Luis Miguel Modino: misionero en Brasil

Presidencia Eucarística: Soluciones locales para situaciones especiales

14.03.17 | 04:09. Archivado en Misión

Muchas veces me pregunto cómo hacer presente la Buena Noticia en cada lugar y en cada momento histórico. La vivencia del cristianismo ha ido cambiando a lo largo de la historia, adaptándose a circunstancias espaciales y temporales, en un proceso que no siempre ha resultado fácil y que inclusive en algunas ocasiones ha provocado rupturas y divisiones, conflictos que no siempre se han resuelto de la mejor manera.

Algunos, desde una visión monolítica, pretende establecer criterios universales, desde lecturas que no tienen en cuenta las diferentes situaciones en las que hoy se intenta vivir el mensaje de Jesús de Nazaret, inclusive dentro de la propia Iglesia Católica. Son los autodeclarados defensores de la auténtica fe, católicos verdaderos, que condenan y declaran herejes a todos los que no piensan como ellos, aunque éste sea el Obispo de Roma.

Durante nueve días he visitado las comunidades del Río Xié, el primer afluente del Río Negro en territorio brasileño, donde se diseminan pequeñas comunidades indígenas. Es un lugar de difícil acceso, para llegar a la última comunidad es necesario viajar en una canoa durante dos días. El último sacerdote que pasó por allí lo hizo el pasado mes de mayo, lo que significa que en casi un año no han podido celebrar ningún sacramento.

El mes pasado, el obispo emérito de la diócesis de Jales, Brasil, Monseñor Demetrio Valentini, mostraba públicamente su postura sobre la presidencia de la celebración eucarística y defendía que este ministerio no esté reservado únicamente a ministros ordenados, lo hacía en la homilía de una misa celebrada en el Santuario Nacional de Aparecida con motivo del aniversario de la Asociación Nacional de los Presbíteros, y sus palabras han suscitado reacciones de todo tipo. Del mismo modo, en una entrevista reciente, el Papa Francisco habla sobre los viri probati y dice abiertamente estar reflexionando sobre el tema.

Hacer teología pastoral, o simplemente estabecer criterios pastorales, desde un despacho no siempre responde a la realidad concreta y se dejan escapar circunstacias especiales que, desde mi punto de vista, deben ser contempladas, respondiendo a situaciones locales. No pretendo entrar en cuestiones teológicas y sí en situaciones pastorales que necesitan respuestas urgentes que dependen de circunstacias espacio-temporales.

Hay regiones en las que la vida de la Iglesia Católica se circunscribe a situaciones singulares y creo que muchos lugares de la Amazonia pueden ser considerados entre ellas. Creo que en este tema de la presidencia eucarística no se pueden establecer criterios universales. La primera parroquia donde desarrollé mi ministerio presbiteral fue en el centro de Madrid, después en una parroquia de la periferia de la capital española, para posteriormente pasar a trabajar en Brasil como misionero, más de nueve años en la región Nordeste y ya durante más de un año en la Amazonia.

En la primera parroquia llegamos a ser siete sacerdotes, con un amplio número de misas, esquema que se repetía en la mayoría de las parroquias, colegios, hospitales, capillas de la zona, hasta el punto de que, andando menos de quince o veinte minutos, uno tenía la posibilidad de participar de cerca de cien misas dominicales. En la Amazonia brasileña, las grandes distancias y el alto costo de los desplazamientos, hace que muchas comunidades reciban la visita del sacerdote una o dos veces por año.

En una visita al Papa Francisco en abril de 2014, Monseñor Erwin Kräutler, en aquel momento obispo titular de la Prelatura del Xingú, que con más de tres cientos mil kilómetros cuadrados es la mayor cinrcunscripción eclesiástica de Brasil, le planteaba este problema al Obispo de Roma, a lo que éste respondía que debían ser planteadas propuestas valientes para resolver esta cuestión. En diferentes reuniones entre obispos de la Amazonia está siendo abordada esta problemática y se están dando pasos en esta dirección.

La propia Iglesia católica dice que la Eucaristía es fuente y cúlmen de la vida cristiana y que uno de los mandamientos es oír misa entera todos los domingos y fiestas de precepto. ¿Cómo explicar esto a quienes, aunque quieran, no tienen esa posibilidad? ¿Qué pasos deben ser dados para responder a los desafíos que la vivencia del cristianismo, dentro de comunidades católicas, está planteándonos en pleno siglo XXI, en cada vez más lugares?

En ese viaje, yendo de una a otra comunidad, iba leyendo el último libro del teólogo brasileño Celso Pinto Carias, quien junto con su esposa, Aurelina de Jesus Cruz Carias, ha escrito una obra que lleva por título, “Otra Teología es posible, otra Iglesia también”. En sus páginas hace referencia al Cardenal brasileño Aloísio Lorscheider, quien junto con Paulo Evaristo Arns, Helder Cámara, Pedro Casaldáliga, José Maria Pires y muchos otros obispos, influyeron decisivamente en la vida pastoral de la Iglesia brasileña en la segunda mitad del siglo pasado, con actitudes muchas veces proféticas.

El Cardenal Lorscheider define el Concilio Vaticano II a partir de dos palabras, aggiornamento y diálogo. Tanto una como otra dimensión no han sido fáciles de concretar, pues la resistencia por parte de algunos sectores eclesiales ha sido, y continúa siendo, fuerte. Hoy, más que nunca, es necesario asumir la dinámica nacida del Vaticano II y así responder a esas situaciones, a veces puntuales y específicas, por las que la Iglesia Católica pasa.

Diferentes miedos nos impiden entrar en un sano clima de diálogo, que lleve a cabo una actualización y renovación de la Iglesia. Las opiniones diferentes no son aceptadas y las tentativas de responder a situaciones locales son desechadas en aras de una ortodoxia y homogeneidad que no siempre responde a criterios evangélicos.

Es necesario dar respuestas a comunidades donde la vivencia del cristianismo, por parte de personas que son y se sienten católicas, se ve perjudicado por la falta de ministros ordenados. Son comunidades donde todos son bautizados, casados en la Iglesia, donde la práctica totalidad participa de la Eucaristía las pocas veces que tienen posibilidad de hacerlo, donde una buena parte se confiesa en esos momentos de presencia presbiteral.

No podemos continuar siendo dominados por un sentimiento de miedo que nos impide mirar hacia el futuro con esperanza. Nunca olvidemos que “una Iglesia con la participación de todos desarrollará también una intensa vivencia misionera”, como bien nos recuerda Celso Carias. Visiones monolíticas nos empobrecen, por eso vamos a pensar en soluciones locales para situaciones especiales.


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Comentarios
  • Comentario por Eduardo Gadea Pérez 14.03.17 | 14:27

    Ya está hecho.

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