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Felicio Pontes: “el Sínodo puede ayudar a que la sociedad dominante tenga una visión real de los pueblos de la floresta”

10.12.17 | 17:15. Archivado en Acerca del autor

Los pueblos de la floresta amazónica siempre han sido víctimas de estereotipos nacidos de la mente de gente que nunca ha tenido el mínimo contacto con ellos. Son personas que se han empeñado en ridiculizarlos y hacer todo lo posible para promover una visión distorsionada, que dificulte el verdadero conocimiento de su vida y cultura.

Defender a esos pueblos ha sido desde hace años uno de los propósitos de Felicio Pontes, Procurador Regional de la República en Brasil. Nacido en Belém, una de las grandes ciudades de la Amazonia brasileña, asumió esta causa a partir de su propia historia, pues su familia fue afectada por uno de los mega-proyectos que, promovidos por los diferentes gobiernos brasileños, han hecho de esta región una tierra donde la ley del más fuerte se ha impuesto a las necesidades de los moradores locales.

El representante del Ministerio Fiscal acaba de publicar un libro que lleva por título “Povos da Floresta”, con el que pretende mostrar como los pueblos de la floresta fueron invisibles tradicionalmente para los dueños del poder político y económico. Por eso, a través de pequeños escritos que denuncian los abusos cometidos contra estas gentes, quiere defender a quienes siempre se les quiso callar y borrar del mapa.

No podemos olvidar, como señala en el prólogo del libro Monseñor Erwin Kräutler, obispo emérito de la Prelatura del Xingú, y uno de los grandes profetas de la Amazonia en los últimos cincuenta años, que “las agresiones a los pueblos indígenas no son esporádicas, sino sistemáticas, pues son consecuencia de una desastrosa política indigenista, de omisión y negligencia de los sucesivos gobiernos. Son fruto de la intolerancia y de los prejuicios perpetrados en todos los rincones de nuestro Brasil”.

En esta entrevista, Felicio Pontes habla no sólo sobre el libro, sino también sobre los pueblos de la floresta en general, de quienes “la sociedad brasileña todavía necesita aprender muchas cosas”, especialmente en todo lo que se refiere al “Bien Vivir, esa capacidad de relacionarse con la naturaleza de una manera no predatoria”. Por eso, resalta los peligros que surgen como consecuencia del sistema predatorio que se ha impuesto en la Amazonia.

Ante esa realidad, destaca “la gran colaboración entre el Ministerio Fiscal y la Iglesia católica” y el Sínodo de la Pan-amazonia, del que espera que “pueda ayudar a que la sociedad dominante, no sólo de la Amazonia, también de otros países, tengan una visión real, con otros ojos, de la realidad de los pueblos de la floresta”, y junto con eso ayude a descubrir que “el verdadero desarrollo en esa región, parte de una serie de actividades que no son agresoras del medio ambiente, y esas actividades son llevadas a cabo desde hace milenios por los pueblos indígenas, población descendiente de esclavos, población ribereña”.

Junto con esto, resalta la importancia de la Red Eclesial Panamazónica, de la que subraya que “ha sido una de las mejores iniciativas de los últimos tiempos para la Iglesia de la Amazonia”, ayudando a que la gente “pueda sentir que su lucha es la misma”, fortaleciendo una forma diferente de pensamiento, contribuyendo a “dar visibilidad a los pueblos de la floresta”, a superar una visión que secularmente ha perpetuado la idea de “un pueblo colonizado, explotado e invisibilizado”.

Nunca olvidemos aquello que Felicio Pontes nos recuerda en su libro: “No se lucha a favor de aquellos a quienes no se conoce”.

Usted es uno de los grandes defensores de los pueblos de la Amazonia desde su trabajo en el Ministerio Fiscal. ¿Cuál es su motivación para llevar a cabo esta labor?

La motivación nace de mi propia historia. Vengo de una familia del interior de la Amazonia, que fue afectada, como toda la comunidad de allí, por el mega-proyecto de la Hydro-Alunorte, en el municipio de Barcarena, que era vecino a mi municipio.

Desde ese momento fui muy séptico. En las primeras páginas del libro (“Povos da Amazônia”) ya se dice eso, se muestra eso, como aquello que impactó mi vida, y acabé siendo muy crítico con respecto a toda propaganda gubernamental en relación a los grandes proyectos de desarrollo de la Amazonia, entre comillas.

En ese libro, “Povos da Amazônia”, se recogen sus trabajos a lo largo de cuatro años en la revista “Familia Cristã”. ¿Qué es lo que aparece en ese libro? ¿Cuál es su propósito?

