este de São Paulo, en una intuición de algunos padres, laicos y religiosas de traer formación para las personas de las comunidades y también entender cual es la necesidad real, social y política de la región donde están presentes esas comunidades de las que formamos parte. Ella se compromete de hecho con una Iglesia en salida, con una Iglesia que se envuelve con la realidad de la gente.

Eduardo Brasileiro: Nace de una contradicción, que es el papado de Benedicto XVI. En nuestra región pasábamos por un invierno, como Vinicius dice, de más de veinte años, donde la Iglesia de la Zona Este intentó borrar una pastoral unida a la vida de la gente, comprometida, una pastoral que está en clave de salida, que libera, que en la década de ochenta ayudó a fundar la Pastoral de la Salud, de los Niños, de la Moradía, y que en esos veinte años fue desvinculada de la Iglesia. Uno encuentra mucha gente que fue de la Iglesia en los años ochenta, pero que hoy no lo es más, pues la Iglesia se apartó de las pautas sociales.

Ante esa realidad, tiene lugar un movimiento de retomada, pero surge en un momento muy duro, que es el pontificado de Benedicto XVI, un momento en el que la Iglesia vivía un enfriamiento total de su acción en América Latina, que se percibía que los movimientos y pastorales, en el que todos confluyen en un periodo de dificultades de horizontes.

Ahí nace con fuerza la IPDM, teniendo como llave la retomada de la formación de los agentes pastorales, quiénes son, dónde están, cómo están actuando y cuál es hoy en realidad la acción de la Iglesia, pues después de veinte años la Iglesia debería repensar como sería su acción junto con los movimientos y pastorales.

¿Podríamos decir que la Iglesia Pueblo de Dios en Movimiento piensa más en lo que sucede fuera que en lo que tiene lugar dentro de la propia Iglesia, dentro del templo, dentro de la sacristía?

Vinicius Batista: Creo que se compromete con lo que pasa dentro de la Iglesia, pues es una Iglesia que se preocupa con esa relación con lo que los laicos son. No es una Iglesia jerárquica, sino una Iglesia colegiada, y eso es lo que la IPDM intenta construir con los laicos, una Iglesia que de hecho se compromete para hacer que las cosas se construyan juntos, promoviendo de hecho una formación popular.

La IPDM nace justamente a partir de ese invierno, del que Eduardo habla, principalmente en el pontificado de Juan Pablo II, que destruyó todas las principales diócesis que teníamos en la región de São Paulo, donde había obispos que eran una referencia, obispos que se comprometían no sólo con la cuestión pastoral, sino también con la cuestión social y política, con la sanidad, la educación, que se enfrentaron fuertemente con la dictadura militar en Brasil, obispos que visitaban a los presos políticos de la región.

Es una Iglesia que es un resquicio de esa época de la dictadura militar que viene para traer una visión no sólo dentro de la pastoral, de la sacristía, como tú dices, sino también para traer otras pautas, que son las pautas sociales.

A partir de vuestras palabras, se deduce que lo que la Iglesia Pueblo de Dios en Movimiento intentó llevar a cabo con antelación fue aquello que después se concretó en el pontificado del Papa Francisco. ¿Qué es lo que tiene significado la llegada del Papa Francisco para la IPDM?

Eduardo Brasileiro: Un alivio, porque él reafirma lo que durante algunos años, ya que ella surge en 2010, ya estaba siendo hecho. Leonardo Boff fue a asesorarnos en 2013, en el momento en que Benedicto XVI había renunciado, y en ese momento previo al cónclave, él nos dijo que o la Iglesia cambia de rumbo o va a transformarse en una gran secta mariana.

Francisco impide ese movimiento de que la Iglesia se cerrase definitivamente con un tercer papado conservador. El papado de Francisco reabre la Iglesia del Vaticano II, pero la va reactualizando. Francisco para mí tiene dos llaves, la primera es la Evangelii Gaudium, que es una exhortación que da todo el ánimo de una nueva pastoral, y la segunda es cuando Francisco va a Bolivia y convoca a los movimientos sociales no para hablarles, sino para escucharles. Es un encuentro que tiene lugar desde el oír para después el Papa decir algunas palabras de ánimo y de impulso para la vida de los movimientos sociales.

La IPDM es eso, quiere contribuir para un mundo que está en crisis, un mundo con crisis de representatividad, con crisis en sus instituciones. Tenemos al máximo líder de la Iglesia, que es el Papa Francisco, que también intenta llevar a cabo un movimiento en la Iglesia similar al de una placa tectónica, salir del lugar en el que estaba y desplazarse un poco, poner en movimiento una estructura fría y rígida.

Ahí aparece una cuestión muy seria, pues en cuanto Francisco hace eso, la base de la Iglesia va a necesitar muchos movimientos pastorales, colectivos, que calienten ese discurso de Francisco en las bases. La IPDM cumple un papel en una periferia de Brasil, pero hay muchas otras que tienen que llevar a cabo ese movimiento de calentar las bases nuevamente, porque después de tanto tiempo tenemos un clero extremamente fascista, una iglesia extremamente cerrada y una sociedad que no da credibilidad a la Iglesia. Un movimiento que es muy bueno, como es el de Francisco, nos convoca a entrar en ese mismo movimiento.

Vosotros decís que el Papa Francisco es alguien que escucha más que habla. ¿Qué es lo que falta hoy en la Iglesia católica para escuchar de verdad, para poder llegar a hacerse presente en medio de la gente, para ser una Iglesia samaritana, una Iglesia pobre y para los pobres en la que el Papa Francisco tanto insiste?

Vinicius Batista: Pienso que deberíamos fijarnos en el Sínodo de las Familias, pues no existe más la posibilidad de que la Iglesia no escuche a su pueblo. Cuando uno llega a las comunidades se percibe la urgencia de ser discutidas varias cuestiones de la Iglesia, una de ellas la cuestión de las mujeres dentro de la Iglesia. Siempre hemos dicho como Iglesia Pueblo de Dios en Movimiento, por qué no existen mujeres presbíteras en Brasil, tal vez en el mundo.

Son las mujeres quienes llevan adelante a las comunidades, el pilar de la comunidad, de la Iglesia, que abre, cierra, hace las cosas, que animan a las personas para que exista iglesia en movimiento en aquel espacio. No existe una iglesia que no escuche a su propio pueblo, una Iglesia que oye, en vez de ser una Iglesia extremamente clerical, que decide y define todo y que no escucha efectivamente a aquellos que más cooperan para que esa dinámica pastoral pueda suceder. Creo que el Sínodo de la Familia es un camino, estando aquí en la Amazonia uno piensa que el Sínodo de los Padres Casados es un camino, y es efectivamente escuchar a las comunidades, ese es el camino, escuchar a esas personas que de hecho se comprometen con una Iglesia en salida.

Eduardo Brasileiro: Viniendo a Cucui, hablamos una cosa entre nosotros, que es que la Iglesia necesita escuchar y muchas veces ella está queriendo escuchar, pero ella necesita ser pueblo, identificar que no puede estar más en la línea de frente, que servir es dar protagonismo a la gente que está a su alrededor. Muchas veces todavía vemos una Iglesia que tutela.

En Cucui, percibimos que la Iglesia puede ser eso que vimos aquí, una Iglesia que es pueblo y donde el pueblo es protagonista. Si se percibe eso en otros lugares, vamos a empezar a cambiar la estructura. En los grandes centros urbanos la Iglesia se organiza para reaccionar contra algo que la sociedad está diciendo, parece que sólo es contra algo.

No se percibe que la Iglesia esté al lado de algún grupo, en un grupo. Cuando ves un padre que vive con la gente de la calle llevando a cabo una resistencia, como sucede en São Paulo, un grupo de padres, hermanos y hermanas que están con la periferia indígena trabajando, eso es ser Iglesia, estar mezclándose con la gente. En cuanto eso, se percibe una tutela en muchos otros lugares.

Acabáis de hablar de vuestra visita a la Amazonia. En el que poco tiempo que habéis estado, ¿qué es lo que percibís de similar entre la periferia de São Paulo y esta periferia de Brasil?