Ser invitado para escribir en la Revista "Família Cristã" fue una grata satisfacción, y mi intención fue siempre la tentativa de sacar de la invisibilidad forzada a los pueblos de la floresta. Pienso que muchos de los prejuicios que existen hoy en Brasil sobre esa población es falta de formación, de saber de la existencia de esas personas, quienes son, como es su cultura, cuales son sus esperanzas, y eso fue lo que me motivó a continuar escribiendo.

Otra cosa a tener en cuenta es el hecho de tener informaciones sobre esas comunidades, que no debo guardar sólo para mí, al menos, como digo en el libro, por una cuestión de respeto con esa población.

Pienso que a partir del momento en que se tiene conocimiento, se puede hacer ese cambio, que es un cambio muy difícil, tal vez el más difícil de hacer, pues es un cambio de conciencia. Él sólo nace a partir del conocimiento y no se defiende aquello que no se conoce.

Mi tentativa fue mostrar al Centro-Sur de Brasil, a aquellos que no conocer la Amazonia, un poco de la verdadera Amazonia, sin lo fantasioso, sin la distancia, sino intentando responder a una Amazonia real, intentar mostrar una Amazonia real.

Usted habla de un cambio que nace del conocimiento. ¿La sociedad brasileña reconoce a los pueblos indígenas?

Pienso que los reconoce, pero todavía tiene una visión idílica de los pueblos indígenas. Es una visión de los pueblos indígenas que viven hoy en Brasil como si fuesen a vivir igual que cuando los portugueses llegaron en 1500. Pienso que eso necesita ser superado, no existe ninguna cultura que no esté en mutación. Lo mismo sucede en relación a los pueblos indígenas.

Ellos no dejan de ser indios a partir del momento en que, por ejemplo, tienen teléfonos móviles o están grabando vídeos contra algún mega-proyecto que esté circulando en Internet. Eso no les quita de ninguna manera su identidad como indígena. No insistir en eso hace que la población brasileña de un modo general, de la sociedad dominante, sólo quiera admitir como indígenas a aquellos que están vestidos de la misma forma que fueron encontrados por Cabral. Eso necesita ser cambiado, se necesita saber que no hay cultura que no sea dinámica, ninguna cultura es estática y ahí se incluye también a la cultura indígena.

¿Qué es lo que ha descubierto conociendo a los pueblos de la Amazonia? ¿Qué es lo que la sociedad occidental puede aprender de los pueblos originarios de la Amazonia?

La sociedad dominante tiene mucho que aprender de los pueblos indígenas. Es necesario decir en primer lugar que la propia Constitución Federal dice que Brasil sólo es lo que es como consecuencia de esa formación de diferentes pueblos, como los descendientes de esclavos, los indígenas, las comunidades tradicionales y la propia sociedad dominante. Ella es una mezcla de todo, y eso es lo que hace que Brasil sea Brasil.

Por tanto, pienso que la sociedad brasileña todavía necesita aprender muchas cosas, mucho ya fue admitido en términos de culinaria, de bailes, de música. Lo que hace que Brasil sea Brasil parte de esas constataciones, pero pienso que muchas cosas todavía se pueden mejorar.

Por ejemplo, en relación a los fármacos, a los cosméticos, que son industrias que no pararon de crecer, ni siquiera con la crisis en la sociedad dominante. Todavía tienen que ser aprendidas muchas cosas de la medicina usada por los pueblos indígenas, no sólo los indígenas sino también los descendientes de esclavos y las comunidades ribereñas.

Creo que por encima de todo eso, el Bien Vivir, esa capacidad de relacionarse con la naturaleza de una manera no predatoria, todavía no fue asimilado por la sociedad dominante brasileña.

En su opinión, en el actual Brasil, ¿los pueblos indígenas son perseguidos? ¿Quiénes son los grandes perseguidores? ¿Qué intereses buscan esos perseguidores?

Los pueblos indígenas hoy son perseguidos de una forma diferente. Hay un intento de explotación de los recursos naturales dentro de un sistema que algunos llaman modelo predatorio de desarrollo. Las principales actividades de ese modelo son madera, cría de ganado, energía, sobre todo hidroeléctricas, el monocultivo y las empresas mineras. Esas actividades son extremamente nocivas para la Amazonia como un todo, incluyendo a los pueblos que en ella viven.

Hoy, si se puede hablar en persecución ella nace de esas actividades económicas del modelo predatorio, que intenta que haya una retirada de esos pueblos tradicionales de sus territorios para que esas actividades puedan ser llevadas a cabo

Esas actividades no trajeron una mejor calidad de vida para la población amazónica en su conjunto, muy al contrario. Hoy se ve que donde esos proyectos fueron instalados hubo un boom en un primer momento del Indice de Desarrollo Humano y poco después, como son proyectos predatorios, de extracción de recursos naturales, cuando esos recursos se acaban, vuelve aquella población a una condición de vida peor de lo que tenía antes de que esos proyectos llegasen.