Vinicius Batista: Existen unos problemas sociales que recorren todo Brasil, uno de los que hemos percibido mucho en Cucui es la cuestión de la sanidad, que es muy precaria, pues tienes que viajar prácticamente diez horas para llegar al hospital más próximo. Es algo que hemos visto aquí, vimos como había gente que estaba esperando dos días para que llegase un rescate. Cómo llegan las políticas públicas a las periferias, cómo llegan a nuestro Brasil, que es algo que percibimos como algo semejante a lo que vivimos allá.

Intentamos fomentar en la Zona Este un pueblo organizado para luchar por la cuestión de las políticas públicas, y creo que la Iglesia también debe comprometerse con esas políticas. Cómo conseguimos fomentar que otras personas puedan colaborar, luchar por aquello que es esencial en su vida. Es algo que tiene un semejanza muy fuerte con las periferias de São Paulo. Algo que está bien latente, pero existen también otras cuestiones.

Eduardo Brasileiro: El dios capitalista nos devastó, nos devastó tanto que tenemos dificultad de encontrar nuestra identidad. Uno percibe que la lucha en la periferia de São Paulo es para que el pueblo reconozca su identidad, la lucha aquí en Cucui es para que el pueblo reconozca su identidad. El dios del capitalismo nos empobreció. Si llegas a la Zona Este vas a descubrir a gente luchando para sobrevivir, para llevar un plato de comida a la mesa, lo mismo va a suceder aquí en la periferia de la Amazonia. El dios del capital es tan poderoso que entró en nuestras iglesias, y fue capaz hasta de crear un dios que haga que el pueblo ostente y busque su propia riqueza, que es lo que conocemos como pentecostalismo.

Es tan serio eso que uno percibe que la mayor lucha de Brasil hoy es la lucha para reconocernos todos como ciudadanos, pues nos distanciamos y el pueblo de allá no reconoce al pueblo de aquí como ciudadano brasileño y el pueblo de aquí se siente invisibilizado por el pueblo de allá.

Habláis de políticas públicas, de la necesidad de que la Iglesia se implique. En los últimos tiempos se percibe que la presidencia del episcopado, e inclusive algunos obispos, están teniendo una postura cada vez más profética contra las políticas del gobierno brasileño. ¿Esas actitudes están llegando también al clero, a los laicos, es algo que se percibe en la vida de las parroquias?

Eduardo Brasileiro: El problema es el silenciamiento de la CNBB (Conferencia Nacional de los Obispos de Brasil) en las parroquias de São Paulo, que es de donde podemos hablar con más propiedad. No llega a nosotros la nota oficial de la CNBB, no llega el posicionamiento de Don Sergio, Don Leonardo, Don Murilo, que fueron extremamente importantes en este periodo.

Pero parece que es un silenciamiento connivente, ante lo que estamos preocupados. Parece que la CNBB dejó de ser importante para muchas iglesias de Brasil, muchas parroquias, pues no se habla sobre la CNBB, no se expone su posicionamiento como orgánico y queda en manos de los padres la orientación sobre el difícil momento que estamos viviendo.

Vinicius Batista: Creo que, de hecho, los padres hoy, a partir de nuestra realidad, la mayoría no asumió las propuestas del Concilio Vaticano II, mucho menos lo que el Papa Francisco viene diciéndonos, cuales son los caminos por los que la Iglesia tiene que caminar en común. En nuestra región, en nuestra diócesis tenemos un clero extremamente conservador, un clero que piensa que la política tiene que estar desasociada de la cuestión religiosa, lo que muestra un clero que apenas lleva a cabo los ritos por los ritos, sólo preocupados con la catequesis o como va a atraer más público para su comunidad, y la cuestión política es totalmente desasociada, no está interesado en como el pueblo vive de hecho. Pienso que la CNBB no representa mucha cosa para las comunidades, para las parroquias hoy en Brasil.

Vosotros decís que la Iglesia Pueblo de Dios en Movimiento intenta vivir desde la colegialidad y dar importancia a todo mundo, a los laicos y las laicas. Este año se está celebrando en Brasil el Año del Laicado, ¿cómo eso puede ayudar para avanzar en esa dinámica de la colegialidad en las parroquias, en las comunidades, en la vida del día a día de la Iglesia?

Eduardo Brasileiro: La IPDM ha participado en 2017 de un grupo de laicos de todo el mundo que va a organizar el Foro Global del Pueblo de Dios y Aparecida, que tendrá lugar en noviembre en Aparecida y va a reunir líderes de todo Brasil para hablar sobre los desafíos del laicado. Eso es a nivel macro, en la cuestión de la articulación de la IPDM, como está pensando articularse para pensar la cuestión del laico en Brasil, por lo que va a ser un momento importante ese foro que va a tener lugar.

Otro paso es como llevar a cabo las formaciones, para lo que hemos lanzado una cartilla de formación en nuestro último encuentro para ser trabajada en las comunidades. Es una cartilla que tiene como perspectiva trabajar lo concreto, tres cuestiones concretas en la vida del día a día de las personas, trabajo, educación y movilidad urbana, en el que la gente se reúne después de la misa en un momento rápido para leer el texto y discutir en conjunto.

El texto tiene como perspectiva encontrar líneas de acción. La cartilla parte del ver, las personas leen el texto para ver la realidad que tienen en torno y compararla. Después van a hacer el juzgar, a la luz de la Palabra de Dios, como comunidad, cómo pueden actuar, cómo va a incidir eso en su comunidad. La cartilla tiene como perspectiva retomar un trabajo de base en las comunidades. La idea fue esparramar ese trabajo en nuestras regiones y ampliarlo. El resultado todavía no lo sabemos, pues es una retomada de la Iglesia de base de los años sesenta y setenta, pero estamos con confianza en que puede traer protagonismo a los laicos, lo que es algo fundamental.

La IPDM trabaja la evangelización del mundo urbano, el 14º Intereclesial de las Comunidades Eclesiales de Base que tendrá lugar ahora en este mes de enero tiene como temática la evangelización del mundo urbano. ¿Esa es una necesidad para la Iglesia de Brasil, cuál es la conversión pastoral que debe darse para evangelizar un mundo urbano donde el individualismo está cada vez más presente, donde es cada vez más difícil llegar a la gente, cuáles son los pasos que la Iglesia debe dar en ese sentido?

Vinicius Batista: Vemos una Iglesia comprometida extremamente con el rito. Se percibe en las comunidades como tienen lugar, por ejemplo, los novenarios, que es algo propio del ámbito rural, no es de hecho una cuestión urbana. En nuestra Parroquia del Carmen, desde hace un tiempo hacemos siete días, pues no es posible nueve, ya que en el medio urbano disputamos con el Shopping Center, la televisión, el cine y tantas otras cosas que van apartando a la gente de esa religiosidad popular que a veces es mucho más fuerte en el ámbito rural que en el urbano.

Es un desafío enorme para la Iglesia el intentar avanzar en cuestiones más serias, lo que de hecho puede traer para aquellas personas que están en el medio urbano. No se trata simplemente de hacer la novena del santo y quedarse simplemente en eso. El pueblo urbano ya no quiere eso, ellos quieren discusiones, comprometerse también con otras cosas. Es un desafío enorme para la Iglesia del mundo urbano traer otras cuestiones que no son apenas esas de los santos, las novenas y todo lo demás.

Dentro de ese mundo urbano, tú que siempre has trabajado en la Pastoral de la Juventud, ¿qué es lo que falta hoy en la Iglesia para poder hacerse más presentes en la vida de los jóvenes? Todavía más en este año que va a celebrarse en Roma el Sínodo de la Juventud.

Eduardo Brasileiro: Lo principal del desafío de la evangelización de la juventud es la garantía de un espacio para que puedan hablar en sus comunidades. Estamos viviendo en una sociedad en la que no hablamos de los problemas reales de la juventud. Se entiende a la juventud como algo perdido, se entiende la juventud como alguien que tiene que buscar a Dios y dejar esto y aquello de sus comunidades.