Por todo eso, puedo decir que las actividades que se contraponen a lo que llamo modelo socio-ambiental, que son esas actividades incluidas en lo que yo llamo modelo predatorio de desarrollo, esos son hoy los grandes perseguidores de los pueblos tradicionales de la Amazonia.

¿Cómo valora el trabajo que la Iglesia católica está desarrollando en los pueblos de la Amazonia,
especialmente con los pueblos indígenas?

Con el trabajo de la Iglesia católica estoy muy contento, al ver que siempre fue un trabajo, por lo menos donde yo me encontraba, para garantizar los derechos. Se veía cualquier violación de los derechos de esas comunidades indígenas como algo que debía ser reparado, y como el Ministerio Fiscal no conseguía, y no consigue llegar a todos los rincones del país, en aquello que la Iglesia católica conseguía ver, ella nos lo decía, ella nos representaba, ella exigía la actuación del Ministerio Fiscal para que los derechos de esas poblaciones fuesen respetados.

Esa actividad muestra que existe una gran colaboración entre el Ministerio Fiscal y la Iglesia católica. Es algo que es consecuencia de ese mirar de la Iglesia, de querer garantizar los derechos y utilizar al Ministerio Fiscal como garantizador de los derechos de las poblaciones indígenas.

El Papa Francisco, al convocar el Sínodo de los obispos para la Pan-amazonia, pone como objetivo principal la búsqueda de nuevos caminos para la evangelización de los pueblos indígenas. Desde su conocimiento sobre esos pueblos y como católico, ¿qué caminos deben ser recorridos?

En relación al Sínodo, pienso que hay dos grandes ejes que deben ser abordados. El primero es la visibilidad, el Sínodo puede ayudar a que la sociedad dominante, no sólo de la Amazonia, también de otros países, tengan una visión real, con otros ojos, de la realidad de los pueblos de la floresta.

En segundo lugar, que pueda avanzarse en el sentido de entender que el verdadero desarrollo en esa región, parte de una serie de actividades que no son agresoras del medio ambiente, y esas actividades son llevadas a cabo desde hace milenios por los pueblos indígenas, población descendiente de esclavos, población ribereña, por ejemplo, de la Amazonia.

Entonces, creo que hay posibilidad de avanzar para que se pueda pensar en un verdadero desarrollo de la Amzonia, no de una Amazonia vista como un obstáculo, como despensa para retirar recursos naturales, sino de una verdadera integración hombre-naturaleza, que yo espero que el Sínodo pueda realzar y que ese documento pueda mostrar esa opinión, desvelar esas actividades que son actividades no predatorias y que por tanto resumen el verdadero desarrollo de la Amazonia.

Desde 2014, la Red Eclesial Panamazónica (REPAM), está promoviendo un trabajo en comunión dentro de la Pan-amazonia que haga posible un mayor conocimiento de la realidad. ¿Hasta qué punto está ayudando a hacer más conocida esa realidad?

La Red Eclesial Panamazónica ha sido una de las mejores iniciativas de los últimos tiempos para la Iglesia de la Amazonia. No teníamos una comunicación este-oeste, sólo aquellas estructuras que, siendo importantes, trabajan de forma vertical. Pienso que aquí podemos tener una verdadera integración de la Amazonia, porque ella supera las fronteras, es una institución Panamazónica y hace posible que la población tradicional de Ecuador, de Perú, pueda sentir que su lucha es la misma que la de la población de la Amazonia oriental.

Sólo eso ya sería suficiente para que hubiese un fortalecimiento de esa red, para que hubiese verdaderamente una red Panamazónica, una red que integrase esa población que piensa de una manera diferente de la sociedad dominante y pudiese ser fortalecida. Sólo eso ya sería más que suficiente.

Pero pienso que la REPAM está yendo más allá de todo eso, está promoviendo una verdadera revolución en el sentido de dar visibilidad a los pueblos de la floresta y saber cual es su pensamiento para alcanzar su propio desarrollo, para aquello que en el campo del Derecho llamamos doctrina de la autodeterminación.

La REPAM está sacando a la luz esta doctrina para que lo que sea tenido en cuenta en relación con la Panamazonia sea aquello que nace del pensamiento de los amazónidas, y eso supone una revolución en relación a lo que fue hecho hasta ahora, que hemos tenido un pueblo colonizado, explotado e invisibilizado. La gran contribución de la REPAM es luchar contra esas tres actividades, esos tres proyectos que fueron incorporados hasta hoy a la Amazonia. Pienso que a partir de eso habrá, al menos, un respeto mucho mayor para con los pueblos de la floresta.


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