No se entiende la juventud como un espacio de conocimiento del mundo y protagonismo social. La Iglesia necesita acompañar a la juventud donde ella está, como está desenvolviéndose la cultura, los saraos, cómo se reúnen las comunidades, cómo se organizan los jóvenes en sus barrios. La Iglesia tiene que ser una motivadora de los colectivos urbanos de jóvenes, la Iglesia puede contribuir mucho para la reorganización de la juventud en los barrios.

Murieron los gremios estudiantiles, los movimientos de jóvenes que hacen grandes acciones, pero todavía tenemos grupos de resistencia, tenemos saraos, grupos de teatro, que no están asociados directamente a la Iglesia, pero que podrían usar el espacio de la iglesia para construirse y viendo que ese grupo está construyendo ya sería suficiente para que la Iglesia percibiese que estamos garantizando en cuanto Iglesia el protagonismo de la juventud.

La Iglesia, en uno de sus documentos, dice garantizar al joven su protagonismo y no percibe que eso no es hacer un grupo de jóvenes, es garantizar que en su comunidad, ecumenicamente, exista un espacio para esos jóvenes, porque los datos de violencia y exterminio de jóvenes es algo gigantesco, de encarcelamiento ni se habla. Entonces, necesitamos apuntar para la necesidad de garantizar espacio para ellos, donde ellos vivan, donde tengan abundancia de garantía de derechos.

Eso es suficiente para percibir que, a la luz del Sínodo, vamos a despertar para las juventudes y decir que la Iglesia está aquí para servirlos, nuestro espacio es suyo. Si no hay una oración, si no hay una evangelización, si no os identificáis como grupo de jóvenes no es un problema, estad aquí. Automáticamente se creará un vínculo y puede ser que culmine en un grupo que ecumenicamente actúa en su comunidad y sea un nuevo perfil, una nueva realidad de grupo de jóvenes, macroecuménica, que ultrapase la barrera de la confesionalidad de fe católica.

Esa dimensión ecuménica es un aspecto que cada vez es más cuidado por el Papa Francisco. Acabamos de celebrar los 500 años de la Reforma Luterana, el diálogo con los ortodoxos cada vez es mayor. ¿Falta esa vivencia o ese anhelo ecuménico en la vida de base de la Iglesia? En una ciudad como São Paulo, donde existen tantas iglesias, todas mezcladas, ¿es posible hacer ese trabajo, cómo es visto eso desde la Iglesia Pueblo de Dios en Movimiento?

Eduardo Brasileiro: Permanece el miedo de perder fieles, de perder un espacio que sea sólo suyo, de tutela de la gente. Si practicas el ecumenismo en tu identidad, vas a sentirte siempre trabajando en común, en comunidad, reuniéndose con personas con quien no tiene como finalidad que participe de una misa, sino que estés allí compartiendo una historia, una vida.

Los documentos de la Iglesia son riquísimos en la cuestión del ecumenismo. El Papa Francisco avanzó y derribó millares de fronteras, y en cuanto aplaudimos al Papa abrazando al líder máximo de los luteranos o de los anglicanos, no podemos quedarnos sólo en aplaudir aquel abrazo, sino practicar en nuestra esencia el ecumenismo de ir a una celebración de una religión de matriz africana o invitarles a ir a la comunidad a participar de una celebración. Hacer diálogos en que vivimos la ritualidad del otro, pues el ecumenismo es vivir el ritual del otro, sino no estoy haciendo ecumenismo, sólo abrazando o hablando para respetarle en la calle. En la IPDM ya hubó movimientos ecuménicos de ir al encuentro del otro en ese campo.

Vinicius Batista: La juventud también ha avanzado en ese aspecto, surgió la Red Ecuménica de la Juventud, conocida nacionalmente, de traer la cuestión de qué es lo que nos une de hecho, qué es lo que podemos discutir, cómo podemos vivir la relación con el otro. Creo que hemos avanzado bastante en la IPDM en ese diálogo interreligioso.


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